viernes, 2 de junio de 2017

SOY UN ESCRITOR (EN GRADO DE TENTATIVA)


A la hora de seleccionar un tema para el blog siempre surgen, concatenadas, una serie de dudas que permiten, no obstante, aportar previamente al texto una serie de elementos que en ocasiones aderezan la entrada con alguna frase de impacto.

En el presente caso, juzguen ustedes, el título me parece que entra de lleno en esa categoría.

Cuando comencé a barruntar el presente tema me dio por pensar que había que aportarle un  toque normativo, quizás judicial, y dentro de ese ámbito, tocando de lleno la jurisdicción penal, porque algunos de los personajes que describo a continuación, madre mía de mi “arma”, son pa meterlos en la cárcel.

Empezando por mí mismo.

O no.

Verán. Me refiero a la legión de aristas que da este país.

Escritores transgresores,  cantantes de duende,  escultores de tronío,  diseñadores de aúpa,  poetas de pellizco,  filósofos de hondura,  youtubers de éxito,  influencers a secas, que ya es mucho,  monologuistas con gracia fina, tuiteros de seca y acertada ironía.

Peña muy talentosa, con una barbaridad de tiempo para colapsar la red desde sus perfiles de Instagram, Facebook, twitter y  otros.

Señores y señoras  tocados por la divina gracia de las musas, seres humanos especiales que se elevan  de la gris carroña del común mortal gracias a sus dones artísticos y con cada nota, cada palabra, cada trapito, cada chiste y cada mierda,  hacen ascender al propio género humano y  nos limpian del barro primigenio de nuestra condición de animales. 

Dotados no sólo de un formidable talento, sino también de una inquebrantable buena opinión sobre sí mismos que suele traducirse en un absoluto desprecio por su audiencia, o mejor dicho por su no audiencia, que es igual de inquebrantable que nuestros artistas en su decisión de ignorar los magníficos trabajos que cada poco nos ofrecen estos humanistas modernos.

Ellos, nuestro blanco de hoy, quizás yo mismo, piensan con total seriedad que el motivo de su falta de  éxito pertenece a los insondables arcanos de la mala suerte,  e incluso a una oscura mano negra que mueve los hilos trendy y lleva  a los navegantes a los perfiles de Facebook equivocados.

Pero distingamos.

En este tipo de fauna pueden distinguirse dos subespecies.

En primer lugar, la que hace esto por divertirse y, por qué no, para  satisfacer un prurito de tonadillera, cupletera o vedette y exhibirse ante el público bajando la escalera con su tocado de plumas, pero sin abandonar un sano sentido de autocrítica.

En segundo lugar, los que verdaderamente se creen elegidos por algún dios pagano para asombrar al mundo y hacer nuestra existencia más llevadera con sus cositas. Los que creen que el noventa y nueve por ciento del respetable no es digno de ser respetado. Los que creen que en su persona se  sintetiza la Corte de  Luis XIV, o la Divine Gauche, o la Florencia de Los Medici, o la Novela Gótica, o el Flamenco de la Cava, o las subidas por la banda de Rafael Gordillo.

Y todo lo demás apesta. Apestamos. O apestáis.

Y si su talento no es reconocido, es por culpa de la ESO, o porque son demasiado guapos, o porque se les tiene envidia, o porque la gente carece de paladar.

Autocrítica señores. Ironía y sentido del humor con uno mismo. Y Lorazepan cada 4 horas. 

Si alguno de los lectores hace examen de conciencia y se identifica con este segundo grupo, coja conmigo el flagelante látigo de siete colas virtual que les ofrezco y sigan mi ejemplo.

Soy un escritor en grado de tentativa. Soy un escritor en grado de tentativa. Y así hasta mil veces en la pizarra.

Y  digan conmigo: Soy un youtuber, influencer, artista multidisciplinar,( ponga su mierda en este espacio) en grado de tentativa.

Y si la gente no me hace caso, no me lee o no compra mis mierdas…

Es básicamente porque no valgo un duro.



P.S: Advertencia legal. Ninguno de mis amigos o conocidos responde a los execrables perfiles aquí descritos. Ni yo mismo. O si.

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