sábado, 24 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (IV)

Hoy hay reunión con el grupo. Quizás la última.

El verano se está acabando y con él las actuaciones. Nos quedan pocos bolos por hacer y hay que afrontar el meollo de la cuestión. ¿El grupo del Lechuga seguirá con el Fleti? ¿ EL Fleti montará un nuevo grupo para el Carnaval 2018?

Nos reunimos en el local de ensayo. En teoría hemos quedado para repasar el repertorio de la antología de mi celebrada comparsa  “ Los Pelusas”.

Aunque el nombre a priori pueda mover a cachondeo, nada más lejos de la realidad. Los  críticos más dificiles  y los aficionados más malages destacaron la profundidad de las letras y se rindieron ante la  trabajada alegoría de una pelusa de ombligo como paradigma de los parias de la sociedad y la inexistencia de recursos para establecer una verdadera escalera social que favorezca la desaparición de la clases sociales. Sencillito.

Lo más difícil fue el tipo. Clavar el disfraz de una pelusa de ombligo requirió un verdadero esfuerzo de diseño y confección que supuso la unión de tres talleres de costura carnavalesca con muchas Agujas de Oro a sus espaldas.
Pero el efecto visual na más abrirse las cortinas del Falla, el asombrado “ohhh” que recorrió desde butacas a Paraiso, que maravilla recordarlo…Casi podría decirse nos llevamos el Primer Premio antes de abrir la boca, cuando el aficionado vio a esas quince pelusas humanas esperando las órdenes del Lechuga para empezar a cantar.

Hasta el abogadito ese pijo y sieso, el León de San Marcos, que no tiene ni puta idea de carnaval,  tuvo que hocicar y  habló bien de la comparsa. Y eso que no me traga. Ni yo a él, pa que nos vamos a engañar.  Pero ya hablaremos del chufla ese en su debido momento. 

Volviendo a la reunión, el Lechuga toma la palabra y se dirige a la agrupación. Intenta templar gaitas y habla sobre la calidad de los repertorios de los tres últimos años. Dice que los Jurados no los han valorado. Que el peso de Los Pelusas es demasiado grande, y estamos compitiendo con aquel primer Premio más que contra las restantes comparsas. Ahí lleva razón.

El Telera Shico interviene  para decir que los repertorios habrán estado muy currados, pero que el estilo profundo ya no se lleva, que a la gente se la pelan las reivindicaciones sociales, que el Primer Premio de hace cuatro años, pues eso, que fue hace cuatro años, y que ahora se lleva otro estilo a la hora de afinar las comparsas. Que al aficionado le gustan los contraaltos y los octavillas aunque no se entienda que están cantando.Pues tampoco está equivocao, lamentablemente…

El Willy, sorprendentemente, toma partido por mí. Yo creo que quiere hacerse el longui y quedar de neutral por si la comparsa me manda a la Venta y  se hace el con la autoría. Dice que la comparsa está güena, y que el Jurado no ha sabido valorar el estilo psicodélico carnavalesco de los últimos años. Dice que a él Los Plumeros Gaditanos, la comparsa de este año,  le ha llegado al corazón como metáfora del payaso carnavalero y su frustración a la hora de establecer una corriente de sinergia entre los sentimientos del comparsista y la diversión del espectador, produciéndose una incomprensión mutua que aisla al comparsista del espectador y viceversa. Lo clavado el chavea. Se nota que está leido. Tiene futuro. No sé si como autor de comparsa o como camarero en Benidorm, pero tiene futuro, el mamón.

Las palabras de Willy provocan la polémica en la agrupación, y cada uno comienza a hablar sin orden ni concierto. Se entremezclan las conversaciones, y nadie hace caso al Lechuga, que trata de poner orden en vano.

Me rebullo en la parte del fondo del local de ensayo. Me echo un cacique – cola. Cierro los ojos y espero que se callen, pero mientras tanto, el primer buche de Cacique y la posturita así con los ojitos cerrados me doy una zambullá gorda en mis recuerdos de juventud,llegando a otra época, otra agrupación, y otro estilo de dirigir muy diferente a lo de hoy…

Corría el mes de septiembre de 1988. El Churra y  yo habíamos contactado con otros chavales de nuestra edad, el Farfolla y el  Cucu, todos ellos aficionados al carnaval gaditano, con los que íbamos a cantar de vez en cuando a  una Peña flamenca que había en el Turruñuelo, Triana.



Aunque allí gustaba más Camarón,  Mairena y Riqueni que Antonio Martín, Rosado o Romero, yo creo que les hacíamos gracia y  nos dejaban quedarnos allí  a cantar mientras no hubiera algo de flamenco.

Lo cierto es que un día se nos acercó un hombre. Se presentó educadamente:

- Me llamo Francisco Cebero. Soy carnavalero y sevillano. Llevo años buscando gente joven que sea aficionada al carnaval. ¿Os gustaría hacer una chirigota y cantar en El Falla?    

El Churra me miró incrédulo. Yo le devolví una mirada perpleja. El Farfolla nos miró a ambos dos patidifuso. El Cucu se mostró desconcertado.

El Cebero nos visualizó de forma inquisitiva.

El del ambigú de la Peña trataba de matar una mosca, que en el Turruñuelo se crían como Miuras.

Tras unos tensos segundos de espera en los que la pregunta de Cebero parecía flotar sobre el  grasiento ambiente de la Peña, yo mismo me apresuré a decir que si, iniciando e este modo la historia del Carnaval sevillano contemporáneo.

Y debo remarcar que fui yo quien lo dijo, y no El Churra. Si, ya sé que él va diciendo que fue quien le dijo a Cebero que sí. Y si, el Farfolla y el Cucu le dan la razón – que van a decir los chavales, si llevan años comiendo del Churra- pero fui yo quien dio el sí. Lástima que Cebero, el único que podría haber dicho la verdad, ya no esté con nosotros…

Total, que al mes de aquel feliz encuentro nos vimos en la Peña, citados por Cebero. Allí junto a los ya mencionados chavales del grupo que sería como conocido como “Los cuatro del Fleti” o según otras fuentes menos fidedignas “La gente del Churra”,  y el propio Cebero, y su hijo Ceberito, estaba un grupo de cuarentones y cincuentones que rápidamente fueron presentados por nuestro nuevo Director como gaditanos y sevillanos de la Barriada Elcano, supuestamente grandes conocedores del carnaval gaditano.

Once notas.

El Cebero se puso delante de nosotros y nos dijo:

- Tengo nombre y parte de repertorio. Nos llamaremos “ Los Bañistas Morceguetas de excursión a La Caleta “. La idea es muy buena. Seremos unos  bañistas de La Caleta que se pasan el día mirando a las chavalas. Fijaros la cantidad de cosas que se le pueden sacar al tipo.

A  nosotros en realidad nos daba lo mismo. Como si íbamos de teclado "Qwerty". La ilusión por ir al Falla podía con todo y en aquella época el asunto del lenguaje sexista no estaba en el debate diario. Y pa que engañarnos, todavía se llevaban – y mucho- las chirigotas de pelo.

Cebero siguió hablando:

-El pasodoble y el cuplé lo ha hecho un amigo mío gaditano. Cai puro. Los puretas iremos con bañador y camiseta y los chavales en tanga.

Si, queridos lectores, décadas antes de que El Cascana lo hiciera Los Cuatro del fleti ya se colaron en el Falla marcando paquete. Que ahora muchos quieren ir de revolucionarios y transgresores, pero en los ochenta, y en Sevilla, se empezaban a hacer cosas muy interesantes.

- Ensayaremos tres veces por semana. A las ocho y media en  La Peña. Si no encontramos a alguien que sepa  más, me encargaré yo de afinar la chirigota. La cuestión del dinero: el autor  gaditano me ha cobrado cien mil pesetas por el pasodoble y el cuplé. EL tipo nos lo va  a hacer un sastre gaditano, y dice que nos lleva otras diez mil calas por tipo. Sumando el bombo, la caja y los pitos de caña auténticos, más gastos de representación, cuotas y tasas de inscripción. Total Veinticinco mil del ala por cabeza. Eso de momento. Ya haremos papeletas y demás.

Crucé una mirada de sospecha con El Churra. ¿Diez mil calas por un bañador y a lo más, unas chanclas cangrejeras? ¿Gastos de representación, cuotas y tasas?. ¿ Cuanto habían costado los instrumentos, si la guitarra que llevaba Cebero tenía hasta verdín en el segundo traste?.  Sonaba a camelo barato. Los puretas de la Barriada Elcano miraban a Cebero como si fuera el mismísimo Felipe González. El Cucu y el Farfolla nos miraban a nosotros pero no entendían nada.

El niño de Cebero nos miró con malicia y rápidamente miró a su padre, quien, a su vez, rápido como era, nos dedicó una fugaz mirada y un comentario lleno de maldad:

- Para ir al Falla sobran las matemáticas. Vosotros haced lo que se os dice y veréis como en febrero estamos cantando en Cádiz.

El Churra y yo nos callamos, pero recibimos la primera lección de una asignatura casposa y poco conocida para el aficionado. El poder y el dinero en el carnaval, o más bien, el poder del dinero. Cebero tenía el poder. Nosotros debíamos encontrar el dinero. Así de sencillo. Así de mísero.

Una voz fina salió de la parte trasera del local.

- Señores, no quiero molestar, pero ¿Todavía tienen hueco en su agrupación de ustedes? Les he estado escuchando, y me gustaría cantar las cosas de Cai. He escuchado algunas veces a estos señores cantando y tengo dos o tres cintas de “murgas” en mi casa. Y aportar alguna letrilla, si pudiera ser, que modestamente soy capaz de hacer unos versos, ya lo verán.

Voz atiplada, marcado acento sevillano, eligiendo cuidadosamente las palabras, sonrisa perenne en la boca. Mirada de inteligencia.

-Y ¿Se puede saber cómo te llamas? – preguntó Cebero.
- Salvador Espelunca, el Espelu del Turruñuelo.
- Pues sí que puedes entrar en la chirigota. Pero de letras ni mijita. Aquí las letras las hago yo. Pues ea, ya somos doce. El lunes  que viene empezamos.

Así. Contundente. Sin ruegos ni preguntas. Esto es lo que dicen mis cojones y esto es lo que se va a hacer. El tipo, el presupuesto, el repertorio y absolutamente todo lo demás. Igualito que las agrupaciones de ahora, que parecen una asamblea de Podemos.

Igualito que mi comparsa.

Cierro el bloc de notas y le doy el último sorbo a mi cacique cola. Por lo que veo todavía están discutiendo como grillos.

El Telerita, con su insoportable voz de pito, le grita al Lechuga que hay muchos autores y que el mismo Willy puede escribir el repetorio. El Willy - Judas como el sólo-  se echa las manos a la cabeza y grite que soy un genio del carnaval, el Juan Carlos Aragón sevillano ( yo pienso, modestamente, que más bien Juan Carlos es el Fleti de la Laguna) El Lechuga me mira desconsolado, pidiendo alguna intervención que acabe con el tangai.

Me voy a la puerta de  la calle y pego un pedazo de grito a lo Cristiano Ronaldo recogiendo el Balón de Oro. Cuando consigo que me miren los dieciséis, y justo antes de cerrar la puerta de un portazo les digo:

- Afinad la comparsa como os salga de la polla. Como si quiere cantar solo el Telerita. Pero el repertorio es cosa mía. Y vamos a ir de teclado “Qwerty”. Por mis cojones.

(continuará)

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