lunes, 12 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (II)

Camino de Medina Sidonia, en la parte delantera del autobús, la de pensar, saco mi bloc de notas Rubio, el fiel compañero de composición carnavalesca  donde apunto mis ideas y donde, por el momento, estoy redactando estas humildes memorias.

En los cascos suena “Despacito “ de Luis Fonsi. Esto sí que es un pelotazo, hermano. Vaya cosa guapa.

Me pregunto si esta copla puede servir pa meter una cuarteta de popurri. Y en caso afirmativo, si sería mejor para una cuarteta de las en medio, de las que se duerme el Jurado, o de impacto, pa cerrar  repertorio con el Falla esmorecio….

Mientras le doy vueltas al tema y los más gamberros de la agrupación, los de la parte de atrás, le dan al pasodoble y a parte del atrezzo de Las Ruinas Romanas, yo cierro los ojos y retorno simbólicamente a mi juventud pre carnavalera…

Tras el incidente con la Señorita Maribel y el busto de Paco Alba, el veneno de carnaval permaneció dormido durante algunos años, en los que crecí ajeno al destino que me esperaba.

Asimismo, mi ciudad, mi barrio, mi gente, mi continente de la alegría, permanecía ajeno a los años dorados de Pedro Romero, de Antonio Martín, a los primeros balbuceos de Martínez Ares, y cerraba los ojos a todo lo que oliera a carnaval en general y sobre todo de Cádiz en particular. 

Pero mis padres, tan miarmas como se puede ser, y completamente legos en materia carnavalesca,  tuvieron el acierto de llevarme a veranear a Rota desde muy chiquetito, dándome el privilegio de impregnarme de la sal gaditana, de ver Cádiz a lo lejos cada vez que hacía un castillito  de arena (este pasodoble se escribe casi solo) y de comer Urta  a la Roteña, Arranque y demás manjares, que quieras que no te van preparando para saborear un  tanguillo bien medío o una octavilla de pelito. Va a ser lo mismo veranear en Mazarrón y comerse una paella plastiquera  que en Rota, hombre…  
      
Pero hete aquí que un día, uno cualquiera de esos interminables veranos de los ochenta, mis padres pararon en la mítica Venta de los Cabales, si no recuerdo mal a mitad camino entre Chipiona y Rota. Venta castiza, con su olor a vaca, sus higueras, su tortilla de papas  pa quitar el sentío…

El joven Selu, el proto- Fleti, osea yo mismo, aburrido de escuchar conversaciones que no entendía y de jugar al balón con mi primo Manolito, me metí en parte de bar de la Venta.

Moscas como teleras. Ambiente cargado, mezcla de boñiga de vaca y vino oloroso de la tierra. En la radio Camarón de la Isla. Poca luz, quizás para mitigar los castigos estivales. Tras la barra un tio renegrío y canijo, con un palillo de dientes entre el incisivo que está al lado de las paletas del centro y las paletas del centro propiamente dichas. Mirada amable, con un velo de “ya está aquí el pequeño miarma, a ver qué hace el mamoncete”.

Y como quien no quiere la cosa, disimulando  bajo la escrutadora mirada del mesonero, me acerqué a un rincón del bar, uno especialmente oscuro.

En él, tenebroso y a la vez multicolor, yacía un  expositor de cintas de casette de estos que dan la vuelta. Que por cierto, se están perdiendo, y es una pena.

En la tercera línea de cintas del expositor, al lado del Fary, El Cabrero, las sevillanas de Pepe Da Rosa, y Victor Manuel y Ana Belén, que ese año lo petaban con la Puerta de Alcalá, una cinta curiosa, extravagante, en cuya portada aparecía un tipo vestido con chaqueta verde, bombín, con las manitas apoyadas en las rejas de una mazmorra.

Carnaval 85. Entre rejas. Comparsa Gaditana.



Casi na.

El niño Fleti, todavía virgen en cuestiones carnavalescas, sintió un verdadero espasmo de curiosidad al tocar aquella cinta cuya superficie reflejaba la pringue flotante en el ambiente del local. Más que espasmo de curiosidad podríamos llamarlo incluso epifanía comparsista. Revelación sagrada. Encuentro con el destino.

Quizás fue mi imaginación. Quizás fue por culpa de las 172 veces que vi “El Imperio Contraataca “ pero lo cierto es que, subido al expositor de cassettes se encontraba, tamaño madelman, la figura fantasmagórica de Paco Alba, con el tipo de Los Sarracenos.

-        - Seluuu, aunque Antoñito Martín me dio algún disgusto de los gordos, hoy día es el más grande del mundo del carnaval… pídele a tus padres el dinero y cómprate la cinta.

-        -  ¿Quién eres? ¿Por qué me hablas?

-       -  Soy un viejo amigo tuyo. El de la Gorra, cuando la excursión con la Señorita Maribel.

-        - ¿Por qué te me apareces? ¿Qué tiene que ver la cinta del señor encarcelao? ¿Quin es Antonio Marín? Y mas aún ¿Quién es Pepe el Caja?

-        - Todas las preguntas se responderán a su debido tiempo… -

Con estas palabras y una misteriosa pero pegadiza melodía de fondo, que todavía no identificaba,  la figura fantasmagórica de aquel señor vestido de moro se desvaneció en el viciado aire del establecimiento.

La canícula atacaba inmisericorde. La chicharra zumbaba como el Lali en la presentación de Calle de la Mar.

El de la Venta me miraba con cara rara. Poneos en su lugar. Había visto como un joven miarma hablaba solo con un expositor y le preguntaba quién era Antonio Martín y Pepe El Caja. Nadie podía culparle que reforzase su convencimiento de que en Sevilla estamos todos locos.

El resto de mi recuerdo está borroso, pero conservo claramente en la memoria que mis padres me dijeron que dinero pa tonterías nanay  y que fue un tio mío de Madrid que andaba largo de posibles quien me soltó las pesetas suficientes para adquirir  mi primera cinta de carnaval…

Qué sensaciones viví al escucharla por primera vez será materia de otro capítulo de estas Memorias.

Por hoy es suficiente. Estamos llegando a Medina Sidonia y hay que concentrarse en hacer una buena actuación. Nuestros fans esperan.

Entretanto, en la parte de atrás del Autobús, perfumada a la manera de Marruecos, resuena el trío de Las Ruinas Romanas de Cádiz y en mi mente percute el compás cortao de la copla de Luis Fonsi…

“Mientras el Nooorte fabri-ca las bombas que ti-ranlos crimina-loscriminaaaaleeee”

“Pasito a pasito, suave suavecito…”

“El sur aguaaanta fatiga, tragando saliva, con ferias y cannavaleeee”

“Nos vamos pegando, poquito a poquito…”        

Definitivamente, aquí hay cuarteta pa final de popurrí. Y de las gordas.


( Continuará)

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