sábado, 24 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (IV)

Hoy hay reunión con el grupo. Quizás la última.

El verano se está acabando y con él las actuaciones. Nos quedan pocos bolos por hacer y hay que afrontar el meollo de la cuestión. ¿El grupo del Lechuga seguirá con el Fleti? ¿ EL Fleti montará un nuevo grupo para el Carnaval 2018?

Nos reunimos en el local de ensayo. En teoría hemos quedado para repasar el repertorio de la antología de mi celebrada comparsa  “ Los Pelusas”.

Aunque el nombre a priori pueda mover a cachondeo, nada más lejos de la realidad. Los  críticos más dificiles  y los aficionados más malages destacaron la profundidad de las letras y se rindieron ante la  trabajada alegoría de una pelusa de ombligo como paradigma de los parias de la sociedad y la inexistencia de recursos para establecer una verdadera escalera social que favorezca la desaparición de la clases sociales. Sencillito.

Lo más difícil fue el tipo. Clavar el disfraz de una pelusa de ombligo requirió un verdadero esfuerzo de diseño y confección que supuso la unión de tres talleres de costura carnavalesca con muchas Agujas de Oro a sus espaldas.
Pero el efecto visual na más abrirse las cortinas del Falla, el asombrado “ohhh” que recorrió desde butacas a Paraiso, que maravilla recordarlo…Casi podría decirse nos llevamos el Primer Premio antes de abrir la boca, cuando el aficionado vio a esas quince pelusas humanas esperando las órdenes del Lechuga para empezar a cantar.

Hasta el abogadito ese pijo y sieso, el León de San Marcos, que no tiene ni puta idea de carnaval,  tuvo que hocicar y  habló bien de la comparsa. Y eso que no me traga. Ni yo a él, pa que nos vamos a engañar.  Pero ya hablaremos del chufla ese en su debido momento. 

Volviendo a la reunión, el Lechuga toma la palabra y se dirige a la agrupación. Intenta templar gaitas y habla sobre la calidad de los repertorios de los tres últimos años. Dice que los Jurados no los han valorado. Que el peso de Los Pelusas es demasiado grande, y estamos compitiendo con aquel primer Premio más que contra las restantes comparsas. Ahí lleva razón.

El Telera Shico interviene  para decir que los repertorios habrán estado muy currados, pero que el estilo profundo ya no se lleva, que a la gente se la pelan las reivindicaciones sociales, que el Primer Premio de hace cuatro años, pues eso, que fue hace cuatro años, y que ahora se lleva otro estilo a la hora de afinar las comparsas. Que al aficionado le gustan los contraaltos y los octavillas aunque no se entienda que están cantando.Pues tampoco está equivocao, lamentablemente…

El Willy, sorprendentemente, toma partido por mí. Yo creo que quiere hacerse el longui y quedar de neutral por si la comparsa me manda a la Venta y  se hace el con la autoría. Dice que la comparsa está güena, y que el Jurado no ha sabido valorar el estilo psicodélico carnavalesco de los últimos años. Dice que a él Los Plumeros Gaditanos, la comparsa de este año,  le ha llegado al corazón como metáfora del payaso carnavalero y su frustración a la hora de establecer una corriente de sinergia entre los sentimientos del comparsista y la diversión del espectador, produciéndose una incomprensión mutua que aisla al comparsista del espectador y viceversa. Lo clavado el chavea. Se nota que está leido. Tiene futuro. No sé si como autor de comparsa o como camarero en Benidorm, pero tiene futuro, el mamón.

Las palabras de Willy provocan la polémica en la agrupación, y cada uno comienza a hablar sin orden ni concierto. Se entremezclan las conversaciones, y nadie hace caso al Lechuga, que trata de poner orden en vano.

Me rebullo en la parte del fondo del local de ensayo. Me echo un cacique – cola. Cierro los ojos y espero que se callen, pero mientras tanto, el primer buche de Cacique y la posturita así con los ojitos cerrados me doy una zambullá gorda en mis recuerdos de juventud,llegando a otra época, otra agrupación, y otro estilo de dirigir muy diferente a lo de hoy…

Corría el mes de septiembre de 1988. El Churra y  yo habíamos contactado con otros chavales de nuestra edad, el Farfolla y el  Cucu, todos ellos aficionados al carnaval gaditano, con los que íbamos a cantar de vez en cuando a  una Peña flamenca que había en el Turruñuelo, Triana.



Aunque allí gustaba más Camarón,  Mairena y Riqueni que Antonio Martín, Rosado o Romero, yo creo que les hacíamos gracia y  nos dejaban quedarnos allí  a cantar mientras no hubiera algo de flamenco.

Lo cierto es que un día se nos acercó un hombre. Se presentó educadamente:

- Me llamo Francisco Cebero. Soy carnavalero y sevillano. Llevo años buscando gente joven que sea aficionada al carnaval. ¿Os gustaría hacer una chirigota y cantar en El Falla?    

El Churra me miró incrédulo. Yo le devolví una mirada perpleja. El Farfolla nos miró a ambos dos patidifuso. El Cucu se mostró desconcertado.

El Cebero nos visualizó de forma inquisitiva.

El del ambigú de la Peña trataba de matar una mosca, que en el Turruñuelo se crían como Miuras.

Tras unos tensos segundos de espera en los que la pregunta de Cebero parecía flotar sobre el  grasiento ambiente de la Peña, yo mismo me apresuré a decir que si, iniciando e este modo la historia del Carnaval sevillano contemporáneo.

Y debo remarcar que fui yo quien lo dijo, y no El Churra. Si, ya sé que él va diciendo que fue quien le dijo a Cebero que sí. Y si, el Farfolla y el Cucu le dan la razón – que van a decir los chavales, si llevan años comiendo del Churra- pero fui yo quien dio el sí. Lástima que Cebero, el único que podría haber dicho la verdad, ya no esté con nosotros…

Total, que al mes de aquel feliz encuentro nos vimos en la Peña, citados por Cebero. Allí junto a los ya mencionados chavales del grupo que sería como conocido como “Los cuatro del Fleti” o según otras fuentes menos fidedignas “La gente del Churra”,  y el propio Cebero, y su hijo Ceberito, estaba un grupo de cuarentones y cincuentones que rápidamente fueron presentados por nuestro nuevo Director como gaditanos y sevillanos de la Barriada Elcano, supuestamente grandes conocedores del carnaval gaditano.

Once notas.

El Cebero se puso delante de nosotros y nos dijo:

- Tengo nombre y parte de repertorio. Nos llamaremos “ Los Bañistas Morceguetas de excursión a La Caleta “. La idea es muy buena. Seremos unos  bañistas de La Caleta que se pasan el día mirando a las chavalas. Fijaros la cantidad de cosas que se le pueden sacar al tipo.

A  nosotros en realidad nos daba lo mismo. Como si íbamos de teclado "Qwerty". La ilusión por ir al Falla podía con todo y en aquella época el asunto del lenguaje sexista no estaba en el debate diario. Y pa que engañarnos, todavía se llevaban – y mucho- las chirigotas de pelo.

Cebero siguió hablando:

-El pasodoble y el cuplé lo ha hecho un amigo mío gaditano. Cai puro. Los puretas iremos con bañador y camiseta y los chavales en tanga.

Si, queridos lectores, décadas antes de que El Cascana lo hiciera Los Cuatro del fleti ya se colaron en el Falla marcando paquete. Que ahora muchos quieren ir de revolucionarios y transgresores, pero en los ochenta, y en Sevilla, se empezaban a hacer cosas muy interesantes.

- Ensayaremos tres veces por semana. A las ocho y media en  La Peña. Si no encontramos a alguien que sepa  más, me encargaré yo de afinar la chirigota. La cuestión del dinero: el autor  gaditano me ha cobrado cien mil pesetas por el pasodoble y el cuplé. EL tipo nos lo va  a hacer un sastre gaditano, y dice que nos lleva otras diez mil calas por tipo. Sumando el bombo, la caja y los pitos de caña auténticos, más gastos de representación, cuotas y tasas de inscripción. Total Veinticinco mil del ala por cabeza. Eso de momento. Ya haremos papeletas y demás.

Crucé una mirada de sospecha con El Churra. ¿Diez mil calas por un bañador y a lo más, unas chanclas cangrejeras? ¿Gastos de representación, cuotas y tasas?. ¿ Cuanto habían costado los instrumentos, si la guitarra que llevaba Cebero tenía hasta verdín en el segundo traste?.  Sonaba a camelo barato. Los puretas de la Barriada Elcano miraban a Cebero como si fuera el mismísimo Felipe González. El Cucu y el Farfolla nos miraban a nosotros pero no entendían nada.

El niño de Cebero nos miró con malicia y rápidamente miró a su padre, quien, a su vez, rápido como era, nos dedicó una fugaz mirada y un comentario lleno de maldad:

- Para ir al Falla sobran las matemáticas. Vosotros haced lo que se os dice y veréis como en febrero estamos cantando en Cádiz.

El Churra y yo nos callamos, pero recibimos la primera lección de una asignatura casposa y poco conocida para el aficionado. El poder y el dinero en el carnaval, o más bien, el poder del dinero. Cebero tenía el poder. Nosotros debíamos encontrar el dinero. Así de sencillo. Así de mísero.

Una voz fina salió de la parte trasera del local.

- Señores, no quiero molestar, pero ¿Todavía tienen hueco en su agrupación de ustedes? Les he estado escuchando, y me gustaría cantar las cosas de Cai. He escuchado algunas veces a estos señores cantando y tengo dos o tres cintas de “murgas” en mi casa. Y aportar alguna letrilla, si pudiera ser, que modestamente soy capaz de hacer unos versos, ya lo verán.

Voz atiplada, marcado acento sevillano, eligiendo cuidadosamente las palabras, sonrisa perenne en la boca. Mirada de inteligencia.

-Y ¿Se puede saber cómo te llamas? – preguntó Cebero.
- Salvador Espelunca, el Espelu del Turruñuelo.
- Pues sí que puedes entrar en la chirigota. Pero de letras ni mijita. Aquí las letras las hago yo. Pues ea, ya somos doce. El lunes  que viene empezamos.

Así. Contundente. Sin ruegos ni preguntas. Esto es lo que dicen mis cojones y esto es lo que se va a hacer. El tipo, el presupuesto, el repertorio y absolutamente todo lo demás. Igualito que las agrupaciones de ahora, que parecen una asamblea de Podemos.

Igualito que mi comparsa.

Cierro el bloc de notas y le doy el último sorbo a mi cacique cola. Por lo que veo todavía están discutiendo como grillos.

El Telerita, con su insoportable voz de pito, le grita al Lechuga que hay muchos autores y que el mismo Willy puede escribir el repetorio. El Willy - Judas como el sólo-  se echa las manos a la cabeza y grite que soy un genio del carnaval, el Juan Carlos Aragón sevillano ( yo pienso, modestamente, que más bien Juan Carlos es el Fleti de la Laguna) El Lechuga me mira desconsolado, pidiendo alguna intervención que acabe con el tangai.

Me voy a la puerta de  la calle y pego un pedazo de grito a lo Cristiano Ronaldo recogiendo el Balón de Oro. Cuando consigo que me miren los dieciséis, y justo antes de cerrar la puerta de un portazo les digo:

- Afinad la comparsa como os salga de la polla. Como si quiere cantar solo el Telerita. Pero el repertorio es cosa mía. Y vamos a ir de teclado “Qwerty”. Por mis cojones.

(continuará)

lunes, 19 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (III)

              
Reina un silencio de cuplé malo en el autobús de vuelta.

La mezcla de sustancias legales, ilegales y mediopensionistas, y lo vivido en el escenario donde se ha celebrado el XI Encuentro Comparsista “Telera Viejo”    ha hecho decaer el ánimo del grupo a niveles preocupantes. Se masca la tensión.

Una vez más me siento sólo. En los dos significados de la expresión. Pienso que el grupo se está partiendo en dos y para mi desgracia, una de las partes es El Fleti, y la otra todos los demás, postulante incluido. Ya no me fio  ni de las botellas de agua que me pasa Caldito, nuestro asistente, que esta gente son muy cabrones. Ni  siquiera “El Lechuga”, el Director, parece  apoyarme.

La cosa es que al final de la actuación, como fin de fiesta, normalmente cantamos la famosísima Rumba del Fleti,  composición picaita de compás con la que deleitamos al respetable, meonas incluidas. Por cierto que lo de meonas suena mu feo y algún día habrá que dedicarle un pasodoble  al tema, revisado desde el enfoque del lenguaje no sexista.

Pero a lo que voy; Hoy, como era el homenaje de su padre, he dejado que el Telera Shico se luzca, en su tierra y ante su gente. Que menos.  Pese a que el Telera Shico no tiene el pellizco que tenía su pare, ni de lejos,   la cosa no iba demasiado mal mientras que   el chaval conservaba la melodía del tenor por derecho. Pero de repente, en el estribillo, donde la rumba invita al pueblo a ser cómplice de la composición con aquello tan célebre “La Rumba del Fleti ( dice el solista) “Ese Fleti güeno, Ese Fleti  gúeno”…(respuesta de los coros y del público) el Telerita me ha hecho un quejío de 37 segundos, con la vocal “i” y dos tonos por arriba de lo que se estaba cantando.

Tras el atronador “ole” de las miccionadoras (entiendo que este término, aunque provisional, es mucho más asumible) he mirado a la orquesta y he decidido parar la actuación.

Así no. En el homenaje al Telera Viejo menos.

Tuve la fortuna de salir con Fali Telera en una de sus últimas comparsas, “Purpurina, Pierrot, Arlequín y otros comparsistas de postín” con aquel melancólico pasodoble homenaje  a los bigotes que llevaban los tenores antiguos de comparsa y allí al primero que daba un quejío se le  invitaba  a cerrar la puerta por fuera.

Así no Telerita, picha. Así no. Quejios en mi comparsa ni mijita. 

Parece mentira que estos chavales, que son gaditanos de nacimiento, no tienen ni idea de la esencia del carnaval añejo. Y ha tenido que llegar uno de la Barzola para  enseñárselo.

Pero en fin, que el respetable se ha quedado de piedra cuando he mandado bajar a la comparsa y el grupo más aún. Pero esto es lo que hay.

Al bajar del escenario, el Willy, el más polémico (autor de juveniles, pa que te quiero contar) ha musitado entre dientes “Luego que no se extrañe si no pasamos de Cuartos”.  Pues no pasamos, carajo…Pero quejíos ni mijita….
                           
             
 Ajeno  a las voces intencionadamente distorsionadas que llegan desde la parte de atrás del Autobús con proclamas tales como “ Fletilla cabrón” y “ Miarma mamona”          me pongo los cascos y abro mi cuaderno Rubio.  Selecciono de forma no casual el popurrí de “Purpurina, Pierrot, Arlequín y otros comparsistas de postín “ y comienzo a sumergirme en mis recuerdos…

Corría el año 1987. 

Mi descubrimiento carnavalesco había sido continuado por medio de la adquisición de todas las cintas de carnaval que pude encontrar. Con la fe de un converso, comencé a abandonar todo tipo de música que no fuera la carnavalesca, y cualquier otro hobby que no fuera el carnaval. Incluso me eché un amigo al que también le gustaba el carnaval, José Alfredo Carneado, el Churra de León XIII. Un verdadero picao de la fiesta gaditana, cuando en Sevilla cabíamos en un taxi.

José Alfredo tenía un tío en Cádiz que llevaba una recova en la calle Pasquín y era quien le mandaba cintas, libretos, y le avisaba de las cosas del Concurso. Aquel año Antoñito Martín sacaba una comparsa de  impactante nombre: “A Fuego Vivo”.

Una mañana de febrero  El Churra me despertó con un timbrazo:

-          Selu, picha, esta noche canta la Comparsa de Antoñito Martín
-          Churra, picha (éramos los dos únicos sevillanos por aquel entonces que usábamos el picha gaditano. Luego vendrían más…) ¿Cómo vamos a hacer pa escucharla?
-          Retransmiten por Radio Cádiz. He pensao un invento para poder escucharla. Vente por la noche a  mi bloque.



Allí que estábamos los dos, a la hora convenida. Según la teoría del Churra, que era y es un tío listo  (lo cortés no quita lo valiente) la azotea de su bloque estaba orientada a levante, y cuando soplaba el homónimo viento la conexión sonora con la Tacita de Plata se hacía mucho más fácil.

Además había equipado su radio con una antena de fabricación casera, juntando varios alambres de forma abigarrada rematados por un colador con restos de colacao.
-          Mi tío dice que cantan ahora. Vamos a buscar la sintonía de Radio Cádiz. Onda media.

El Churra accionó la radio con la ilusión de un chiquillo. Del aparato salió una voz engolada pero brillante, con un deje muy particular:

“ Sobre el escenario, la Comparsa del Niño de San Vicente, A Fuego Vivo ¡¡”

-          ¡ Coño, funciona ¡ Te lo dije. Que iba a funcionar.
-          Calla, que empieza la presentación.

Amortiguadas por el  zumbido característico de la onda media y la lejanía con la capital gaditana, quince voces comenzaron a cantar:

-          Y Al amaaaaaaaaanecerrrrrrrr….. Consumio en llamaaaaaaaaas….
-          Que pelotazo, Churra, picha.
-          Qué maravilla Selu.  ¡ Calla ¡

Arrobados por la potencia de las voces comparsistas, con El Caracol en papel muy destacado, el grupo de Martín  iba desgranando su repertorio hasta que, al llegar al inicio del segundo pasodoble, la señal de radio se fue debilitando hasta perderse totalmente.

-          Joder, se ha perdido la señal. Espera que voy  a mover la antena.
El Churra comenzó a  girar el colador con la esperanza de recuperar la señal radiofónica.
-          Mira, se escucha algo.
-          “Delta, Fox Trot, Mike, Sierra”! QSP ¡ Adelante..”
-          ¿ Esto qué es? ¿Ya está cantando El Cuarteto?
-          Que va, es un radio aficionado. Lo sé porque mi vecino de Cuarto B lo es y lo escucho por la noche decir estas pamplinas. Mueve el colador, quillo, que nos perdemos la actuación.

Tras un rato de búsqueda infructuosa, El churra tuvo una de sus legendarias pero poco ortodoxas ideas.

-          Selu, cógeme a cabrito. A ver si es cosa de la altura.

Ni corto ni perezoso cogí al Churra a cabrito, en Cádiz llamado a borricate. Mí  por aquel entonces buen amigo y futuro socio carnavalesco se me subió a los hombros  y  alzó el radiocasete todo lo que pudo, ofreciéndolo al cielo de León XIII cual  Iker Casillas levantando la Eurocopa.
Como si los hados carnavalescos recogieran la ofrenda, del radiocasete salió un potente chorro de voz:

-          “Ahhhhaaaaaaaaaahhaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhh” ¡¡ 

Y el remate de un sordo sonido de caja y un platillazo, en medio de una ovación atronadora. Los vellos de punta al recordarlo.

Allí, en la azotea del Churra. Con el Churra a borricate. Resonando el esfuerzo final de aquellos geniales comparsistas. Allí nació el Fleti, pa la posteridad.

De la radio salía la voz del locutor:

-          “Así finaliza la brillante actuación de la Comparsa A Fuego Vivo… A continuación contaremos con la entrevista del Pregonero de este año, Don Ramón Diaz Fletilla…”

La radio quedó en silencio de nuevo. Definitivamente, al parecer. El Churra se bajó de su privilegiada atalaya humana y me miró con los ojos brillantes.

-  Algún día tú y yo pondremos al Falla boca abajo. Y tu serás el Fletilla de la Barzola. Así pasaremos a la posteridad. El Churra y el Fletillla.
-   Pero Churra, nosotros somos sevillanos, y no hemos salido en la vida en una chirigota o una comparsa.
-    Escucha lo que te digo, Fletilla. Algún día un sevillano ganará El Falla.
-        Tú estás loco, Churra.
-        Y además, los gaditanos nacen donde les da la gana. Incluso en la Barzola.

De nuevo en el presente, el autobús se para en La Plaza España – de Cádiz debo aclarar-.  Son las  3 de la mañana. El resto de la agrupación coge sus cosas y se va a su casa, que la tienen cerquita.

Cojo el coche y me dispongo a hacer una hora y media de trayecto, de vuelta a Sevilla.

Mientras conduzco mezclo en mis pensamientos lo vivido durante el  fin de semana. El Telera, el estado de la agrupación, aquella actuación de A Fuego Vivo…Las Palabras del Churra…

Al llegar a Las Cabezas, preparando los 7 , 20 €, musito en voz baja, lleno de melancolía carnavalesca:

-      Los gaditanos nacen donde les da la gana. Pero  hay que pagar un Peaje, Churra…hay que pagar un peaje. Tu bien lo sabes. 


( Continuará…)

lunes, 12 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (II)

Camino de Medina Sidonia, en la parte delantera del autobús, la de pensar, saco mi bloc de notas Rubio, el fiel compañero de composición carnavalesca  donde apunto mis ideas y donde, por el momento, estoy redactando estas humildes memorias.

En los cascos suena “Despacito “ de Luis Fonsi. Esto sí que es un pelotazo, hermano. Vaya cosa guapa.

Me pregunto si esta copla puede servir pa meter una cuarteta de popurri. Y en caso afirmativo, si sería mejor para una cuarteta de las en medio, de las que se duerme el Jurado, o de impacto, pa cerrar  repertorio con el Falla esmorecio….

Mientras le doy vueltas al tema y los más gamberros de la agrupación, los de la parte de atrás, le dan al pasodoble y a parte del atrezzo de Las Ruinas Romanas, yo cierro los ojos y retorno simbólicamente a mi juventud pre carnavalera…

Tras el incidente con la Señorita Maribel y el busto de Paco Alba, el veneno de carnaval permaneció dormido durante algunos años, en los que crecí ajeno al destino que me esperaba.

Asimismo, mi ciudad, mi barrio, mi gente, mi continente de la alegría, permanecía ajeno a los años dorados de Pedro Romero, de Antonio Martín, a los primeros balbuceos de Martínez Ares, y cerraba los ojos a todo lo que oliera a carnaval en general y sobre todo de Cádiz en particular. 

Pero mis padres, tan miarmas como se puede ser, y completamente legos en materia carnavalesca,  tuvieron el acierto de llevarme a veranear a Rota desde muy chiquetito, dándome el privilegio de impregnarme de la sal gaditana, de ver Cádiz a lo lejos cada vez que hacía un castillito  de arena (este pasodoble se escribe casi solo) y de comer Urta  a la Roteña, Arranque y demás manjares, que quieras que no te van preparando para saborear un  tanguillo bien medío o una octavilla de pelito. Va a ser lo mismo veranear en Mazarrón y comerse una paella plastiquera  que en Rota, hombre…  
      
Pero hete aquí que un día, uno cualquiera de esos interminables veranos de los ochenta, mis padres pararon en la mítica Venta de los Cabales, si no recuerdo mal a mitad camino entre Chipiona y Rota. Venta castiza, con su olor a vaca, sus higueras, su tortilla de papas  pa quitar el sentío…

El joven Selu, el proto- Fleti, osea yo mismo, aburrido de escuchar conversaciones que no entendía y de jugar al balón con mi primo Manolito, me metí en parte de bar de la Venta.

Moscas como teleras. Ambiente cargado, mezcla de boñiga de vaca y vino oloroso de la tierra. En la radio Camarón de la Isla. Poca luz, quizás para mitigar los castigos estivales. Tras la barra un tio renegrío y canijo, con un palillo de dientes entre el incisivo que está al lado de las paletas del centro y las paletas del centro propiamente dichas. Mirada amable, con un velo de “ya está aquí el pequeño miarma, a ver qué hace el mamoncete”.

Y como quien no quiere la cosa, disimulando  bajo la escrutadora mirada del mesonero, me acerqué a un rincón del bar, uno especialmente oscuro.

En él, tenebroso y a la vez multicolor, yacía un  expositor de cintas de casette de estos que dan la vuelta. Que por cierto, se están perdiendo, y es una pena.

En la tercera línea de cintas del expositor, al lado del Fary, El Cabrero, las sevillanas de Pepe Da Rosa, y Victor Manuel y Ana Belén, que ese año lo petaban con la Puerta de Alcalá, una cinta curiosa, extravagante, en cuya portada aparecía un tipo vestido con chaqueta verde, bombín, con las manitas apoyadas en las rejas de una mazmorra.

Carnaval 85. Entre rejas. Comparsa Gaditana.



Casi na.

El niño Fleti, todavía virgen en cuestiones carnavalescas, sintió un verdadero espasmo de curiosidad al tocar aquella cinta cuya superficie reflejaba la pringue flotante en el ambiente del local. Más que espasmo de curiosidad podríamos llamarlo incluso epifanía comparsista. Revelación sagrada. Encuentro con el destino.

Quizás fue mi imaginación. Quizás fue por culpa de las 172 veces que vi “El Imperio Contraataca “ pero lo cierto es que, subido al expositor de cassettes se encontraba, tamaño madelman, la figura fantasmagórica de Paco Alba, con el tipo de Los Sarracenos.

-        - Seluuu, aunque Antoñito Martín me dio algún disgusto de los gordos, hoy día es el más grande del mundo del carnaval… pídele a tus padres el dinero y cómprate la cinta.

-        -  ¿Quién eres? ¿Por qué me hablas?

-       -  Soy un viejo amigo tuyo. El de la Gorra, cuando la excursión con la Señorita Maribel.

-        - ¿Por qué te me apareces? ¿Qué tiene que ver la cinta del señor encarcelao? ¿Quin es Antonio Marín? Y mas aún ¿Quién es Pepe el Caja?

-        - Todas las preguntas se responderán a su debido tiempo… -

Con estas palabras y una misteriosa pero pegadiza melodía de fondo, que todavía no identificaba,  la figura fantasmagórica de aquel señor vestido de moro se desvaneció en el viciado aire del establecimiento.

La canícula atacaba inmisericorde. La chicharra zumbaba como el Lali en la presentación de Calle de la Mar.

El de la Venta me miraba con cara rara. Poneos en su lugar. Había visto como un joven miarma hablaba solo con un expositor y le preguntaba quién era Antonio Martín y Pepe El Caja. Nadie podía culparle que reforzase su convencimiento de que en Sevilla estamos todos locos.

El resto de mi recuerdo está borroso, pero conservo claramente en la memoria que mis padres me dijeron que dinero pa tonterías nanay  y que fue un tio mío de Madrid que andaba largo de posibles quien me soltó las pesetas suficientes para adquirir  mi primera cinta de carnaval…

Qué sensaciones viví al escucharla por primera vez será materia de otro capítulo de estas Memorias.

Por hoy es suficiente. Estamos llegando a Medina Sidonia y hay que concentrarse en hacer una buena actuación. Nuestros fans esperan.

Entretanto, en la parte de atrás del Autobús, perfumada a la manera de Marruecos, resuena el trío de Las Ruinas Romanas de Cádiz y en mi mente percute el compás cortao de la copla de Luis Fonsi…

“Mientras el Nooorte fabri-ca las bombas que ti-ranlos crimina-loscriminaaaaleeee”

“Pasito a pasito, suave suavecito…”

“El sur aguaaanta fatiga, tragando saliva, con ferias y cannavaleeee”

“Nos vamos pegando, poquito a poquito…”        

Definitivamente, aquí hay cuarteta pa final de popurrí. Y de las gordas.


( Continuará)

viernes, 9 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (I)


Soy José Luis Compango Martínez. Más conocido como El Fletilla de la Barzola.

Nacido en Sevilla, mi infancia y adolescencia fue la de un niño normal, de esos que juegan al balón en la plazoleta, ligan de poco a nada pero gozan de un exuberante amor propio, en el más amplio sentido de la expresión.

Me propongo escribir mis memorias y pensamientos para dejar constancia al aficionado de las grandes fatigas y duquelas que tuve que atravesar para engrandecer la fiesta que a todos nos une.

Y como es normal, voy a empezar por el principio, no voy ahora yo a ser Martinez Ares y terminar el pasodoble con el pito, que las cosas mejor seguirlas por sus cánones y uno no es El Niño de Santamaría, sino el Fleti, y mejor no sacar mucho los pies del tiesto.

Como digo, fui un niño normal, pero ya desde mi más tierna infancia me notaba diferente al resto. Una vez de chicos fuimos de excursión a Cádiz, y mientras los demás niños hacían el carajote tirando cosas por los bloques del Campo del Sur, yo me quedé arrobado mirando un busto de piedra pelín raro, de un señor con gorra, que parecía querer hablarme. De hecho juraría que llegó a decirme algo parecido a “Yo también nací fuera de Cadíz picha,  y miramé aquí en La Caleta”

La Señorita Maribel, la tutora, me despertó de mi sueño acascarañado, y espetó severa. “Selu, miarma, que se va el Autobús, hijo. Deja de hacer el carajote y vuelve a la fila”.

Total, que le hice caso a la Señorita Maribel, y volví a la fila, no sin antes dedicar una última mirada a la egregia figura de piedra, que juraría se echó la manita al pecho y me guiñó un ojo con picaresca gaditana. O conileña, según se mire.

En el autobús de vuelta fui pensando en el cuasi paranormal suceso. Aquella figura engorrada, aquel aroma a bajamar, aquella luz atlántica…algo en el pequeño Jose Luis Compango había cambiado para siempre, algo tan profundo que el antiguo Selu empezaba a morir y en su lugar empezaba a salir el Fleti que todos conocéis.

Incluso cerré la mano derecha, “ajin” haciendo un puño, y me puse a hacer soniquetes en el cenicero del Bus. Pum, tacatá, ta, ta, ta, ta, Pum, tacatá, ta, ta, ta, ta…

En aquel entonces no entendí aquel gesto, pero hoy lo tengo claro. El veneno del carnaval me había calao hasta en el sentío, corriendo por las venas de mi sangre, y moviendo mi mano derecha al marcar un castizo tres por cuatro sustituyendo mi voluntad por los compases de febrero. (Nota mental: magnifica idea de pasodoble).

Nuevamente la voz de la Señorita Maribel, que ahora que lo pienso fue la primera derrotista de mi carrera, me sacó de mis disquisiciones:

“Selu, miarma, deja de dar toquecitos en el cenicero que no veas la mierda que estás levantando”…

(Continuará)

               

viernes, 2 de junio de 2017

SOY UN ESCRITOR (EN GRADO DE TENTATIVA)


A la hora de seleccionar un tema para el blog siempre surgen, concatenadas, una serie de dudas que permiten, no obstante, aportar previamente al texto una serie de elementos que en ocasiones aderezan la entrada con alguna frase de impacto.

En el presente caso, juzguen ustedes, el título me parece que entra de lleno en esa categoría.

Cuando comencé a barruntar el presente tema me dio por pensar que había que aportarle un  toque normativo, quizás judicial, y dentro de ese ámbito, tocando de lleno la jurisdicción penal, porque algunos de los personajes que describo a continuación, madre mía de mi “arma”, son pa meterlos en la cárcel.

Empezando por mí mismo.

O no.

Verán. Me refiero a la legión de aristas que da este país.

Escritores transgresores,  cantantes de duende,  escultores de tronío,  diseñadores de aúpa,  poetas de pellizco,  filósofos de hondura,  youtubers de éxito,  influencers a secas, que ya es mucho,  monologuistas con gracia fina, tuiteros de seca y acertada ironía.

Peña muy talentosa, con una barbaridad de tiempo para colapsar la red desde sus perfiles de Instagram, Facebook, twitter y  otros.

Señores y señoras  tocados por la divina gracia de las musas, seres humanos especiales que se elevan  de la gris carroña del común mortal gracias a sus dones artísticos y con cada nota, cada palabra, cada trapito, cada chiste y cada mierda,  hacen ascender al propio género humano y  nos limpian del barro primigenio de nuestra condición de animales. 

Dotados no sólo de un formidable talento, sino también de una inquebrantable buena opinión sobre sí mismos que suele traducirse en un absoluto desprecio por su audiencia, o mejor dicho por su no audiencia, que es igual de inquebrantable que nuestros artistas en su decisión de ignorar los magníficos trabajos que cada poco nos ofrecen estos humanistas modernos.

Ellos, nuestro blanco de hoy, quizás yo mismo, piensan con total seriedad que el motivo de su falta de  éxito pertenece a los insondables arcanos de la mala suerte,  e incluso a una oscura mano negra que mueve los hilos trendy y lleva  a los navegantes a los perfiles de Facebook equivocados.

Pero distingamos.

En este tipo de fauna pueden distinguirse dos subespecies.

En primer lugar, la que hace esto por divertirse y, por qué no, para  satisfacer un prurito de tonadillera, cupletera o vedette y exhibirse ante el público bajando la escalera con su tocado de plumas, pero sin abandonar un sano sentido de autocrítica.

En segundo lugar, los que verdaderamente se creen elegidos por algún dios pagano para asombrar al mundo y hacer nuestra existencia más llevadera con sus cositas. Los que creen que el noventa y nueve por ciento del respetable no es digno de ser respetado. Los que creen que en su persona se  sintetiza la Corte de  Luis XIV, o la Divine Gauche, o la Florencia de Los Medici, o la Novela Gótica, o el Flamenco de la Cava, o las subidas por la banda de Rafael Gordillo.

Y todo lo demás apesta. Apestamos. O apestáis.

Y si su talento no es reconocido, es por culpa de la ESO, o porque son demasiado guapos, o porque se les tiene envidia, o porque la gente carece de paladar.

Autocrítica señores. Ironía y sentido del humor con uno mismo. Y Lorazepan cada 4 horas. 

Si alguno de los lectores hace examen de conciencia y se identifica con este segundo grupo, coja conmigo el flagelante látigo de siete colas virtual que les ofrezco y sigan mi ejemplo.

Soy un escritor en grado de tentativa. Soy un escritor en grado de tentativa. Y así hasta mil veces en la pizarra.

Y  digan conmigo: Soy un youtuber, influencer, artista multidisciplinar,( ponga su mierda en este espacio) en grado de tentativa.

Y si la gente no me hace caso, no me lee o no compra mis mierdas…

Es básicamente porque no valgo un duro.



P.S: Advertencia legal. Ninguno de mis amigos o conocidos responde a los execrables perfiles aquí descritos. Ni yo mismo. O si.