jueves, 13 de julio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (VI)

En ocasiones la inspiración se encuentra cerca de la calle y   lejos de la guitarra. Jamás he creído en aquella frase qie dice que la inspiración debe pillarnos trabajando. Más que nada porque trabajar sin parar en una obra artística lo que conduce es al engollipamiento musical y /o literario y a crear productos con gran olor a prefabricado.

Estar inspirado es un estado indefinible y difuso, una suerte de paroxismo nacido del hallazgo de una idea presuntamente cojonuda – aunque probablemente lamentable- e hijo de la adrenalina producida por una combinación de brutal autoconfianza  con la promesa de un arrollador éxito que alimente el lado  más narcisista del compositor.    
                   
O chispa más o menos.

Que por cierto, me gustaría aclarar una cosa. Muchos de los lectores de estas humildes memorias se sorprenden de la riqueza de mi léxico y  la trabajada sofisticación de mis frases subordinadas. No deberían.

No en vano, como saben muchos de mis más fieles seguidores, soy Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Hispalense y lector voraz de novela, especialmente negra, aunque también de otras tonalidades. Cosa distinta es que,   al acercarme al lenguaje carnavalesco, a la composición de carnaval, aplique agua a  la paleta de colores, diluya la sofisticación, me  acerque al pueblo llano, sin perder un toque de matiz culto que pueda satisfacer al paladar más exigente.

Pero una cosa sí que digo y siempre defenderé. Hay palabras que no están hechas para la composición carnavalesca. Entre ellas destacan sobremanera las palabras “conyuntura” “bursátil” y la propia “sobremanera” y “otrosí”. “Sin ambages” y “resiliencia” pueden servir para un popurrí, pero cuidado, nunca en la misma frase.

Y nunca, pero nunca jamás, utilizar una de esas palabras como final de frase cuando haya quejío y/o octavilla zumbona. Cierre los ojos el lector e imagine al Telerita entonando “ Sobremaneraaaaaaaa”  a toda garganta, como si fuera El Piojo y El Pellejo dándole a “Los inmortaaaaaaaaleeeeeeeeeeeeehheeeeehhhhhhhhh”.

Abandonando la disgresión (chuparos esa) y retomando el asunto de la inspiración,  como ya se narró en el capítulo anterior, la coyuntura carnavalesca de mi keli invitaba a Las Musas a salir despavoridas a los sones del “Novio de la Muerte”. Así que seguí el camino de Clío, Talía, Erato, Euterpe, Polimnia, Calíope, Terpsícore, Urania y Melpómene y me fui a la calle, a la busca de algún bache (o bar, que dicen los no gaditanos)  con la intención de poner en mi cuerpo alguno de los elementos químicos necesarios para la pócima de la inspiración.

Y como no podía ser de otra manera, acabé en Triana, no esperando gran cosa pero a la vez con la vaga expectativa de vivir una noche memorable. Exactamente igual que una abonado de La Maestranza antes de una corrida de Curro Romero.

En esas hice el paseíllo a la parroquia con barra en “ele” y suelo anteriormente cubierto con serrín (Sanidad, reflexione sobre la prohibición)  cuyo rótulo exterior reza “Taberna El Picador” y en realidad es mejor conocido por – y simplemente- el nombre de pila de su Virrey, que no dueño.

Manué. Vamos al Manué. Vengo de casa Manué. ¿Dónde estás? Donde Manué. Pues eso. Nada nuevo. El Manué. 

Manué y su eterna cara de cabreado, Manué, sus tres tapas y su infinita carta de vinos y licores. El cartel de “Se prohíbe el cante” más fariseo de la historia de Triana. La licencia de apertura  y horarios más flexibles de la flexible historia del arrabal marinero en materia de ordenanzas municipales.

La Parroquia de San Manué, con sus santos por lo civil y por lo penal.

-Buenas noches a todos menos a uno.

Aquel saludo se había convertido prácticamente en un mantra social del carnaval sevillano, a veces incluso con acierto. Y en ocasiones incluso con acierto doble.

-Buenas noches- Respondió un coro de  siniestros personajes, acodados en la barra de la taberna.
-Buenas noches Fleti- dijo Manué, con aquel saludo con matiz de pregunta que  esperaba la comanda de bebida y /o tapa.
- Un botellín fresquito. Gracias.
-Aquí tienes.
-¿ Qué animá está la cosa hoy, no?

Manué, que con el paso de los años había convertido su taberna en la Suiza carnavalera sevillana, me miró con neutralidad ginebrina. Aun así pude detectar un brillo socarrón en su mirada.

A dos metros el Churra y sus adláteres. A cuatro el León de San Marcos y sus amigos, los intelectuales carnavalescos.

Al Churra hacía años que no lo veía. Al León me lo encontraba con frecuencia por los bares del barrio, aunque rara vez nos dirigíamos la palabra. La tensión era comparable a la que se vive en el COAC cuando el Secretario del Jurado pronuncia  la mítica frase “ En la Ciudad de Cádiz”. Las dos tertulias fingieron continuar con su conversación, pero el juego de miradas no tenía nada que envidiar al de la última escena del  “Bueno, El Feo, y el Malo”.

Viéndome sólo Manué se esforzaba en darme palique. Que si sus niños, que si el Betis, que sí qué tal el homenaje al Telera Viejo…Y yo, que soy hombre de poco disimulo, le debí responder con tanta malage que el ínclito tabernero terminó mandándome a la celebérrima Venta. 

-Ahora hablamos Fleti, que tengo que hacer cosas en la cocina.

Aunque en realidad sonaba a “que te den por culo” y “ quédate ahí con estos dos”.

Me sumergí en mi botellín fresquito, aunque tratando de escuchar disimuladamente las conversaciones de mis dos archienemigos.

El Churra:
-El pasodoble de “Los Cundi”, perdonadme, pero es un pelotazo.  Y no se me valoró en Cádiz, para lo bueno que era. EL trio era pa comerme los huevos. De la Viña total. Porque yo amo esto desde chico y tengo ese duende de Cai. Lo quieran reconocer o no….

Tan modesto como siempre.   El Farfolla y el Cucu lo miraban con arrobo.

El León:
-Las últimas comparsas del Jona me dejan altamente indiferente. Es incomprensible que haya caído en la reiteración de temas, estructurando su discurso compositor en unas líneas de atavismo carnavalesco, que, en mi humilde opinión, rozan lo “kirsch” y sabeis que yo nunca me equivoco con estas cosas…

Otro modesto, aunque al menos  había reconocerle el don de la oratoria y cierta belleza exótica pero muy atrayente. A su lado, barbados caballeros, El Palaustre y el Fósforito, tan intelectuales como él, deseando que se callara para meter su discurso igualmente pedante y lleno de palabras extrañas.

A pesar de mis muchos años de vida carnavalera – un año de vida como carnavalero vale por siete humanos -   y de lo cínico que es este mundo, no dejo de tener un cierto espíritu infantil que me lleva  a esperar lo mejor de cada persona y a recordar con nostalgia aquellos buenos momentos vividos. Y con aquellos seis (Churra, Cucu, Farfolla, León, Palaustre y Fósforo) viví uno de los momentos más gloriosos dela historia del carnaval sevillano.

El Coro Los Albañiles de la Giralda. El primer Coro de fuera de la provincia de Cádiz.

Es el momento de abrir mi Cuaderno Rubio.  Si, sé que hoy tocaba cronológicamente mi debut en el Falla, pero el arte a veces es caos, y este salto en la historia ha venido como maza al bombo, tenéis que reconocerlo.
Año 2003.

Un histórico autor gaditano y un adolescente majara trianero (De cuyos nombres me acuerdo perfectamente pero han amenazado con demandarme si los uso) se coaligan para poner en marcha un proyecto de locos: un Coro desde Sevilla, el primero en la Historia.

Tras unos comienzos difíciles el Coro fue tomando cuerpo con una mezcla de chavales del barrio (¿Dónde estarás ahora, Platita?), de componentes turistas del carnaval y un puñado de escogidos carnavaleros sevillanos, entre ellos  El Churra y yo, más nuestros inseparables Cucu y Farfolla. Incluso llevábamos una chavala de pueblo que decía que tocaba la bandurria (aún sigue sin demostrarlo).

Enero. El ensayo de aquella noche era esencial. Por vez primera se había podido reunir la orquesta al completo, y además venía el autor a darnos las últimas instrucciones antes del debut en el Falla.

Sin embargo, el local del ensayo- en el Mercado de Triana- estaba cerrado y nadie tenía las llaves. Drama y pánico en las filas coristas, hasta que un iluminado tuvo una magnifica idea:

-No hace mala noche. Poneos los abrigos y ensayamos abajo del Puente de Triana.

Y allí que nos fuimos. Alegremente formados, con la orquesta a los pies del río,  delante como corresponde a un coro y la cuerda de bajos casi apoyada en la muralla del Castillo de la Inquisición entonando los añejos tangos gaditanos que nos había preparado el autor de nombre prohibido.

El relente no podía con nosotros. La ilusión de aquellos más de cuarenta sevillanos (y algún gaditano) fue capaz de sobreponerse a todas las dificultades y llevar de la manera más digna posible un tango desde el mismo Guadalquivir hasta la plaza Fragela.

Podría ponerme poético y decir que aquella noche un barquito de coplas descendió el Río que une Sevilla con Cádiz, pero prefiero ser más prosaico  y decir que aquella noche fue el principio del final de la inocencia del Carnaval de Sevilla y el comienzo de la era moderna.

Cierro el cuaderno rubio y me llevo el botellín sin que Manué se dé cuenta. Bajo por el Callejón de la Inquisición y me siento debajo del puente de Triana, pero mirándolo desde la izquierda. Enciendo un Chester y miro las luces reflejadas en el ancho cauce del Río.





Y de repente, rodeado de aquel inspirador entorno, me acuerdo de un carro de caballos a modo de batea, entrando en la plaza de Las Flores con cuatro tíos vestidos con la camiseta del Betis.

Y me parto el carajo, como aquella noche. No, no la noche de aquel ensayo.

Otra noche…

Yo tengo un barrio…

(continuará)

domingo, 2 de julio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (V)

Cafelito por delante. Cigarrito liao. En la pared dos posters. Uno de Led Zeppelin, si ese, el del Jimmy Page con el traje negro de las luces rojas y blancas. El otro la comparsa Calabaza en el escenario del Falla. Antiguos, y cada uno a su manera, increíblemente modernos aún décadas después de sus épocas de gloria.

Aprovecho para decirte Antonio – sé que me lees-  que La Eternidad y los Cobardes son dos pedazos de comparsas, pero la ingenuidad que le daba a tus repertorios la voz del Nandi ya no la tienes, picha, perdona que te lo diga. Aunque también tengo que decir, cosas mías, que tus dos comparsas desde la vuelta me recuerdan más a tu primera época que las comparsas “amartinadas” que me hiciste después de romper con Subiela. Muero contigo, Antonio, nunca mejor dicho.

Como decía, cafelito y gigarrito liao. Los dos posters ya mencionados. El Cuaderno Rubio en la mesa, en la sección “Repertorio 2018”

Título provisional “En la yema de tus dedos”.

Guitarra preparada. Meto un acorde y empiezo a hacer compás de pasodoble. Intento una letra de “medía”. Las palabras babuchazo y “fracazo” bailan en mi mente. No, por ahí, no. Todavía tengo muy fresco el fracaso de Los Plumeros Gaditanos, y no me gustaría que la primera letra estuviera teñida de frustración carnavalesca.

Intentémoslo por el camino de la poesía en abstracto. Cierro los ojos e imagino la Alameda al atardecer. Aparece en la imagen El Sheriff componiendo el pasodoble de Los Mosquitos. Su puta madre. Borro la imagen de La Alameda y pienso en La Caleta en baja mar. Aparecen en la imagen el Libi y  Manolito Santander cantando el pasodoble del “Movimiento del 36” y, por razones que no llego a comprender, Faly Mosquera pregonando camarones, con su cálida voz. Así es imposible, carajo.

Ni sentimientos ni poesía gaditana en abstracto. Tiremos de oficio… “En la yema de tus dedos”…Vamos de teclado “Qwerty”… Cádiz tecléame el corazón, Cádiz tu eres el Bloq Mayús de mi inspiración,  por ahí, por ahí pueden ir los tiros…


Meto acorde en la guitarra, compás templaito y solemne. Van saliendo las cosas. No es el mejor pasodoble de mi carrera pero lo importante es la música, que va fluyendo. La idea tiene posibilidades.

Ya me veo  los arreglos de orquesta y guitarra. Ante del remate le voy a decir al cajilla que le dé con las baquetas al borde de la caja, imitando el sonido de un teclado. Cuando lo escuchen se me tira alguno de gallinero pa abajo. Como si lo viera.

Me emociono  en el final del pasodoble, imaginando el ruido de teclado hecho con la caja, y el grupo zumbando por derecho con la frase final del pasodoble:

(tacacatacacatacac)

“Ay Cádiz  has daao en la teclaaaaaaaa”

Me aplaudo mentalmente y e incluso se me escapa un “ole”, emocionado perdido. De repente, del otro lado de la pared, a todo volumen:

“Nadie en el Tercio sabíaaaaaaaa, quien era aquel legionarioooo, tan audaz y temerarioooo que a la Legión se alistooooooó…”

Mi vecino. Juan Telechía. El Alferez Telechía. Ex militar fraquista. Ex director del Banco Hispano Américano. Se dice que sonrió una vez en 1973, pero no nadie lo ha podido asegurar. Me dirijo a la fina pared que me separa del vecino.

- ¿Juan, puede usted bajar la música? Es que estaba componiendo…
- Ya te he oído chavalote. Ya te he oído. Una verdadera mierda de las tuyas. Por eso te he puesto “El Novio de la Muerte” a ver si te inspiras y haces algo que valga la pena.
- Pero verá Juan. Estoy componiendo una comparsa de carnaval. ¿Cómo quiere usted que me inspire en el himno de la Legión?
- Es que yo no quiero que te inspires y hagas una  comparsa de esas. Yo quiero que hagas un pasodoble español, resaltando los valores de la raza española,  con su proverbial e  inquebrantable unión de destino en lo universal y sin desmayo ante la subversión Podemita y  masónica que nos rodea.
- Esos conceptos son mu profundos para un pasodoble, Juan. De verdad se lo digo.
- ¿E ir de teclado es fácil? El Caudillo sí que entendió a los murguistas gaditanos esos...
- Por favor Juan, no empiece...
- ...Prohibiendo las mascaradas sodomitas y los canticos irreverentes en lo social…Y además, niñato, a ver si se te nota que eres de Sevilla, y te cantas una del Pali...
- Sin faltar Juan, que yo.
- ...Que te has creido que eres de La Viña, y eres de la Barzola, por mucho que tu quieras.
- Venga, ¿Ya se ha quedado a gusto Juan?
- No ha estado mal. Ya te dejo tranquilo. Pero si no te importa voy a seguir poniendo recia música española. Le voy a subir un poquito el volumen, que ya sabes que se me quedó  regular el oído cuando lo de Brunete…

“Soyyyy el nooooooooooooooooooovio de la muerte
Que va a unirse en brazoooooo fuerteeeeee"


Con este ruido no hay manera de componer, así que abro el cuaderno Rubio por la sección de  “Memorias” y me zambullo en mis recuerdos de juventud…

    La chirigota “Los bañistas morceguetas, de excusión a la Caleta” se encontraban a días  de su debut en el Falla. Sin embargo, en uno de los últimos ensayos, el cajilla y el bombista, ambos trabajadores de Astilleros Sevilla (si, en Sevilla había Astilleros) nos ofrecieron una terrible noticia:

- Ha dado la casualidad que ambos trabajamos en el mismo equipo, y nos destinan con carácter urgente a terminar un barco  a El Ferrol. Estaremos fuera seis meses. Lo sentimos mucho pero no podremos salir en la chirigota.

Total, que nos quedamos sin percusión a dos semanas de El Falla.Cebero parecía derrotado. Todavía lo recuerdo con su ronca y algo melancólica voz:

- La chirigota estaba buenísima. Pero así es imposible. ¿Dónde encontramos un caja y un bombista en Sevilla? No me queda otro remedio que disolver la agrupación. El año que viene veremos.

Espelunca, el Churra y yo, no nos queríamos rendir. La noche de la noticia estábamos tomando unos litros en el Arenal, en la calle detrás del Arco del Postigo, y comiendo pipas, cuando a Espelunca se le ocurrió  una idea:

- Señores, he considerado, con el permiso de ustedes, que podríamos salvar la situación  de la siguiente forma. En Sevilla hay poca gente que le guste el carnaval. Pero  gente que toque la caja y el bombo hay “cienes”…

Los tres nos miramos con aire cómplice. En tres buches de Litrona,  estábamos en los bajos de la Torre del Oro. Allí estaba terminando su ensayo la Banda de las Tres Caídas:

- Yo conozco a un tío que toca el tambor en la banda. Es amigo de los Salesianos.  El Rodríguez. A ver si se enrrolla- comentó El Churra, al que le gustaba ir de macarra por la vida, pero había estudiado en un colegio de curas.

Cuando acabó el ensayo nos acercamos al Rodriguez. Le comentamos el tema y no pareció importarle:

- Ahora, yo os lo digo. No he tocao por carnavales en mi vida. Y si os digo la verdad ni me gustan, pero por echaros el cable…

El Rodríguez fue de los primeros especímenes que me encontré de lo que he dado en  llamar “Componentes Turistas del Carnaval”. Especie autóctona de Sevilla en cuya descripción ahondaremos en próximas entregas de estas Memorias.

El Rodri cogió a uno tan aburrido como él, Luis Yoldi, de familia bien sevillana, y lo enroló en la chirigota. El Yoldi medía  1.59 y pesaba como 50 kilos, y sin embargo portaba el bombo con   gracioso donaire.

El Yoldi era la demostración de la teoría arcana carnavalesca que describe que el Alfa y el Omega se basa en la  demarcación de Bombista de Chirigota, que o bien son gordos  cual novillo argentino o canijos como el Yoldi, sin posibilidad de solución intermedia.

Espelunca no cabía en si de gozo:
- Os lo juro por mi gente y por mi tierra. Estos dos “shavales” son grana y oro y van a salvar la papeleta.

El Churra y yo, más escépticos, manteníamos una alegría moderada, pero alegría al fin y al cabo. Ahora se trataba de probar a los nuevos percusionistas.

Avisamos a Cebero y  organizamos en un ensayo. Quizás el último.

Cebero formó a la chirigota y se puso al lado de los percusionistas, dándoles  instrucciones sobre el compás a marcar. Cantamos el pasodoble. Paramos un par de veces hasta que los músicos cofrades cogieron el peculiar baqueteo del tres por cuatro gaditano. No fue mal la cosa.

El cuplé. El Popurrí. Los chavales marcaban  los compases perfectamente. No en vano venían de una de las mejores bandas de Sevilla.

Miramos a Cebero. Había que ir al Falla a toda costa. Cebero miró a Ceberito, quien asintió con la cabeza:

- Esta gente vale. Podremos ir al Falla. Aunque vamos a sonar como El Caballo entrando en Campana con “Cristo del Zurraque”…Pero vamos al Falla. Y que el Señor de las Tres Caidas nos coja confesaos...

Espelunca, El Churra y yo nos abrazamos eufóricos y cogimos al Rodri y a Yoldi en hombros, como si fueran – completando los tópicos sevillanos-  Emilio Muñoz y Curro Romero saliendo por la Puerta del Principe.

La Plaza Fragela – aunque yo no tenía ni idea de que existiera tal pintoresca estampa callejera gaditana-  estaba más cerca.

(Continuará)

sábado, 24 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (IV)

Hoy hay reunión con el grupo. Quizás la última.

El verano se está acabando y con él las actuaciones. Nos quedan pocos bolos por hacer y hay que afrontar el meollo de la cuestión. ¿El grupo del Lechuga seguirá con el Fleti? ¿ EL Fleti montará un nuevo grupo para el Carnaval 2018?

Nos reunimos en el local de ensayo. En teoría hemos quedado para repasar el repertorio de la antología de mi celebrada comparsa  “ Los Pelusas”.

Aunque el nombre a priori pueda mover a cachondeo, nada más lejos de la realidad. Los  críticos más dificiles  y los aficionados más malages destacaron la profundidad de las letras y se rindieron ante la  trabajada alegoría de una pelusa de ombligo como paradigma de los parias de la sociedad y la inexistencia de recursos para establecer una verdadera escalera social que favorezca la desaparición de la clases sociales. Sencillito.

Lo más difícil fue el tipo. Clavar el disfraz de una pelusa de ombligo requirió un verdadero esfuerzo de diseño y confección que supuso la unión de tres talleres de costura carnavalesca con muchas Agujas de Oro a sus espaldas.
Pero el efecto visual na más abrirse las cortinas del Falla, el asombrado “ohhh” que recorrió desde butacas a Paraiso, que maravilla recordarlo…Casi podría decirse nos llevamos el Primer Premio antes de abrir la boca, cuando el aficionado vio a esas quince pelusas humanas esperando las órdenes del Lechuga para empezar a cantar.

Hasta el abogadito ese pijo y sieso, el León de San Marcos, que no tiene ni puta idea de carnaval,  tuvo que hocicar y  habló bien de la comparsa. Y eso que no me traga. Ni yo a él, pa que nos vamos a engañar.  Pero ya hablaremos del chufla ese en su debido momento. 

Volviendo a la reunión, el Lechuga toma la palabra y se dirige a la agrupación. Intenta templar gaitas y habla sobre la calidad de los repertorios de los tres últimos años. Dice que los Jurados no los han valorado. Que el peso de Los Pelusas es demasiado grande, y estamos compitiendo con aquel primer Premio más que contra las restantes comparsas. Ahí lleva razón.

El Telera Shico interviene  para decir que los repertorios habrán estado muy currados, pero que el estilo profundo ya no se lleva, que a la gente se la pelan las reivindicaciones sociales, que el Primer Premio de hace cuatro años, pues eso, que fue hace cuatro años, y que ahora se lleva otro estilo a la hora de afinar las comparsas. Que al aficionado le gustan los contraaltos y los octavillas aunque no se entienda que están cantando.Pues tampoco está equivocao, lamentablemente…

El Willy, sorprendentemente, toma partido por mí. Yo creo que quiere hacerse el longui y quedar de neutral por si la comparsa me manda a la Venta y  se hace el con la autoría. Dice que la comparsa está güena, y que el Jurado no ha sabido valorar el estilo psicodélico carnavalesco de los últimos años. Dice que a él Los Plumeros Gaditanos, la comparsa de este año,  le ha llegado al corazón como metáfora del payaso carnavalero y su frustración a la hora de establecer una corriente de sinergia entre los sentimientos del comparsista y la diversión del espectador, produciéndose una incomprensión mutua que aisla al comparsista del espectador y viceversa. Lo clavado el chavea. Se nota que está leido. Tiene futuro. No sé si como autor de comparsa o como camarero en Benidorm, pero tiene futuro, el mamón.

Las palabras de Willy provocan la polémica en la agrupación, y cada uno comienza a hablar sin orden ni concierto. Se entremezclan las conversaciones, y nadie hace caso al Lechuga, que trata de poner orden en vano.

Me rebullo en la parte del fondo del local de ensayo. Me echo un cacique – cola. Cierro los ojos y espero que se callen, pero mientras tanto, el primer buche de Cacique y la posturita así con los ojitos cerrados me doy una zambullá gorda en mis recuerdos de juventud,llegando a otra época, otra agrupación, y otro estilo de dirigir muy diferente a lo de hoy…

Corría el mes de septiembre de 1988. El Churra y  yo habíamos contactado con otros chavales de nuestra edad, el Farfolla y el  Cucu, todos ellos aficionados al carnaval gaditano, con los que íbamos a cantar de vez en cuando a  una Peña flamenca que había en el Turruñuelo, Triana.



Aunque allí gustaba más Camarón,  Mairena y Riqueni que Antonio Martín, Rosado o Romero, yo creo que les hacíamos gracia y  nos dejaban quedarnos allí  a cantar mientras no hubiera algo de flamenco.

Lo cierto es que un día se nos acercó un hombre. Se presentó educadamente:

- Me llamo Francisco Cebero. Soy carnavalero y sevillano. Llevo años buscando gente joven que sea aficionada al carnaval. ¿Os gustaría hacer una chirigota y cantar en El Falla?    

El Churra me miró incrédulo. Yo le devolví una mirada perpleja. El Farfolla nos miró a ambos dos patidifuso. El Cucu se mostró desconcertado.

El Cebero nos visualizó de forma inquisitiva.

El del ambigú de la Peña trataba de matar una mosca, que en el Turruñuelo se crían como Miuras.

Tras unos tensos segundos de espera en los que la pregunta de Cebero parecía flotar sobre el  grasiento ambiente de la Peña, yo mismo me apresuré a decir que si, iniciando e este modo la historia del Carnaval sevillano contemporáneo.

Y debo remarcar que fui yo quien lo dijo, y no El Churra. Si, ya sé que él va diciendo que fue quien le dijo a Cebero que sí. Y si, el Farfolla y el Cucu le dan la razón – que van a decir los chavales, si llevan años comiendo del Churra- pero fui yo quien dio el sí. Lástima que Cebero, el único que podría haber dicho la verdad, ya no esté con nosotros…

Total, que al mes de aquel feliz encuentro nos vimos en la Peña, citados por Cebero. Allí junto a los ya mencionados chavales del grupo que sería como conocido como “Los cuatro del Fleti” o según otras fuentes menos fidedignas “La gente del Churra”,  y el propio Cebero, y su hijo Ceberito, estaba un grupo de cuarentones y cincuentones que rápidamente fueron presentados por nuestro nuevo Director como gaditanos y sevillanos de la Barriada Elcano, supuestamente grandes conocedores del carnaval gaditano.

Once notas.

El Cebero se puso delante de nosotros y nos dijo:

- Tengo nombre y parte de repertorio. Nos llamaremos “ Los Bañistas Morceguetas de excursión a La Caleta “. La idea es muy buena. Seremos unos  bañistas de La Caleta que se pasan el día mirando a las chavalas. Fijaros la cantidad de cosas que se le pueden sacar al tipo.

A  nosotros en realidad nos daba lo mismo. Como si íbamos de teclado "Qwerty". La ilusión por ir al Falla podía con todo y en aquella época el asunto del lenguaje sexista no estaba en el debate diario. Y pa que engañarnos, todavía se llevaban – y mucho- las chirigotas de pelo.

Cebero siguió hablando:

-El pasodoble y el cuplé lo ha hecho un amigo mío gaditano. Cai puro. Los puretas iremos con bañador y camiseta y los chavales en tanga.

Si, queridos lectores, décadas antes de que El Cascana lo hiciera Los Cuatro del fleti ya se colaron en el Falla marcando paquete. Que ahora muchos quieren ir de revolucionarios y transgresores, pero en los ochenta, y en Sevilla, se empezaban a hacer cosas muy interesantes.

- Ensayaremos tres veces por semana. A las ocho y media en  La Peña. Si no encontramos a alguien que sepa  más, me encargaré yo de afinar la chirigota. La cuestión del dinero: el autor  gaditano me ha cobrado cien mil pesetas por el pasodoble y el cuplé. EL tipo nos lo va  a hacer un sastre gaditano, y dice que nos lleva otras diez mil calas por tipo. Sumando el bombo, la caja y los pitos de caña auténticos, más gastos de representación, cuotas y tasas de inscripción. Total Veinticinco mil del ala por cabeza. Eso de momento. Ya haremos papeletas y demás.

Crucé una mirada de sospecha con El Churra. ¿Diez mil calas por un bañador y a lo más, unas chanclas cangrejeras? ¿Gastos de representación, cuotas y tasas?. ¿ Cuanto habían costado los instrumentos, si la guitarra que llevaba Cebero tenía hasta verdín en el segundo traste?.  Sonaba a camelo barato. Los puretas de la Barriada Elcano miraban a Cebero como si fuera el mismísimo Felipe González. El Cucu y el Farfolla nos miraban a nosotros pero no entendían nada.

El niño de Cebero nos miró con malicia y rápidamente miró a su padre, quien, a su vez, rápido como era, nos dedicó una fugaz mirada y un comentario lleno de maldad:

- Para ir al Falla sobran las matemáticas. Vosotros haced lo que se os dice y veréis como en febrero estamos cantando en Cádiz.

El Churra y yo nos callamos, pero recibimos la primera lección de una asignatura casposa y poco conocida para el aficionado. El poder y el dinero en el carnaval, o más bien, el poder del dinero. Cebero tenía el poder. Nosotros debíamos encontrar el dinero. Así de sencillo. Así de mísero.

Una voz fina salió de la parte trasera del local.

- Señores, no quiero molestar, pero ¿Todavía tienen hueco en su agrupación de ustedes? Les he estado escuchando, y me gustaría cantar las cosas de Cai. He escuchado algunas veces a estos señores cantando y tengo dos o tres cintas de “murgas” en mi casa. Y aportar alguna letrilla, si pudiera ser, que modestamente soy capaz de hacer unos versos, ya lo verán.

Voz atiplada, marcado acento sevillano, eligiendo cuidadosamente las palabras, sonrisa perenne en la boca. Mirada de inteligencia.

-Y ¿Se puede saber cómo te llamas? – preguntó Cebero.
- Salvador Espelunca, el Espelu del Turruñuelo.
- Pues sí que puedes entrar en la chirigota. Pero de letras ni mijita. Aquí las letras las hago yo. Pues ea, ya somos doce. El lunes  que viene empezamos.

Así. Contundente. Sin ruegos ni preguntas. Esto es lo que dicen mis cojones y esto es lo que se va a hacer. El tipo, el presupuesto, el repertorio y absolutamente todo lo demás. Igualito que las agrupaciones de ahora, que parecen una asamblea de Podemos.

Igualito que mi comparsa.

Cierro el bloc de notas y le doy el último sorbo a mi cacique cola. Por lo que veo todavía están discutiendo como grillos.

El Telerita, con su insoportable voz de pito, le grita al Lechuga que hay muchos autores y que el mismo Willy puede escribir el repetorio. El Willy - Judas como el sólo-  se echa las manos a la cabeza y grite que soy un genio del carnaval, el Juan Carlos Aragón sevillano ( yo pienso, modestamente, que más bien Juan Carlos es el Fleti de la Laguna) El Lechuga me mira desconsolado, pidiendo alguna intervención que acabe con el tangai.

Me voy a la puerta de  la calle y pego un pedazo de grito a lo Cristiano Ronaldo recogiendo el Balón de Oro. Cuando consigo que me miren los dieciséis, y justo antes de cerrar la puerta de un portazo les digo:

- Afinad la comparsa como os salga de la polla. Como si quiere cantar solo el Telerita. Pero el repertorio es cosa mía. Y vamos a ir de teclado “Qwerty”. Por mis cojones.

(continuará)

lunes, 19 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (III)

              
Reina un silencio de cuplé malo en el autobús de vuelta.

La mezcla de sustancias legales, ilegales y mediopensionistas, y lo vivido en el escenario donde se ha celebrado el XI Encuentro Comparsista “Telera Viejo”    ha hecho decaer el ánimo del grupo a niveles preocupantes. Se masca la tensión.

Una vez más me siento sólo. En los dos significados de la expresión. Pienso que el grupo se está partiendo en dos y para mi desgracia, una de las partes es El Fleti, y la otra todos los demás, postulante incluido. Ya no me fio  ni de las botellas de agua que me pasa Caldito, nuestro asistente, que esta gente son muy cabrones. Ni  siquiera “El Lechuga”, el Director, parece  apoyarme.

La cosa es que al final de la actuación, como fin de fiesta, normalmente cantamos la famosísima Rumba del Fleti,  composición picaita de compás con la que deleitamos al respetable, meonas incluidas. Por cierto que lo de meonas suena mu feo y algún día habrá que dedicarle un pasodoble  al tema, revisado desde el enfoque del lenguaje no sexista.

Pero a lo que voy; Hoy, como era el homenaje de su padre, he dejado que el Telera Shico se luzca, en su tierra y ante su gente. Que menos.  Pese a que el Telera Shico no tiene el pellizco que tenía su pare, ni de lejos,   la cosa no iba demasiado mal mientras que   el chaval conservaba la melodía del tenor por derecho. Pero de repente, en el estribillo, donde la rumba invita al pueblo a ser cómplice de la composición con aquello tan célebre “La Rumba del Fleti ( dice el solista) “Ese Fleti güeno, Ese Fleti  gúeno”…(respuesta de los coros y del público) el Telerita me ha hecho un quejío de 37 segundos, con la vocal “i” y dos tonos por arriba de lo que se estaba cantando.

Tras el atronador “ole” de las miccionadoras (entiendo que este término, aunque provisional, es mucho más asumible) he mirado a la orquesta y he decidido parar la actuación.

Así no. En el homenaje al Telera Viejo menos.

Tuve la fortuna de salir con Fali Telera en una de sus últimas comparsas, “Purpurina, Pierrot, Arlequín y otros comparsistas de postín” con aquel melancólico pasodoble homenaje  a los bigotes que llevaban los tenores antiguos de comparsa y allí al primero que daba un quejío se le  invitaba  a cerrar la puerta por fuera.

Así no Telerita, picha. Así no. Quejios en mi comparsa ni mijita. 

Parece mentira que estos chavales, que son gaditanos de nacimiento, no tienen ni idea de la esencia del carnaval añejo. Y ha tenido que llegar uno de la Barzola para  enseñárselo.

Pero en fin, que el respetable se ha quedado de piedra cuando he mandado bajar a la comparsa y el grupo más aún. Pero esto es lo que hay.

Al bajar del escenario, el Willy, el más polémico (autor de juveniles, pa que te quiero contar) ha musitado entre dientes “Luego que no se extrañe si no pasamos de Cuartos”.  Pues no pasamos, carajo…Pero quejíos ni mijita….
                           
             
 Ajeno  a las voces intencionadamente distorsionadas que llegan desde la parte de atrás del Autobús con proclamas tales como “ Fletilla cabrón” y “ Miarma mamona”          me pongo los cascos y abro mi cuaderno Rubio.  Selecciono de forma no casual el popurrí de “Purpurina, Pierrot, Arlequín y otros comparsistas de postín “ y comienzo a sumergirme en mis recuerdos…

Corría el año 1987. 

Mi descubrimiento carnavalesco había sido continuado por medio de la adquisición de todas las cintas de carnaval que pude encontrar. Con la fe de un converso, comencé a abandonar todo tipo de música que no fuera la carnavalesca, y cualquier otro hobby que no fuera el carnaval. Incluso me eché un amigo al que también le gustaba el carnaval, José Alfredo Carneado, el Churra de León XIII. Un verdadero picao de la fiesta gaditana, cuando en Sevilla cabíamos en un taxi.

José Alfredo tenía un tío en Cádiz que llevaba una recova en la calle Pasquín y era quien le mandaba cintas, libretos, y le avisaba de las cosas del Concurso. Aquel año Antoñito Martín sacaba una comparsa de  impactante nombre: “A Fuego Vivo”.

Una mañana de febrero  El Churra me despertó con un timbrazo:

-          Selu, picha, esta noche canta la Comparsa de Antoñito Martín
-          Churra, picha (éramos los dos únicos sevillanos por aquel entonces que usábamos el picha gaditano. Luego vendrían más…) ¿Cómo vamos a hacer pa escucharla?
-          Retransmiten por Radio Cádiz. He pensao un invento para poder escucharla. Vente por la noche a  mi bloque.



Allí que estábamos los dos, a la hora convenida. Según la teoría del Churra, que era y es un tío listo  (lo cortés no quita lo valiente) la azotea de su bloque estaba orientada a levante, y cuando soplaba el homónimo viento la conexión sonora con la Tacita de Plata se hacía mucho más fácil.

Además había equipado su radio con una antena de fabricación casera, juntando varios alambres de forma abigarrada rematados por un colador con restos de colacao.
-          Mi tío dice que cantan ahora. Vamos a buscar la sintonía de Radio Cádiz. Onda media.

El Churra accionó la radio con la ilusión de un chiquillo. Del aparato salió una voz engolada pero brillante, con un deje muy particular:

“ Sobre el escenario, la Comparsa del Niño de San Vicente, A Fuego Vivo ¡¡”

-          ¡ Coño, funciona ¡ Te lo dije. Que iba a funcionar.
-          Calla, que empieza la presentación.

Amortiguadas por el  zumbido característico de la onda media y la lejanía con la capital gaditana, quince voces comenzaron a cantar:

-          Y Al amaaaaaaaaanecerrrrrrrr….. Consumio en llamaaaaaaaaas….
-          Que pelotazo, Churra, picha.
-          Qué maravilla Selu.  ¡ Calla ¡

Arrobados por la potencia de las voces comparsistas, con El Caracol en papel muy destacado, el grupo de Martín  iba desgranando su repertorio hasta que, al llegar al inicio del segundo pasodoble, la señal de radio se fue debilitando hasta perderse totalmente.

-          Joder, se ha perdido la señal. Espera que voy  a mover la antena.
El Churra comenzó a  girar el colador con la esperanza de recuperar la señal radiofónica.
-          Mira, se escucha algo.
-          “Delta, Fox Trot, Mike, Sierra”! QSP ¡ Adelante..”
-          ¿ Esto qué es? ¿Ya está cantando El Cuarteto?
-          Que va, es un radio aficionado. Lo sé porque mi vecino de Cuarto B lo es y lo escucho por la noche decir estas pamplinas. Mueve el colador, quillo, que nos perdemos la actuación.

Tras un rato de búsqueda infructuosa, El churra tuvo una de sus legendarias pero poco ortodoxas ideas.

-          Selu, cógeme a cabrito. A ver si es cosa de la altura.

Ni corto ni perezoso cogí al Churra a cabrito, en Cádiz llamado a borricate. Mí  por aquel entonces buen amigo y futuro socio carnavalesco se me subió a los hombros  y  alzó el radiocasete todo lo que pudo, ofreciéndolo al cielo de León XIII cual  Iker Casillas levantando la Eurocopa.
Como si los hados carnavalescos recogieran la ofrenda, del radiocasete salió un potente chorro de voz:

-          “Ahhhhaaaaaaaaaahhaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhh” ¡¡ 

Y el remate de un sordo sonido de caja y un platillazo, en medio de una ovación atronadora. Los vellos de punta al recordarlo.

Allí, en la azotea del Churra. Con el Churra a borricate. Resonando el esfuerzo final de aquellos geniales comparsistas. Allí nació el Fleti, pa la posteridad.

De la radio salía la voz del locutor:

-          “Así finaliza la brillante actuación de la Comparsa A Fuego Vivo… A continuación contaremos con la entrevista del Pregonero de este año, Don Ramón Diaz Fletilla…”

La radio quedó en silencio de nuevo. Definitivamente, al parecer. El Churra se bajó de su privilegiada atalaya humana y me miró con los ojos brillantes.

-  Algún día tú y yo pondremos al Falla boca abajo. Y tu serás el Fletilla de la Barzola. Así pasaremos a la posteridad. El Churra y el Fletillla.
-   Pero Churra, nosotros somos sevillanos, y no hemos salido en la vida en una chirigota o una comparsa.
-    Escucha lo que te digo, Fletilla. Algún día un sevillano ganará El Falla.
-        Tú estás loco, Churra.
-        Y además, los gaditanos nacen donde les da la gana. Incluso en la Barzola.

De nuevo en el presente, el autobús se para en La Plaza España – de Cádiz debo aclarar-.  Son las  3 de la mañana. El resto de la agrupación coge sus cosas y se va a su casa, que la tienen cerquita.

Cojo el coche y me dispongo a hacer una hora y media de trayecto, de vuelta a Sevilla.

Mientras conduzco mezclo en mis pensamientos lo vivido durante el  fin de semana. El Telera, el estado de la agrupación, aquella actuación de A Fuego Vivo…Las Palabras del Churra…

Al llegar a Las Cabezas, preparando los 7 , 20 €, musito en voz baja, lleno de melancolía carnavalesca:

-      Los gaditanos nacen donde les da la gana. Pero  hay que pagar un Peaje, Churra…hay que pagar un peaje. Tu bien lo sabes. 


( Continuará…)

lunes, 12 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (II)

Camino de Medina Sidonia, en la parte delantera del autobús, la de pensar, saco mi bloc de notas Rubio, el fiel compañero de composición carnavalesca  donde apunto mis ideas y donde, por el momento, estoy redactando estas humildes memorias.

En los cascos suena “Despacito “ de Luis Fonsi. Esto sí que es un pelotazo, hermano. Vaya cosa guapa.

Me pregunto si esta copla puede servir pa meter una cuarteta de popurri. Y en caso afirmativo, si sería mejor para una cuarteta de las en medio, de las que se duerme el Jurado, o de impacto, pa cerrar  repertorio con el Falla esmorecio….

Mientras le doy vueltas al tema y los más gamberros de la agrupación, los de la parte de atrás, le dan al pasodoble y a parte del atrezzo de Las Ruinas Romanas, yo cierro los ojos y retorno simbólicamente a mi juventud pre carnavalera…

Tras el incidente con la Señorita Maribel y el busto de Paco Alba, el veneno de carnaval permaneció dormido durante algunos años, en los que crecí ajeno al destino que me esperaba.

Asimismo, mi ciudad, mi barrio, mi gente, mi continente de la alegría, permanecía ajeno a los años dorados de Pedro Romero, de Antonio Martín, a los primeros balbuceos de Martínez Ares, y cerraba los ojos a todo lo que oliera a carnaval en general y sobre todo de Cádiz en particular. 

Pero mis padres, tan miarmas como se puede ser, y completamente legos en materia carnavalesca,  tuvieron el acierto de llevarme a veranear a Rota desde muy chiquetito, dándome el privilegio de impregnarme de la sal gaditana, de ver Cádiz a lo lejos cada vez que hacía un castillito  de arena (este pasodoble se escribe casi solo) y de comer Urta  a la Roteña, Arranque y demás manjares, que quieras que no te van preparando para saborear un  tanguillo bien medío o una octavilla de pelito. Va a ser lo mismo veranear en Mazarrón y comerse una paella plastiquera  que en Rota, hombre…  
      
Pero hete aquí que un día, uno cualquiera de esos interminables veranos de los ochenta, mis padres pararon en la mítica Venta de los Cabales, si no recuerdo mal a mitad camino entre Chipiona y Rota. Venta castiza, con su olor a vaca, sus higueras, su tortilla de papas  pa quitar el sentío…

El joven Selu, el proto- Fleti, osea yo mismo, aburrido de escuchar conversaciones que no entendía y de jugar al balón con mi primo Manolito, me metí en parte de bar de la Venta.

Moscas como teleras. Ambiente cargado, mezcla de boñiga de vaca y vino oloroso de la tierra. En la radio Camarón de la Isla. Poca luz, quizás para mitigar los castigos estivales. Tras la barra un tio renegrío y canijo, con un palillo de dientes entre el incisivo que está al lado de las paletas del centro y las paletas del centro propiamente dichas. Mirada amable, con un velo de “ya está aquí el pequeño miarma, a ver qué hace el mamoncete”.

Y como quien no quiere la cosa, disimulando  bajo la escrutadora mirada del mesonero, me acerqué a un rincón del bar, uno especialmente oscuro.

En él, tenebroso y a la vez multicolor, yacía un  expositor de cintas de casette de estos que dan la vuelta. Que por cierto, se están perdiendo, y es una pena.

En la tercera línea de cintas del expositor, al lado del Fary, El Cabrero, las sevillanas de Pepe Da Rosa, y Victor Manuel y Ana Belén, que ese año lo petaban con la Puerta de Alcalá, una cinta curiosa, extravagante, en cuya portada aparecía un tipo vestido con chaqueta verde, bombín, con las manitas apoyadas en las rejas de una mazmorra.

Carnaval 85. Entre rejas. Comparsa Gaditana.



Casi na.

El niño Fleti, todavía virgen en cuestiones carnavalescas, sintió un verdadero espasmo de curiosidad al tocar aquella cinta cuya superficie reflejaba la pringue flotante en el ambiente del local. Más que espasmo de curiosidad podríamos llamarlo incluso epifanía comparsista. Revelación sagrada. Encuentro con el destino.

Quizás fue mi imaginación. Quizás fue por culpa de las 172 veces que vi “El Imperio Contraataca “ pero lo cierto es que, subido al expositor de cassettes se encontraba, tamaño madelman, la figura fantasmagórica de Paco Alba, con el tipo de Los Sarracenos.

-        - Seluuu, aunque Antoñito Martín me dio algún disgusto de los gordos, hoy día es el más grande del mundo del carnaval… pídele a tus padres el dinero y cómprate la cinta.

-        -  ¿Quién eres? ¿Por qué me hablas?

-       -  Soy un viejo amigo tuyo. El de la Gorra, cuando la excursión con la Señorita Maribel.

-        - ¿Por qué te me apareces? ¿Qué tiene que ver la cinta del señor encarcelao? ¿Quin es Antonio Marín? Y mas aún ¿Quién es Pepe el Caja?

-        - Todas las preguntas se responderán a su debido tiempo… -

Con estas palabras y una misteriosa pero pegadiza melodía de fondo, que todavía no identificaba,  la figura fantasmagórica de aquel señor vestido de moro se desvaneció en el viciado aire del establecimiento.

La canícula atacaba inmisericorde. La chicharra zumbaba como el Lali en la presentación de Calle de la Mar.

El de la Venta me miraba con cara rara. Poneos en su lugar. Había visto como un joven miarma hablaba solo con un expositor y le preguntaba quién era Antonio Martín y Pepe El Caja. Nadie podía culparle que reforzase su convencimiento de que en Sevilla estamos todos locos.

El resto de mi recuerdo está borroso, pero conservo claramente en la memoria que mis padres me dijeron que dinero pa tonterías nanay  y que fue un tio mío de Madrid que andaba largo de posibles quien me soltó las pesetas suficientes para adquirir  mi primera cinta de carnaval…

Qué sensaciones viví al escucharla por primera vez será materia de otro capítulo de estas Memorias.

Por hoy es suficiente. Estamos llegando a Medina Sidonia y hay que concentrarse en hacer una buena actuación. Nuestros fans esperan.

Entretanto, en la parte de atrás del Autobús, perfumada a la manera de Marruecos, resuena el trío de Las Ruinas Romanas de Cádiz y en mi mente percute el compás cortao de la copla de Luis Fonsi…

“Mientras el Nooorte fabri-ca las bombas que ti-ranlos crimina-loscriminaaaaleeee”

“Pasito a pasito, suave suavecito…”

“El sur aguaaanta fatiga, tragando saliva, con ferias y cannavaleeee”

“Nos vamos pegando, poquito a poquito…”        

Definitivamente, aquí hay cuarteta pa final de popurrí. Y de las gordas.


( Continuará)

viernes, 9 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (I)


Soy José Luis Compango Martínez. Más conocido como El Fletilla de la Barzola.

Nacido en Sevilla, mi infancia y adolescencia fue la de un niño normal, de esos que juegan al balón en la plazoleta, ligan de poco a nada pero gozan de un exuberante amor propio, en el más amplio sentido de la expresión.

Me propongo escribir mis memorias y pensamientos para dejar constancia al aficionado de las grandes fatigas y duquelas que tuve que atravesar para engrandecer la fiesta que a todos nos une.

Y como es normal, voy a empezar por el principio, no voy ahora yo a ser Martinez Ares y terminar el pasodoble con el pito, que las cosas mejor seguirlas por sus cánones y uno no es El Niño de Santamaría, sino el Fleti, y mejor no sacar mucho los pies del tiesto.

Como digo, fui un niño normal, pero ya desde mi más tierna infancia me notaba diferente al resto. Una vez de chicos fuimos de excursión a Cádiz, y mientras los demás niños hacían el carajote tirando cosas por los bloques del Campo del Sur, yo me quedé arrobado mirando un busto de piedra pelín raro, de un señor con gorra, que parecía querer hablarme. De hecho juraría que llegó a decirme algo parecido a “Yo también nací fuera de Cadíz picha,  y miramé aquí en La Caleta”

La Señorita Maribel, la tutora, me despertó de mi sueño acascarañado, y espetó severa. “Selu, miarma, que se va el Autobús, hijo. Deja de hacer el carajote y vuelve a la fila”.

Total, que le hice caso a la Señorita Maribel, y volví a la fila, no sin antes dedicar una última mirada a la egregia figura de piedra, que juraría se echó la manita al pecho y me guiñó un ojo con picaresca gaditana. O conileña, según se mire.

En el autobús de vuelta fui pensando en el cuasi paranormal suceso. Aquella figura engorrada, aquel aroma a bajamar, aquella luz atlántica…algo en el pequeño Jose Luis Compango había cambiado para siempre, algo tan profundo que el antiguo Selu empezaba a morir y en su lugar empezaba a salir el Fleti que todos conocéis.

Incluso cerré la mano derecha, “ajin” haciendo un puño, y me puse a hacer soniquetes en el cenicero del Bus. Pum, tacatá, ta, ta, ta, ta, Pum, tacatá, ta, ta, ta, ta…

En aquel entonces no entendí aquel gesto, pero hoy lo tengo claro. El veneno del carnaval me había calao hasta en el sentío, corriendo por las venas de mi sangre, y moviendo mi mano derecha al marcar un castizo tres por cuatro sustituyendo mi voluntad por los compases de febrero. (Nota mental: magnifica idea de pasodoble).

Nuevamente la voz de la Señorita Maribel, que ahora que lo pienso fue la primera derrotista de mi carrera, me sacó de mis disquisiciones:

“Selu, miarma, deja de dar toquecitos en el cenicero que no veas la mierda que estás levantando”…

(Continuará)