miércoles, 7 de enero de 2015

AMANECIENDO, SEGUNDA PARTE: MANCO Y NINJA




Imagino que cuando leas esto  ya habrás acumulado los suficientes trienios a la vera de tu ajado padre como para poder entender mi  presunto sentido del humor  y mis maldades, de las que espero seas partícipe y cómplice parapetado detrás de esa sonrisa constante que desde luego no has heredado de mí, loados sean los Dioses.

Hoy, casi cuatro meses después de tu llegada a este mundo, y haciendo retrospectiva en relación a mi experiencia como padre, debo decirte que gracias a ti he adquirido y estoy perfeccionando  dos habilidades  que quizás puedan serme útiles en un futuro. 

O no.
Manco

Si,  hijo mío, te resultará quizás increíble, pero en el primer cuatrimestre de tu vida, chispa más o menos, pasas en brazos el 78.93 % del tiempo que estás despierto y un no desdeñable 42.23 % del que pasas dormido. 

Perdona a tu padre novato, pero antes de tu llegada yo creía que los bebés eran  seres semovientes que sólo precisaban de arrullos y cariños ocasionales y podían coexistir pacíficamente con el concepto de estar tumbados y despiertos en un carrito  / minicuna / cuna o cualquier otra superficie más o menos lisa en que la que se te depositara. Craso error por mi parte.

Nada más lejos de la realidad,  en estos cuatro meses he podido comprobar que tienes una verdadera aversión a dichas superficies y que, por el contrario, eres un verdadero fan de los puntos de apoyo humano, llegando al extremo de desatar una furia incontenible en el que caso de que se te prive de ellos. 

Tal es tu furia leonina que he optado por comprar el pleito, que decimos los abogados, y en la medida de lo posible, desarrollar  todo un elenco de actividades con una sola mano al objeto de evitar tu disgusto.

Pero le estoy cogiendo el tranquillo. Ahora miro por encima del hombro a todas esas personas con dos extremidades que desarrollan sus actividades cotidianas  con el privilegio, por ellos desconocido, de contar con un brazo derecho y un brazo izquierdo.

Si probasen  lo que supone  adoptar todo tipo de posturas circenses para realizar con una mano actos que no procede aquí enumerar mientras se sujeta a una criatura de más de siete kilogramos con la otra, sabrían que se están perdiendo lo mejor de esta vida.

NINJA

Otra de las características que he venido observando en tu comportamiento es que estás dotado de energía suficiente como para proporcionar electricidad a México D. F.  y que tienes el sueño ligero como una pluma. 

La caída de una gota de rocío sobre una hoja  en un árbol situado en un radio de trescientos metros de donde te encuentres situado puede hacer que te despiertes, obligando a tus congéneres a reiniciar el fatigoso proceso de cansarte y dejarte dormido, que incluye carantoñas, caballitos, cánticos, biberones, cambios de temperatura, puesta  o eliminación de ropajes, retirada y sustitución de pañales e incluso sacrificios rituales en honor del dios Morfeo. 

De ese modo, debo estarte eternamente agradecido al haber conseguido que desarrolle mis habilidades ninja a niveles desconocidos en la historia de ese gremio de mercenarios japoneses.

Soy capaz de moverme a oscuras, silencioso como un monje de clausura, sigiloso como una serpiente. 

La necesidad de hacer poco o ningún ruido y con ella la obligación de poner los aparatos audiovisuales al mínimo volumen posible me han hecho desarrollar el sentido auditivo de un murciélago, no siendo exagerado manifestar que ya no escucho la televisión por medio de los tradicionales sonidos emitidos por dicho aparato sino a través de las ondas de radio que pudieran emitir. 

Y lo que no entiendo, pues me lo invento, que ya se sabe que la imaginación al poder y todo eso.

CONCLUSIÓN

Casi cuatro meses después de aquel amanecer que compartimos contemplando las preciosas vistas de la idílica zona ajardinada del Hospital de la Mujer de Sevilla lo cierto es que nos vamos conociendo y comprendiendo, lo que significa en este escenario que yo te voy comprendiendo a ti y tú te limitas a sonreírme con la consiguiente caída de baba de tu barbudo padre. A ti también se te cae – profusamente-  y aunque la pediatría (especialidad médica que merece una entrada aparte) nos diga que ese fenómeno obedece a un cambio fisiológico relacionado con el cambio de dieta y la dentición lo cierto es que yo prefiero pensar que se debe a la admiración rendida que me profesas. 

Pero hoy no hemos venido a rascarnos la espalda querido tocayo. Te quiero y lo sabes, pero eso mejor te lo digo en persona. 

Hoy quiero, parafraseando el lacrimógeno texto con el que celebré tu venida, dejarte otra información que quizás sea útil para tu futuro:

“ Quizás algún día el amanecer te sorprenda agarrando a tu hijo recién nacido tal  que si fuera una sandía de Los Palacios, mientras con la otra mano tratas de desenchufar el móvil, recoger el chupete, y preparar un biberón con sus correspondientes ocho cucharaditas rasas de leche en polvo, todo ello sin hacer el mínimo ruido, a oscuras, y tras haber dormido cuatro horas.

Sólo así comprenderás esto que te escribo”.

En La Comarca, amanecer de cualquier día de estos últimos cuatro meses. Y que vengan muchos más.

3 comentarios:

alonso dijo...

Muy bien, ahora solo te falta perfeccionar el llevar uno en cada brazo y haciendo un semicírculo conseguir que se sujeten por presión y así liberar tus dos manos que podrás usar a modo de garra no articulada para coger algo que tengas enfrente o apartar a un tercero que te molesta dándote tirones del pantalón.
Eso si una vez alcanzado ese estado la parte ninja cae un poco en desuso ya que el silencio y la paz en el hogar quedan reducidas a mera leyenda que cuentan los ancianos ante la hoguera para calentarse en las frías noches de noviembre.

¿Qué, que te las veías muy felices cuando eras solo tío y padrino, verdad?

Bienvenido al club del que ya jamás podrás salir

Paco Rodríguez dijo...

Digno de una tesis doctoral, como sobrevir a la paternidad a la patita coja

Leon de San Marcos dijo...

Muchas gracias Paco ¡¡