sábado, 24 de enero de 2015

ENCUENTRO CULTURAL ENTRE SEVILLA Y CADIZ, A DOCE ASALTOS.




Afrontar este artículo se asemeja mucho a caminar de noche sobre un puente a punto de derrumbarse sobre un río lleno de cocodrilos, pirañas y todo de tipo de alimañas sedientas de sangre. 

No obstante como, por una parte, esto lo leen cuatro gatos, y por otra,  casi todas esas alimañas suelen tomar cerveza conmigo de vez en cuando, voy a atreverme a coger el toro por los cuernos  y a escribir con toda la sinceridad posible. 

El mundo, según Fernando Villalón, se divide dos: Sevilla y Cádiz, Cádiz y Sevilla. Y esas seguimos incluso después de haber transcurrido muchas décadas desde aquella memorable frase del poeta gaditano. 

La polémica levantada por la actuación de la comparsa sevillana “Los que barren pa casita” no ha hecho más que poner un escalón más en esa escalada de acción- reacción, amor – odio que es la relación entre las dos capitales desde casi que la Historia las parió.

Y no, no se equivoquen. El problema no es la libertad de expresión, ni la falta de respeto, ni la provocación, ni la especial sensibilidad frente a Sevilla que hay en Cádiz. El problema es que no hay problema. Dejen que me explique.

Aquí cada uno arrima las castañas a su fuego. Cuevas ha dado un zapatazo encima de la mesa, acercando tanto el petardo a la llama que ha terminado causando la explosión del gallinero. Si la provocación fue premeditada o no,  sólo él lo sabe y su comparsa. Si intentaba llamar la atención o desvelar  que la rivalidad en Sevilla y Cádiz, aparentemente olvidada, seguía vigente, o un poco de las dos cosas, a través del piropo a Sevilla, sólo a su esfera de responsabilidad corresponde.  

Y el gallinero, patio de butacas, palco platea o mi amigo Víctor en su casa, tienen derecho a indignarse y abuchear. A cagarse en los rilis (perdón por lo de rilis) de Javi Cuevas y toda su comparsa e incluso a sacar viejas rencillas del armario y cuestionar la vertebración de Andalucía y el estado autonómico en general. 

Pero se nos olvida que esto es el Concurso, señores, copla, folklore, morbo, piropo y crítica. Aplauso y abucheo.

Tan divertido como intrascendente y pasajero. 

Ni Cuevas es Braveheart defendiendo el honor sevillano ni  los gritones  del gallinero son cavernícolas atrincherados en  la censura  a todo lo no gaditano. Ambos no son más que simples peones de un juego cuyas reglas todos conocemos. De la misma forma que el gallinero explotó con el famoso cuplé de Los Ángeles Caídos, o  abuchea sin piedad a un cuarteto infame, o tira claveles a Entre Rejas al final del popurrí. Pasión desbordada y sin control, con un leve punto hortera.

Esto es carnaval, señores, que no se nos olvide. Para aplaudir con mesura y guardar exquisitos  modales ya tenemos la Ópera y al Orfeón Donostiarra. Del otro lado, para ofrecer repertorios asépticos y comedidos, ya tenemos al Bell Canto y a Mocedades. 

El Libi, del que no conozco su opinión pero estoy seguro habrá sonreído de medio lado ante la travesura de la comparsa sevillana,  es el que de siempre ha tocado esta tecla con la mayor de las maestrías. Vistiéndose de Papa, metiéndose con la Comparsa del Puerto, o ironizando sin piedad sobre el mundo sevillano, con su Chirigota “Sevilla tuvo que ser,  miarma”.

Todo esto forma parte del mismo cocktail de ingredientes: la provocación o el riesgo al asumir un repertorio,  el piropo, la crítica, la búsqueda de notoriedad, el pasodoble trágico, la rivalidad entre autores y componentes, entre ciudades. La fatua hoguera de las vanidades que es el Concurso de Agrupaciones – o en lo que ha venido convirtiéndose en los últimos años-  ha degenerado en una casi enfermiza búsqueda de lo pirotécnico, a través de cualquier medio – incluso cameos – y en la que el escándalo o el aplauso  duran  un bendito y entretenido mes y se marchitan cuando el Jurado recita por última vez ese mantra que tantos corazones acelera “En la ciudad de Cádiz…”.

Pero no, no llevemos esto más lejos. No extrapolemos. Sevilla y Cádiz se llevan tan bien o tan mal como siempre, tienen más o menos problemas comunes o entre ellos, pero  con carácter independiente al COAC, ese maravilloso espejismo que nos hace gozar durante un mes, justo antes del Carnaval. 

Y hay mucho “falserío”.  

Gaditanos que van a Sevilla a llevárselo calentito habiendo previamente jurado que mueren por la tacita y  no aparecen en Cádiz durante la semana de Carnaval. 

Sevillanos que piropean a la Calle Plocia sin saber si está en la Viña, el Mentidero o en San Fernando. El que les escribe, sin ir más lejos, carnavalero de tercera división en otros tiempos. 

Gaditanos que abjuran de todo lo miarma y se van de tapaillo  a ver la Amargura por la calle Santa Ángela. 

Y mi especie favorita: sevillanos tan obsesionados con el Concurso (que no la fiesta) que son capaces de luchar contra el incipiente carnaval de su tierra  dinamitando un proyecto de certamen o mentir sobre su procedencia para  suavizar su pasado miarma y así conseguir un pasaporte de gaditano de nuevo cuño y optar con mayor facilidad a los premios. 

Y a todos ellos- nosotros- sólo me queda deciros que disfrutemos. Del bastinazo de Cuevas, de las posibles coplas y declaraciones  de reacción – algunas desde el lado miarma de la trinchera, ya lo veréis- y en general de Sevilla y de Cádiz, con sus cosas buenas y malas. 

Y los que tengan intereses espurios, que disfruten con ellos. Que se gasten con salud los euros,   o que se miren al espejo diciendo “Soy el sucesor natural de Fletilla a pesar de haber nacido en La Barzola” o “Cantarle a la Macarena en el Falla es como rasgar el velo del Templo de Jerusalén, pero a Punta Umbría no, y de camino yo trinco con los no gaditanos que vienen  a concursar sean de Sevilla o de Santoña”

Pero por favor, los demás no. Los demás sigamos  disfrutando libremente y sin prejuicios de lo que nos guste de cada sitio y sanseacabó. 

Esto no es más que un  nuevo asalto en el encuentro cultural entre Sevilla y Cádiz. Una carajotada de proporciones épicas, y punto de apoyo para los que teorizan sobre la imbecilidad de los andaluces. 

Aunque eso sí, enormemente divertida.

P. S: Todo lo aquí manifestado, en especial lo relativo a los afectados por el Síndrome “Lloro viendo los ladrillos coloraos media hora después de haberme bajao del Autobús que ha aparcado cerquita de Plaza España y  que nos recoge a las dos, cuando acabe la sesión" ha sido escrito con el mayor de los cariños y estoy dispuesto a desdecirme a poco que haya el más mínimo amago de violencia física o acciones judiciales.

miércoles, 7 de enero de 2015

AMANECIENDO, SEGUNDA PARTE: MANCO Y NINJA




Imagino que cuando leas esto  ya habrás acumulado los suficientes trienios a la vera de tu ajado padre como para poder entender mi  presunto sentido del humor  y mis maldades, de las que espero seas partícipe y cómplice parapetado detrás de esa sonrisa constante que desde luego no has heredado de mí, loados sean los Dioses.

Hoy, casi cuatro meses después de tu llegada a este mundo, y haciendo retrospectiva en relación a mi experiencia como padre, debo decirte que gracias a ti he adquirido y estoy perfeccionando  dos habilidades  que quizás puedan serme útiles en un futuro. 

O no.
Manco

Si,  hijo mío, te resultará quizás increíble, pero en el primer cuatrimestre de tu vida, chispa más o menos, pasas en brazos el 78.93 % del tiempo que estás despierto y un no desdeñable 42.23 % del que pasas dormido. 

Perdona a tu padre novato, pero antes de tu llegada yo creía que los bebés eran  seres semovientes que sólo precisaban de arrullos y cariños ocasionales y podían coexistir pacíficamente con el concepto de estar tumbados y despiertos en un carrito  / minicuna / cuna o cualquier otra superficie más o menos lisa en que la que se te depositara. Craso error por mi parte.

Nada más lejos de la realidad,  en estos cuatro meses he podido comprobar que tienes una verdadera aversión a dichas superficies y que, por el contrario, eres un verdadero fan de los puntos de apoyo humano, llegando al extremo de desatar una furia incontenible en el que caso de que se te prive de ellos. 

Tal es tu furia leonina que he optado por comprar el pleito, que decimos los abogados, y en la medida de lo posible, desarrollar  todo un elenco de actividades con una sola mano al objeto de evitar tu disgusto.

Pero le estoy cogiendo el tranquillo. Ahora miro por encima del hombro a todas esas personas con dos extremidades que desarrollan sus actividades cotidianas  con el privilegio, por ellos desconocido, de contar con un brazo derecho y un brazo izquierdo.

Si probasen  lo que supone  adoptar todo tipo de posturas circenses para realizar con una mano actos que no procede aquí enumerar mientras se sujeta a una criatura de más de siete kilogramos con la otra, sabrían que se están perdiendo lo mejor de esta vida.

NINJA

Otra de las características que he venido observando en tu comportamiento es que estás dotado de energía suficiente como para proporcionar electricidad a México D. F.  y que tienes el sueño ligero como una pluma. 

La caída de una gota de rocío sobre una hoja  en un árbol situado en un radio de trescientos metros de donde te encuentres situado puede hacer que te despiertes, obligando a tus congéneres a reiniciar el fatigoso proceso de cansarte y dejarte dormido, que incluye carantoñas, caballitos, cánticos, biberones, cambios de temperatura, puesta  o eliminación de ropajes, retirada y sustitución de pañales e incluso sacrificios rituales en honor del dios Morfeo. 

De ese modo, debo estarte eternamente agradecido al haber conseguido que desarrolle mis habilidades ninja a niveles desconocidos en la historia de ese gremio de mercenarios japoneses.

Soy capaz de moverme a oscuras, silencioso como un monje de clausura, sigiloso como una serpiente. 

La necesidad de hacer poco o ningún ruido y con ella la obligación de poner los aparatos audiovisuales al mínimo volumen posible me han hecho desarrollar el sentido auditivo de un murciélago, no siendo exagerado manifestar que ya no escucho la televisión por medio de los tradicionales sonidos emitidos por dicho aparato sino a través de las ondas de radio que pudieran emitir. 

Y lo que no entiendo, pues me lo invento, que ya se sabe que la imaginación al poder y todo eso.

CONCLUSIÓN

Casi cuatro meses después de aquel amanecer que compartimos contemplando las preciosas vistas de la idílica zona ajardinada del Hospital de la Mujer de Sevilla lo cierto es que nos vamos conociendo y comprendiendo, lo que significa en este escenario que yo te voy comprendiendo a ti y tú te limitas a sonreírme con la consiguiente caída de baba de tu barbudo padre. A ti también se te cae – profusamente-  y aunque la pediatría (especialidad médica que merece una entrada aparte) nos diga que ese fenómeno obedece a un cambio fisiológico relacionado con el cambio de dieta y la dentición lo cierto es que yo prefiero pensar que se debe a la admiración rendida que me profesas. 

Pero hoy no hemos venido a rascarnos la espalda querido tocayo. Te quiero y lo sabes, pero eso mejor te lo digo en persona. 

Hoy quiero, parafraseando el lacrimógeno texto con el que celebré tu venida, dejarte otra información que quizás sea útil para tu futuro:

“ Quizás algún día el amanecer te sorprenda agarrando a tu hijo recién nacido tal  que si fuera una sandía de Los Palacios, mientras con la otra mano tratas de desenchufar el móvil, recoger el chupete, y preparar un biberón con sus correspondientes ocho cucharaditas rasas de leche en polvo, todo ello sin hacer el mínimo ruido, a oscuras, y tras haber dormido cuatro horas.

Sólo así comprenderás esto que te escribo”.

En La Comarca, amanecer de cualquier día de estos últimos cuatro meses. Y que vengan muchos más.