lunes, 17 de agosto de 2015

UN NUEVO ANDALUCISMO




Permítanme el folclorismo: el andalucismo es como la “farsa monea” de la antigua copla. Ha ido de mano en mano, de partido en partido,  y ninguno ha sabido quedárselo, por más que lo proclame a los cuatro vientos.

A la izquierda sólo restan los residuos del andalucismo jornalero (y pelín trasnochado, por qué no decirlo) de Gordillo y sus conmilitones. Más a la izquierda los movimientos radicales autoproclamados independentistas,  sin  apoyo electoral y/o social significativo.

La derecha, representada en sentido histórico por UCD y en sentido  político contemporáneo por el Partido Popular, acumula un largo historial negativo en este aspecto. 

Queda en la memoria colectiva la campaña de UCD solicitando el voto en blanco en el referéndum de autonomía, la dimisión de Clavero, y la sensación general de que para los centristas de aquella época,  Andalucía era y debía seguir siendo una región de segunda. 

La era de Aznar, en la que la Administración del Estado parecía estar  más centrada en perjudicar al PSOE-A  que en gobernar a Andalucía, llegando a negar incluso la propia existencia 400.000 andaluces, vía censo,  no mejoró las cosas. Muy al contrario, aquellos años sirvieron al PSOE- A  para terminar de apoderarse del andalucismo, vía defensa contra el Estado Central. Con su habitual sagacidad electoralista, el PSOE supo hacer pensar al votante con sensibilidad andalucista que un voto al PP era un voto contra Andalucía, y a la inversa,  el PSOE era la única opción que podría defender los intereses de la región sureña. 

En tierra de nadie, el Partido Andalucista se hacía el harakiri  una  y otra vez, con tanto denuedo que al final logró su empeño. Mientras las huestes del puño y la rosa se envolvían en la bandera blanca y verde, una endémica indefinición ideológica, luchas enquistadas entre los diferentes barones y unas filas repletas de cuadros arribistas y con poco sentido de la disciplina de partido, llevaron a la práctica destrucción de la organización política que  había enarbolado la bandera del andalucismo desde finales de la dictadura de Franco. 

En sentido puramente ideológico, el andalucismo político quedó amortizado con la consecución de las reivindicaciones de autogobierno por la vía del artículo 151 de la Constitución Española. La escasa participación electoral en el referéndum por el nuevo Estatuto de Autonomía de 2007, apenas un 36 %, acreditó a todas luces que al pueblo andaluz poco o nada le interesaba la profundización de su autogobierno ni las definiciones sentimentales sobre la “realidad nacional” de Andalucía y demás argumentos arcanos, del gusto de cuatro politólogos y ajeno a la realidad de la sociedad de nuestra región.

Pero el andalucismo sigue siendo necesario. Más que nunca si cabe.

Por no andarme con más rodeos: Andalucía mantiene un diferencial de PIB per cápita respecto a la media española prácticamente igual al que existía en 1980. En concreto, En 1980, el PIB per cápita andaluz era el 74% del nacional y en 2014, el 77%. La dinámica convergente no se ha producido pese a la recepción por nuestra  autonomía de 79.642 millones de euros procedentes de fondos comunitarios europeos y una cantidad similar aportada por el Estado por medio de transferencias competenciales. 

La  causa de este fracaso económico (y por ende social)  hay que buscarla  en un régimen político que no prima al crecimiento y a la inversión y /o riesgo empresarial  sino a la búsqueda de prebendas, rentas, y canonjías por medio de la obtención de favores políticos de toda clase.
 
La asfixiante burocracia autonómica, su desmesurada administración paralela,  el sistema de concesión y obtención de subvenciones, la inseguridad jurídica reinante, la falta de competitividad de su sector agrícola, la casi inexistencia de un sector industrial fuerte, han venido lastrando a Andalucía, haciéndonos perder tres décadas cruciales para el negro futuro que se avecina.

Es por tanto esencial volver a levantar la bandera del andalucismo. No en sentido ideológico, puesto que el pueblo andaluz entiende, con su sabiduría milenaria, que  ha pasado la hora de las reivindicaciones y ha llegado la hora de la regeneración.

Ya tenemos el musculo político, nuestras instituciones de autogobierno.
Ya tenemos las universidades, las carreteras, las vías rápidas, las altas velocidades, los puertos. 

Ha llegado la hora de recuperar la frescura, la ilusión, de sacudirnos el clientelismo, la burocracia, la mentalidad conservadora que nos lleva a pensar que es mejor un malo conocido sentado en San Telmo que un bueno por conocer esperando su oportunidad.

No es éste el lugar para dar un recetario sobre los remedios de Andalucía. No obstante, parece de mera lógica que debemos mejorar drásticamente la educación, apoyar la inversión en desarrollo tecnológico y científico, cambiar el modelo productivo y hacerlo más sostenible a la vez que más competitivo, apoyar la creación o implantación de empresas tecnológicas, enfocar nuestra agricultura a la calidad y a la exportación, optar por un turismo de mayor calidad, agilizar los procedimientos administrativos y un largo etcétera de medidas.

Pero todas esas medidas necesitan un paso previo. Mental, colectivo, político y hasta moral.

Debemos regenerar nuestra vida pública, nuestros objetivos  como individuos y como colectivo, ser moderados en cuanto a las medidas socioeconómicas pero radicales en cuanto a la actitud. 

Nuestra región necesita una fuerza política que enarbole ese nuevo andalucismo.

Una fuerza política que sepa ganarse al centro sociológico, tanto a sus sectores más progresistas como a sus sectores más moderados. Que sepa convertirse en mayoritaria, ilusionando con su mensaje y convenciendo con sus propuestas.

Que sea radical denunciando nuestros males. Que se muestre radicalmente convencida de traer la regeneración moral de la vida pública, que predique con el ejemplo. 

Que ocupe el eje central de la vida política en el pleno convencimiento de que las mejores recetas para el desarrollo  social pueden venir de ambos espectros ideológicos.

Que no tenga complejos en llamarse andaluza pero, a su vez, sepa abandonar el folclorismo del andalucismo rancio y a la defensiva que está instalado en San Telmo desde hace décadas. 

Que tenga la suficiente falta de complejos y absoluta falta de ataduras con el pasado como para aportar recetas modernas a los problemas actuales, recetas que estén desprovistas de lastres ideológicos y que se apliquen sobre el único criterio de la eficacia. 

Que, parafraseando a Blas Infante, hagan al pueblo andaluz despojarse de su postración rentista y conformista y le haga creer que existe un futuro brillante al final de ese camino de cambio, a la vez radical y moderado. 

Si alguna fuerza política tuviera el acierto de interpretar esa partitura, ese nuevo andalucismo, sin duda  aspiraría a ser la fuerza mayoritaria en Andalucía y a capitanear el necesario cambio que necesita nuestra región.
Y en  otras  escalas, con otros matices, ese mismo espíritu político podría aplicarse al resto de nuestro país,  España, sin complejos. 

Analizando la cuestión en clave histórica es inevitable observar que nos encontramos ante una ventana de oportunidad de las que sólo se producen cada cuarenta años. 

Es por ello esencial que la ciudadanía se constituya en dicha  fuerza política o arrope con sus votos a la opción que, de entre las ya creadas, pueda canalizar ese nuevo andalucismo como parte de un gran  proyecto nacional y moderado de regeneración de la vida pública.  

Es asimismo esencial que dicha fuerza política sepa hacer ver al andaluz su enorme potencial. 

He visto entregada esta tierra a aventureros de la política, a advenedizos que hacen de ella asiento de su cretina vanidad y base de su mezquino interés. Los que hacen de la política una profesión exclusiva y excluyente (como una propiedad) suelen hablar de conflictos entre ideas y realidades. La diferencia entre ellos y nosotros es esta: para ellos, las realidades de un país son los intereses creados; para nosotros, las realidades de un país son los dolores creados por esos intereses.
Blas Infante Pérez de Vargas.

viernes, 31 de julio de 2015

AMANECIENDO - TERCERA PARTE: COSMOVISIÓN Y TRASCENDENCIA



Tras  escribirte dos veces, la primera de ellas emocionado por tu nacimiento y la segunda parapetado tras la ironía y el sarcasmo paterno con el que tendrás que aprender a convivir durante tu crecimiento, hoy toca clase de filosofía de todo a cien.

Cosmovisión, trascendencia. 

Esas dos palabras estaban agazapadas desde que naciste y hoy han saltado de su escondrijo para atracarme a mano armada, sacando de mi bolsillo un puñado de frases, como siempre barrocas y pesimamente ordenadas.  

Si, ya se. Soy aficionado a las palabras complicadas, pero supongo que algún día me agradecerás que use comúnmente más de cien adjetivos, verbos y demás categorías semánticas y que mi lenguaje sea algo más rico que el de un “tronista” de Hombre, mujeres y Viceversa. 

Y ahí está el lío. 

Antes de tu llegada, parafraseando al más grande nuestros tocayos – al que espero, a estas alturas, hayas aprendido a amar como yo – me importaba un comino que el mundo se fundiera, que  un holocausto nuclear acabase con nuestra miserable civilización y/o que una  hasta ahora desconocida raza de monos inteligentes nos convirtiera en esclavos y bufones.

Antes de tu llegada a este mundo mis actos estaban motivados por una mezcla un tanto desequilibrada de experiencias hedonistas, caos, declaraciones altisonantes, enemigos ficticios, demonios internos, literatura barata, noches interminables seguidas de días insoportables y en general de toda aquella experiencia trivial  que pudiera ser consumida de forma inmediata, sin dejar ningún tipo de rastro que mereciese la pena.  

Pero eso fue antes de tu llegada a este mundo.

Desde aquella noche de septiembre, como decía, esos dos conceptos abstractos a los que he prestado el traje de “cosmovisión” y “trascendencia” han ido ocupando cada vez más sitio en el menú diario de mis reflexiones, cada vez más desprovistas de todas las grasas  que los años errabundos fueron poniendo donde no debían.

Ahora estás tú, y el día que estés sólo – al menos en lo que a mí respecta- deberás lidiar con un contexto y con un legado. 

No quiero ponerme cursi pero es inevitable que te diga que considero mi absoluta responsabilidad tu venida y tránsito por este mundo, que tiene muchas cosas que disfrutar y muchas otras que padecer. En la medida de lo posible, además de disfrutar del orgullo de ser tu padre, es de justicia que te allane el camino y te dote de armas para enfrentarte a lo que se avecina.

Para ello trataré de inculcarte mi cosmovisión, y como herencia familiar  la fuerza de tu abuela, la honradez de tu abuelo, el sentido de la responsabilidad de tu tía. Trataré de hacerte comprender el sentido de la amistad, de la tolerancia, del respeto. Intentaré hablarte de los legados que me transmitieron los dioses que entraron antes de tiempo en mi Panteón. Te legaré el carnaval como pasión. La escritura como medio para expresarte, la lectura como medio para evadirte.

Te ofreceré un barrio para que comprendas que  nadie debe vivir sin un ancla  y nadie puede vivir sin un lastre. Cuando estés en disposición de comprenderme  tendremos alguna conversación sobre el lado oscuro de la vida, ese que está emboscado en los rincones del alma humana, y con el que tendrás la obligación de convivir y aprender a gestionar.

De igual forma trataré de que heredes el lema de mi vida, para que comprendas que la vida debe ser una fiesta, que  el sentido del humor alivia cualquier obligación, que minimiza las penas. Te hablaré del necesario desapego a las cosas materiales.

Me gustaría que ames las palabras como yo, que disfrutes con una oración subordinada, con un adjetivo en desuso. Que sepas transmitir la misma información de cien formas diferentes, para que así descubras el poder oculto que encierra un matiz. 

Si te gusta, como a mí, la política, te hablaré del patriotismo bien entendido, del concepto de estado, de la cosa pública, del arte de lo posible.

Como decía, sin decirlo,  mis actos ya no son sólo míos. En mucha medida son tuyos, ya que las primeras piedras de tu camino estarán determinadas por aquello que hagan quienes te trajeron a este mundo y torpemente van aprendiendo el oficio de padres.

Y para quien siempre se ha jactado de su individualismo, de cierta sociopatía, de actuar rápido  gracias a ir siempre libre de equipaje, de no dar explicaciones a nadie,  puede ser una pesada carga. 

Desde aquella noche de septiembre he refundido el caos de mis ideas para fraguar una modesta cosmovisión y he llegado al convencimiento de que, al fin, tengo un guion con planteamiento, nudo y desenlace. 

Yo te ofreceré lo que tengo y trataré de convertirte en alguien que merezca la pena. Más allá de mis actos materiales y espirituales tú serás el más importante legado que deje en este mundo.

Que no te engañen mis huesos de cuatro décadas, las canas de mi barba, la tristeza de mis ojos; no te dejes llevar por mi voz ronca, mi sarcasmo, la aparente seriedad que a veces uso como escudo para que nadie mire donde yo no quiero. 

Esta presunta  carga deja de serlo en cuanto abro la puerta y  me veo reflejado en el espejo de una mirada incomprensiblemente diferente pero idéntica a la mía. 

Cuando me miras y me sonríes, cuando saltas de alegría.

Cuando comprendo que llevaba esperándote toda la vida.

sábado, 24 de enero de 2015

ENCUENTRO CULTURAL ENTRE SEVILLA Y CADIZ, A DOCE ASALTOS.




Afrontar este artículo se asemeja mucho a caminar de noche sobre un puente a punto de derrumbarse sobre un río lleno de cocodrilos, pirañas y todo de tipo de alimañas sedientas de sangre. 

No obstante como, por una parte, esto lo leen cuatro gatos, y por otra,  casi todas esas alimañas suelen tomar cerveza conmigo de vez en cuando, voy a atreverme a coger el toro por los cuernos  y a escribir con toda la sinceridad posible. 

El mundo, según Fernando Villalón, se divide dos: Sevilla y Cádiz, Cádiz y Sevilla. Y esas seguimos incluso después de haber transcurrido muchas décadas desde aquella memorable frase del poeta gaditano. 

La polémica levantada por la actuación de la comparsa sevillana “Los que barren pa casita” no ha hecho más que poner un escalón más en esa escalada de acción- reacción, amor – odio que es la relación entre las dos capitales desde casi que la Historia las parió.

Y no, no se equivoquen. El problema no es la libertad de expresión, ni la falta de respeto, ni la provocación, ni la especial sensibilidad frente a Sevilla que hay en Cádiz. El problema es que no hay problema. Dejen que me explique.

Aquí cada uno arrima las castañas a su fuego. Cuevas ha dado un zapatazo encima de la mesa, acercando tanto el petardo a la llama que ha terminado causando la explosión del gallinero. Si la provocación fue premeditada o no,  sólo él lo sabe y su comparsa. Si intentaba llamar la atención o desvelar  que la rivalidad en Sevilla y Cádiz, aparentemente olvidada, seguía vigente, o un poco de las dos cosas, a través del piropo a Sevilla, sólo a su esfera de responsabilidad corresponde.  

Y el gallinero, patio de butacas, palco platea o mi amigo Víctor en su casa, tienen derecho a indignarse y abuchear. A cagarse en los rilis (perdón por lo de rilis) de Javi Cuevas y toda su comparsa e incluso a sacar viejas rencillas del armario y cuestionar la vertebración de Andalucía y el estado autonómico en general. 

Pero se nos olvida que esto es el Concurso, señores, copla, folklore, morbo, piropo y crítica. Aplauso y abucheo.

Tan divertido como intrascendente y pasajero. 

Ni Cuevas es Braveheart defendiendo el honor sevillano ni  los gritones  del gallinero son cavernícolas atrincherados en  la censura  a todo lo no gaditano. Ambos no son más que simples peones de un juego cuyas reglas todos conocemos. De la misma forma que el gallinero explotó con el famoso cuplé de Los Ángeles Caídos, o  abuchea sin piedad a un cuarteto infame, o tira claveles a Entre Rejas al final del popurrí. Pasión desbordada y sin control, con un leve punto hortera.

Esto es carnaval, señores, que no se nos olvide. Para aplaudir con mesura y guardar exquisitos  modales ya tenemos la Ópera y al Orfeón Donostiarra. Del otro lado, para ofrecer repertorios asépticos y comedidos, ya tenemos al Bell Canto y a Mocedades. 

El Libi, del que no conozco su opinión pero estoy seguro habrá sonreído de medio lado ante la travesura de la comparsa sevillana,  es el que de siempre ha tocado esta tecla con la mayor de las maestrías. Vistiéndose de Papa, metiéndose con la Comparsa del Puerto, o ironizando sin piedad sobre el mundo sevillano, con su Chirigota “Sevilla tuvo que ser,  miarma”.

Todo esto forma parte del mismo cocktail de ingredientes: la provocación o el riesgo al asumir un repertorio,  el piropo, la crítica, la búsqueda de notoriedad, el pasodoble trágico, la rivalidad entre autores y componentes, entre ciudades. La fatua hoguera de las vanidades que es el Concurso de Agrupaciones – o en lo que ha venido convirtiéndose en los últimos años-  ha degenerado en una casi enfermiza búsqueda de lo pirotécnico, a través de cualquier medio – incluso cameos – y en la que el escándalo o el aplauso  duran  un bendito y entretenido mes y se marchitan cuando el Jurado recita por última vez ese mantra que tantos corazones acelera “En la ciudad de Cádiz…”.

Pero no, no llevemos esto más lejos. No extrapolemos. Sevilla y Cádiz se llevan tan bien o tan mal como siempre, tienen más o menos problemas comunes o entre ellos, pero  con carácter independiente al COAC, ese maravilloso espejismo que nos hace gozar durante un mes, justo antes del Carnaval. 

Y hay mucho “falserío”.  

Gaditanos que van a Sevilla a llevárselo calentito habiendo previamente jurado que mueren por la tacita y  no aparecen en Cádiz durante la semana de Carnaval. 

Sevillanos que piropean a la Calle Plocia sin saber si está en la Viña, el Mentidero o en San Fernando. El que les escribe, sin ir más lejos, carnavalero de tercera división en otros tiempos. 

Gaditanos que abjuran de todo lo miarma y se van de tapaillo  a ver la Amargura por la calle Santa Ángela. 

Y mi especie favorita: sevillanos tan obsesionados con el Concurso (que no la fiesta) que son capaces de luchar contra el incipiente carnaval de su tierra  dinamitando un proyecto de certamen o mentir sobre su procedencia para  suavizar su pasado miarma y así conseguir un pasaporte de gaditano de nuevo cuño y optar con mayor facilidad a los premios. 

Y a todos ellos- nosotros- sólo me queda deciros que disfrutemos. Del bastinazo de Cuevas, de las posibles coplas y declaraciones  de reacción – algunas desde el lado miarma de la trinchera, ya lo veréis- y en general de Sevilla y de Cádiz, con sus cosas buenas y malas. 

Y los que tengan intereses espurios, que disfruten con ellos. Que se gasten con salud los euros,   o que se miren al espejo diciendo “Soy el sucesor natural de Fletilla a pesar de haber nacido en La Barzola” o “Cantarle a la Macarena en el Falla es como rasgar el velo del Templo de Jerusalén, pero a Punta Umbría no, y de camino yo trinco con los no gaditanos que vienen  a concursar sean de Sevilla o de Santoña”

Pero por favor, los demás no. Los demás sigamos  disfrutando libremente y sin prejuicios de lo que nos guste de cada sitio y sanseacabó. 

Esto no es más que un  nuevo asalto en el encuentro cultural entre Sevilla y Cádiz. Una carajotada de proporciones épicas, y punto de apoyo para los que teorizan sobre la imbecilidad de los andaluces. 

Aunque eso sí, enormemente divertida.

P. S: Todo lo aquí manifestado, en especial lo relativo a los afectados por el Síndrome “Lloro viendo los ladrillos coloraos media hora después de haberme bajao del Autobús que ha aparcado cerquita de Plaza España y  que nos recoge a las dos, cuando acabe la sesión" ha sido escrito con el mayor de los cariños y estoy dispuesto a desdecirme a poco que haya el más mínimo amago de violencia física o acciones judiciales.

miércoles, 7 de enero de 2015

AMANECIENDO, SEGUNDA PARTE: MANCO Y NINJA




Imagino que cuando leas esto  ya habrás acumulado los suficientes trienios a la vera de tu ajado padre como para poder entender mi  presunto sentido del humor  y mis maldades, de las que espero seas partícipe y cómplice parapetado detrás de esa sonrisa constante que desde luego no has heredado de mí, loados sean los Dioses.

Hoy, casi cuatro meses después de tu llegada a este mundo, y haciendo retrospectiva en relación a mi experiencia como padre, debo decirte que gracias a ti he adquirido y estoy perfeccionando  dos habilidades  que quizás puedan serme útiles en un futuro. 

O no.
Manco

Si,  hijo mío, te resultará quizás increíble, pero en el primer cuatrimestre de tu vida, chispa más o menos, pasas en brazos el 78.93 % del tiempo que estás despierto y un no desdeñable 42.23 % del que pasas dormido. 

Perdona a tu padre novato, pero antes de tu llegada yo creía que los bebés eran  seres semovientes que sólo precisaban de arrullos y cariños ocasionales y podían coexistir pacíficamente con el concepto de estar tumbados y despiertos en un carrito  / minicuna / cuna o cualquier otra superficie más o menos lisa en que la que se te depositara. Craso error por mi parte.

Nada más lejos de la realidad,  en estos cuatro meses he podido comprobar que tienes una verdadera aversión a dichas superficies y que, por el contrario, eres un verdadero fan de los puntos de apoyo humano, llegando al extremo de desatar una furia incontenible en el que caso de que se te prive de ellos. 

Tal es tu furia leonina que he optado por comprar el pleito, que decimos los abogados, y en la medida de lo posible, desarrollar  todo un elenco de actividades con una sola mano al objeto de evitar tu disgusto.

Pero le estoy cogiendo el tranquillo. Ahora miro por encima del hombro a todas esas personas con dos extremidades que desarrollan sus actividades cotidianas  con el privilegio, por ellos desconocido, de contar con un brazo derecho y un brazo izquierdo.

Si probasen  lo que supone  adoptar todo tipo de posturas circenses para realizar con una mano actos que no procede aquí enumerar mientras se sujeta a una criatura de más de siete kilogramos con la otra, sabrían que se están perdiendo lo mejor de esta vida.

NINJA

Otra de las características que he venido observando en tu comportamiento es que estás dotado de energía suficiente como para proporcionar electricidad a México D. F.  y que tienes el sueño ligero como una pluma. 

La caída de una gota de rocío sobre una hoja  en un árbol situado en un radio de trescientos metros de donde te encuentres situado puede hacer que te despiertes, obligando a tus congéneres a reiniciar el fatigoso proceso de cansarte y dejarte dormido, que incluye carantoñas, caballitos, cánticos, biberones, cambios de temperatura, puesta  o eliminación de ropajes, retirada y sustitución de pañales e incluso sacrificios rituales en honor del dios Morfeo. 

De ese modo, debo estarte eternamente agradecido al haber conseguido que desarrolle mis habilidades ninja a niveles desconocidos en la historia de ese gremio de mercenarios japoneses.

Soy capaz de moverme a oscuras, silencioso como un monje de clausura, sigiloso como una serpiente. 

La necesidad de hacer poco o ningún ruido y con ella la obligación de poner los aparatos audiovisuales al mínimo volumen posible me han hecho desarrollar el sentido auditivo de un murciélago, no siendo exagerado manifestar que ya no escucho la televisión por medio de los tradicionales sonidos emitidos por dicho aparato sino a través de las ondas de radio que pudieran emitir. 

Y lo que no entiendo, pues me lo invento, que ya se sabe que la imaginación al poder y todo eso.

CONCLUSIÓN

Casi cuatro meses después de aquel amanecer que compartimos contemplando las preciosas vistas de la idílica zona ajardinada del Hospital de la Mujer de Sevilla lo cierto es que nos vamos conociendo y comprendiendo, lo que significa en este escenario que yo te voy comprendiendo a ti y tú te limitas a sonreírme con la consiguiente caída de baba de tu barbudo padre. A ti también se te cae – profusamente-  y aunque la pediatría (especialidad médica que merece una entrada aparte) nos diga que ese fenómeno obedece a un cambio fisiológico relacionado con el cambio de dieta y la dentición lo cierto es que yo prefiero pensar que se debe a la admiración rendida que me profesas. 

Pero hoy no hemos venido a rascarnos la espalda querido tocayo. Te quiero y lo sabes, pero eso mejor te lo digo en persona. 

Hoy quiero, parafraseando el lacrimógeno texto con el que celebré tu venida, dejarte otra información que quizás sea útil para tu futuro:

“ Quizás algún día el amanecer te sorprenda agarrando a tu hijo recién nacido tal  que si fuera una sandía de Los Palacios, mientras con la otra mano tratas de desenchufar el móvil, recoger el chupete, y preparar un biberón con sus correspondientes ocho cucharaditas rasas de leche en polvo, todo ello sin hacer el mínimo ruido, a oscuras, y tras haber dormido cuatro horas.

Sólo así comprenderás esto que te escribo”.

En La Comarca, amanecer de cualquier día de estos últimos cuatro meses. Y que vengan muchos más.