martes, 30 de diciembre de 2014

LASTRE Y ANCLA.



               
No hay niebla como la tuya,  ni atardeceres tan solemnes. No hay poeta, ni rapsoda, ni pregonero que pueda manchar tu belleza a golpe de ripio.

No hay ruidos tuyos que no sean  los de mi infancia, ni olores que se escapen del tópico que, por manido, no deja de ser la fascinación de los ojos extraños. Es tu forma de atrapar, así, como sin quererlo. 

Eres el filo de mi navaja, el corte profundo que deja a un lado lo que mi historia fue y al otro lo que mi presente anhela.  

Eres una lección mal aprendida, una elección fortuita, un legado para mi legado. 

Eres un bar que se cierra por dentro, una casa con pocos muebles, una cocina vacía, una mudanza perpetua. 

Eres una tarde de agosto, cuando nadie te quiere y eres sólo mía.  Eres una noche de  julio, cuando vuelven tus hijos y te haces más pueblo. 

Eres un café a la orilla de tu frontera, una guitarra, tres amigos. Un punto de partida y un destino. 

Lastre y ancla. 

Semilla en una noche de diciembre.  

Y por encima de todo, dentro o fuera,  mi casa.

Que la Pila de los Gitanos sea por siempre testigo.

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