jueves, 2 de octubre de 2014

AMANECIENDO


               
Si miras al Este, cuando la noche vaya muriendo, verás como el horizonte pare la luz de un nuevo día.

En más de una ocasión la primera luz del día te sorprenderá atareado, rodeado de libros, de apuntes, de despertadores y de prisas, y no le podrás dedicar ni siquiera una mirada de tus ojos oscuros. No te preocupes, el amanecer te será fiel como una madre, y esperará a mejor ocasión para que le dediques un minuto.

Tengo por cierto que vivirás amaneceres cargados de tristeza, desafiando al horizonte y pensando que el sol se burla de tus fracasos. Sin embargo,  pronto aprenderás que cada día es una nueva oportunidad para desafiar a la derrota, para mirarla a los ojos y decirle, con una sonrisa, que nada puede contigo. 

De igual forma sé que en ocasiones la aurora será para ti la guinda  de un mes, de una semana, de una noche victoriosa. Que, humano como eres, soberbio por ende, creerás que esa nueva luz es solo tuya y te pensarás más poderoso que el sol tímido del alba. Espero que pronto aprendas  que la victoria es pasajera y que solo ganarás  realmente la partida cuando, ganes o pierdas, estés rodeado de tu familia y de tus amigos, dispuestos a luchar contigo en cualquier campo de batalla. 

En ocasiones el alba será tu confidente para la nostalgia, echando de menos a los que ya no estén a tu lado. Quiero que sepas que nunca debes rechazar el recuerdo de aquellos que partieron; te digan lo que te digan, esa será única forma de que vivan para toda la eternidad. 

O bien la amanecida será la encrucijada para escoger entre la huida o el desafío, entre  amor o soledad, entre la verdad o la mentira, entre la noche y el día. Aunque me pese, aquí no podré ayudarte. Estarás sólo para andar el camino que escojas. En eso consiste la vida. 

Quizás la primera luz del nuevo día te asalte mientras cruzas un puente. De ser así imagina que vuelves al barrio de tu padre para que cada puente sea la frontera que te aleje o te acerque de tu casa.
Puede que la mañana te sorprenda en una playa, al lado de una guitarra y de unos amigos. En tal caso, que sea una playa de Cádiz. Sólo así comprenderás el verdadero significado de la  amistad, del sur y de la belleza.

Grises, luminosos, bellos, terribles, atareados, solitarios, en compañía, inmersos en un mar de dudas o llenos de euforia, esos amaneceres serán tuyos y para ti.  Ese será para siempre el mejor regalo de tu madre y de tu padre, que abajo suscribe.

 Y tal vez algún día  el amanecer te salude acunando a tu hijo recién nacido,  viendo salir el sol y teniendo la certeza de que, vengan los amaneceres que vengan, siempre tendrás el privilegio de que el  primero fue en tus brazos. En mis brazos. 

Solo así comprenderás esto que te escribo. 

En Sevilla, amanecer del  9 de septiembre de  2014.