viernes, 23 de mayo de 2014

HEMOS GANADO, AUNQUE TODAVÍA NO SABEMOS QUIÉNES.




             


Se atribuye a Pío Cabanillas (padre) una frase que, de ser cierta, resume a la perfección el estado político de cosas que padecemos desde  hace varias décadas. Tras unas elecciones comentó el ex ministro de UCD:

“Hemos ganado,  aunque todavía no sabemos quiénes”

El ínclito político gallego lo tenía claro. Gane quien gane, con la única condición de que sea parte del sistema, habremos ganado nosotros. Entiéndase por sistema el conjunto de partidos al servicio de los poderes fácticos, la banca, las superpotencias y el poder financiero internacional. Entiéndase por “nosotros” al conjunto de pesebreros, paniaguados, mamandurriables y enchufados que nos gobiernan y se lucran a nuestra costa. 

Y el padre de aquel melenudo portavoz popular de los años de Aznar sabía bien de qué hablaba. No en vano tardó treinta años en bajarse del coche oficial.

Así las cosas, el domingo tenemos que acudir de nuevo a las urnas. Ante ellas se nos plantea una disyuntiva que sintéticamente se reduce a dos caminos bien opuestos.

Tenemos la opción de seguir votando a los que crearon este sistema, a los que potenciaron una economía basada en el ladrillo y la mantuvieron hasta que reventó. A esos,  los mismos que después de aquello nos hicieron pagar los platos rotos de la explosión inmobiliaria aplicando la tijera inmisericorde a los servicios sociales, a los derechos de los trabajadores, a las conquistas políticas y democráticas de todo un siglo de lucha. 

Y ojo, no lo hicieron por error. El error es humano y en el contexto de una decisión equivocada, el pueblo puede perdonar a sus dirigentes, arremangarse junto a ellos y  luchar codo con codo para levantar a la nación.

No, no lo hicieron por error. Lo hicieron de forma deliberada, a sabiendas de que la burbuja reventaría. Dejaron pasar la oportunidad de poner freno a la construcción  y establecer  los pilares de una economía moderna y productiva. 

Y lo hicieron de forma deliberada  porque los bancos, los poderes financieros, el capital internacional, se lucraban  fabulosamente con dicho modelo productivo y derramaban algunos gramos de oro hacia abajo, llenando la bolsa de los que estaban sentados en las poltronas del poder. 

Con la misma nocturnidad, alevosía y premeditación arreglaron los desaguisados de los bancos metiendo la mano en nuestros bolsillos y entregando nuestros ya magros ingresos a las aves de rapiña que construyeron  fortunas indecentes a costa de hipotecar (nunca mejor dicho) nuestro futuro. 
 
El domingo tenemos la oportunidad de asustarlos, de quebrar el sistema, de introducir una lanza en el corazón de la bestia.

Quizás no muera, pero sin duda sentirá la herida y acaso sentirá que  sus días de impunidad han llegado a su fin.

El domingo votad a quien queráis, pero por el bien de nuestros jóvenes y de nuestros hijos, de nuestros parados, de nuestros enfermos,  no volváis a hacerlo a aquellos que Pío Cabanillas consideraba como “nosotros”. 

No hace falta que diga nada más. Vosotros sabéis quienes son, aunque vengan disfrazados de izquierda, derecha o centro. De rojo o azul. 

Haced que se bajen del coche oficial.  

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