lunes, 24 de marzo de 2014

SANTIAGO, MANOLO, FELIPE, DON ADOLFO, BORBÓN, Y OTROS POLITICOS DE LA TRANSICIÓN: HISTORIA EN ROSA



Cada vez que los medios nos abruman con alguna historia de la Divina Transición, tengo la misma inquietante sensación que los indios xoxones cuando cambiaban cinco mil acres de terreno a cambio de unas botellas de agua de fuego y unas atractivas baratijas: estoy contento con el trato pero una incómoda sensación de estafado   no me deja disfrutar plenamente.

Con la Transición, lo mismo.

Es una necesidad del ser humano. Desde  La Odisea, los Cantares de Gesta, hasta Star Wars, y las novelas venezolanas. Necesitamos que nos cuenten cuentos y que los cuentos sean claros y maniqueos, con sus buenos y sus malos, con su final feliz, con sus mártires. Sin ambigüedades, sin matices. La lucha del bien contra el mal, y tal y tal.

En el seno de esa Divina Transición, Don Adolfo Suarez, sería una suerte de Moisés que condujo al pueblo español desde las procelosas tierras de la dictadura hasta el Canaan de la democracia, atravesando el Mar Muerto de la Transición.

Y ahora que ha fallecido, el pueblo español, incluso los que ni sabían quién era, llora su muerte y se deshace en panegíricos elogiosos.

Estadista. Hombre de Estado.  Mente política. Excepcional dirigente. Ya tenemos un santo en el panteón de la democracia.

Y. Don Adolfo era otra cosa, como la Transición, y de rosa nada. Más bien parda, como la gramática de marras.

Don Adolfo era un político joven y ambicioso, criado en las faldas del Movimiento. Un rostro atractivo, y a la vez tranquilizador, destinado a seducir a las señoras y señores de clase media.

Don Adolfo fue la bala que el Rey y Torcuato Fernández Miranda (verdadero muñidor de la reforma) eligieron para terminar de matar al régimen. Fue un instrumento hasta que se desembarazó de aquella tutela y empezó a obrar por su cuenta, no siempre con acierto.

Don Adolfo fue un político esencialmente apolítico. Un hombre sin ideología más allá de la ocupación del poder y  un - eso si - fortísimo sentido del estado y del patriotismo.

Fue un hombre de limitada formación, incapaz de articular un discurso ideológico  propio.

Lastrado por el estrepitoso fracaso de UCD (aquel partido con tantas similitudes con el Titanic: miles de personas  de todo tipo de clases y de ideologías, con único fin común, el poder, y destinadas al naufragio) y  enemigo público número uno de unas Fuerzas Armadas  semi golpistas a las que había que apaciguar, su figura política quedó amortizada rápidamente. 

El rey, que había sido su confidente y principal valedor, lo dejó caer. Lo borboneó  hasta la saciedad hasta que Don Adolfo, por temor al ruido de sables, presentó una dimisión que Juan Carlos recibió  con no disimulada aquiescencia. Quizás pensaba  en el  General Armada para Presidente, el bueno del monarca. El “Golpe de Timón”.

Lo cierto es que aquella dimisión no sirvió para apaciguar a las fuerzas golpistas sino más bien para provocar que una de las muchas conspiraciones en marcha diera su golpe de mano en la investidura de su sucesor, Leopoldo Calvo Sotelo. Algún día nos explicarán la intervención en el 23- F del CSID (actual CNI), y otras instituciones y figuras de la Divina Transición. Algún día. 

Lo cierto es que, tras unos años resistiendo  mediante un partido creado por y para su figura, el C.D.S,  finalmente terminó por aceptar  que sus horas de protagonismo político habían cesado y optó por una retirada más o menos a tiempo. 

Y ahí quedó. Su obra, sus logros, su figura. 

El coro de periodistas, articulistas, historiadores de carril  recita su cantico inmisericorde: La Transición  fue un proceso modélico que modernizó a España,  convirtiendo una Dictadura en un Estado constitucional y democrático, sin provocar una conflagración entre los españoles.  Una suerte de bicoca política, idílica, en las que los españoles avanzamos cogidos de la mano  hacia un horizonte  rosa, guiados por la sabía mano de Juan Carlos, seducidos y administrados por Don Adolfo, 
beneficiados por la infinita generosidad de las derechas y aliviados por la patriótica moderación de las izquierdas. 

Sin embargo aquel pacto del mal menor, sin duda necesario para adaptarnos a la realidad geopolítica europea que nos circundaba y así convertirnos en una democracia liberal clásica, dejó demasiada lana entre las zarzas. 

Aquel proceso dejó sin depurar muchas responsabilidades de toda índole, penales y económicas. Mantuvo en esencia los esquemas administrativos que  conforman un Estado   lastrado por una burocracia lenta y corrupta y un sistema judicial no del todo independiente. 

Diseñó, de forma absolutamente deliberada, y por medio del sistema electoral, un bipartidismo hegemónico al servicio de la banca y del capital  cuyo resultado es que, salga quien salga elegido, al final nos gobiernen los mismos.  Las derechas, con Manuel Fraga a la cabeza, aceptaron el trato por miedo a una revolución. Las izquierdas, con Felipe como torcedor y  fiel pupilo de su maestro Willy Brandt, quien le enseñó que ser de izquierdas en una democracia liberal es constituirse  en poco más que  el ala progresista del liberalismo económico. 

Chapuceó la cuestión territorial, conformando un estado  autonómico en el nombre, federal en el fondo, que carece de unas reglas claras de financiación y provoca que, amparados por una especie de proceso constituyente sin fin, los secesionismos periféricos vayan creciendo paulatinamente.
Probablemente no nos cabía otra cosa.  Los múltiples factores históricos, económicos y territoriales  que confluyeron  seguramente dejaban muy poco margen de maniobra y los próceres patrios  hicieron aquel guiso como mejor supieron. 

Sin embargo, aquello, por muy inevitable que pudiera haber sido, está lejos de ser idílico y rosáceo.

Como Don Adolfo.

Don Adolfo fue el hilo conductor. El hombre sin prejuicios, el posibilista que  puso la base para que los demás pusieran el compuesto. Elegido entre los posibles candidatos precisamente por su falta de posicionamiento en cualquier cuestión ideológica. Él quería ser Presidente (un sueño de la infancia, según sus propias declaraciones) y el Rey, con su preceptor detrás y el capital internacional a su lado, le hizo el regalo. Y un encargo. 

En estos días vamos a escuchar toda clase de bondades respecto a su figura y no todas ellas serán inexactas.

Sirva el recuerdo a su figura para repasar aquella época turbulenta en la que dejamos de ser una excepción autoritaria en la Europa occidental y nos convertimos en una pantomima democrática manejada por los poderes financieros. 

No obstante, aquella tarde del 23 de Febrero de 1981, Don Adolfo Suarez González, al contrario que Felipe, Manolo o Santiago,  le echó lo que había que echarle y se enfrentó a los pistoleros que pretendían  hacernos retroceder un siglo en la Historia.

Allí de pie, junto a Gutiérrez Mellado, y mientras los demás se ocultaban bajo sus escaños y acaso ocultaban complicidades inconfesables con aquel esperpento, Don Adolfo mantuvo a su vez en pie  la dignidad del pueblo español. A veces pienso que él estaba tan engañado como nosotros.

Sólo por eso, será siempre Don Adolfo y contará con el mayor de mis respetos.  

Descanse en paz, Duque de Suarez. 


5 comentarios:

VIGILANTE dijo...

Otro soberbio post del León, que nos agasaja con su verbo certero. Es reconfortante leer una reflexión inteligente el día en que todos los muros de Facebook dejan un huequito para su lugar común. Eso sí, nada comparable a aquellos días de diciembre en que comprobé como tipos que no sabrían situar Sudáfrica en el mapa escribían "descansa en paz Madiba" sacando al africano que llevaban dentro... Muy buen post amigo, congratulaciones

Sergio Diaz Lopez dijo...

Muy buena la entrada. Yo añadiría que, con todas sus sombras y defectos, en España faltan a día de hoy estadistas como este señor. Es difícil encontrar un sector de la España del año 79-80 en el que no hiciera enemigos, y eso para mí es una magnífica señal. Felicidades de nuevo.

Leon de San Marcos dijo...

Vigilante: Un honor para mi que el Maestro visite esta página de tres al cuarto. ¿ Para cuandonuna nueva entrada ? Tus lectores te esperan....

Sergio: Certero tu comentario, que suscribo al cien por cien.

Gitano dijo...

Sr.Sarabia magnífico post, se lo recomendaré a mas de uno que yo me sé y que va de periodista por la vida, porque posee un título obtenido en la prestigiosa facultad de periodismo de Sevilla.¡Felicitaciones de todo tipo y condición!

Leon de San Marcos dijo...

Agradecimientos y salutaciones que serán regadas de forma entrañable con usted y quien se nos una.