martes, 4 de marzo de 2014

ILEGAL (POR PRESCRIPCIÓN MÉDICA)



       
Soy ilegal.

Tras diez años concursando, ensayando con mayor o menor esfuerzo para tratar de obtener un buen resultado en Cádiz, un Coro con una digna afinación y acaso un posible pase de ronda (conseguido, como ya queda en la historia del Carnaval sevillano, en febrero de 2011) he ratificado algo que sospechaba desde hace muchos años.

Soy ilegal de los pies a la cabeza.

Para los no iniciados, se entiende por agrupación “ilegal” a toda aquella que permanece ajena a los concursos y únicamente enfoca sus ensayos, letras y esfuerzos preparatorios a lo que en  el argot carnavalesco ha venido en denominarse “la calle”. 

La legalidad carnavalesca, es decir, concursar y pelear contra otros rivales de tu modalidad y, sobre todo, contra los diferentes elementos – horario que te toque, jurado más o menos localista-  plantea una cuestión que rara vez es resuelta con éxito: ¿ calidad humana o calidad artística ?.

No voy a entrar ahora en las múltiples formas de organización de un grupo de carnaval, pero si quiero decir, al objeto de esta entrada, que para competir necesitas meter en el seno de tu grupo a buenos cantantes, guitarristas, bombistas y/ o tocadores de los más variopintos instrumentos. 

Y a veces, muchas veces, más de cuatro veces, esos artistas de casapuerta son, en sí mismos,  un verdadero repertorio  de patologías psiquiátricas: ego maniacos, bipolares, narcisistas, erotómanos, hedonistas y demás monerías. 

No con esto quiero decir que los que cantamos mal estemos libres de estos males. Pero seguid leyendo y  os enterareis de la “tostá”.

El caso es que día a día, hora a hora, durante cuatro meses, hay que estar en el local de ensayo padeciendo a estos sus egos, sus desplantes, sus faltas de asistencia, sus faltas de respeto a la agrupación, sus comportamientos propios de Miss Alabama Infantil 2004.

Además de la turbadora presencia de estas prima-donnas del carnaval, hay que tener en cuenta que la agrupación de ese año es el producto inevitable de una coalición de intereses entre un número variable de “gallitos” ( léase aquellos carnavaleros que  ocupan cargos más o menos importantes en la agrupación y/ o son los líderes “ de facto” de algún grupo de personas dentro de ella) que durante la primavera y verano inmediatamente anteriores han estado confabulando contra algo o alguien, escindiendo un grupo, derribando a un director y a su junta directiva,  denostando a un autor,  o todo lo demás simultáneamente. Yo lo sé porque me lo han contado.

Sumen pues los tarados ego maniacos a un precario equilibrio de fuerzas cual coalición de piratas somalíes para completar una foto fija de una agrupación legal de carnaval “standard”. Y todo esto se aguanta en pro del concurso de turno, que está  muy próximo y que es la única razón que te impide apalizar al octavilla de la agrupación.

Frente a eso, queridos amiguitos, tenemos otra opción.

Juntar  a un grupo de colegas de toda la vida, ponerles una bata y dos coloretes, darles un repertorio cachondo y canalla, y echarlos a la calle, sin más reglamento que la Ordenanza de Ruido del Ayuntamiento de turno  ni más objetivo que hacer reír a la clásica señora mayor que se pone cerca de la chirigota, que grita “ que arte chiquillo “ y que en definitiva es el mejor premio que te vas a llevar de todo esto, por muchos Fallas que tengas.

Miento.

El mejor premio sois vosotros. Los que veo cuando miro a derecha y a izquierda, me pasáis el vino y me decís que me  he ido de compás.

De modo que, por más que me gusten  las conspiraciones y me fascinen los tarados, prefiero la libertad de las esquinas.

Soy ilegal de los pies a la cabeza, oiga. Y por prescripción facultativa.


                                Imagen: Valentina Ricci

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me faltan brazos, manos y dedos para poder aplaudir todo lo efusivamente que deseo este post, a cuyas palabras me sumo en su totalidad. No me cabe mas (aunque tú sabes que es falso porque a mi me cabe tela) que agradecerte por la parte que me toca, tan bonitas, delicadas y entrañables palabras, sin caer en lo gay, que has tenido a bien dedicar a tu chirigota. Un abrazo y sientase correspondido pero nunca por detrás.Gracias Joaqui.

Leon de San Marcos dijo...

Gracias a vosotros, mis fans. Sin vuestra admiración seguiría siendo exactamente igual que ahora.

Jelen dijo...

Buena entrada Juaqui, yo no te pude escuchar el sábado, pero seguro que no te fuiste de compás, eso son las malas lenguas.
Llega un momento en que lo importante es pasarlo bien haciendo lo que se hace, y si se lo haces pasar bien al resto eso que te llevas.

Leon de San Marcos dijo...

Imagino que hará muchos carnavaleros con talento a los que les compense ese sacrificio. A mi no.

Gracias Helen ¡¡

Anónimo dijo...

Gran entrada!