lunes, 17 de marzo de 2014

EL FIN DE UNA ERA




           
15:1 Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios. 15:2 Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios…Y entonces, Facebook compró Whatsapp e implementó la opción de ocultar la hora de última conexión". Apocalipsis, Capítulo 15, Versículos 1 y 2 según la redacción del apóstol  negro “Sanmarcos de Triana”. Versión libérrima.

…Y entonces Facebook adquirió –morterá mediante-  la aplicación de mensajería más usada del mundo y se dio el primer paso en la escalada que dará lugar al fin del mundo tal y como lo conocemos. Lo de Crimea, una pelea de vecinos oiga.

Se veía venir. En todos los mentideros se barruntaba que Marck Zuckerberg, a la sazón el creador de Facebook, no podía querer Whatsapp “pa ná güeno”. Y la primera en la frente.

No obstante, antes de entrar en el meollo de la cuestión me gustaría recordaros que hubo un tiempo en el que esta conversación telefónica tipo era posible:

    -        Adolescente enamorado: Buenas tardes, ¿Está Maripili?
          -       Madre de Maripili ( tras descolgar teléfono rojo tipo góndola en salón con televisión de filos de madera): No, no está ¿ Le digo algo cuando vuelva?
        -   Adolescente enamorado ( con voz dubitativa): Si, dígale por favor que ha llamado Juanluis. 

Y Juanluis se marchaba plácidamente a la calle, a jugar al fútbol con sus colegas, a hacer botellón, o a Dios sabe qué, tranquilo por haber dejado un recado en casa de su enamorada sabedor de que, en un plazo de uno a seis días, ese recado llegaría  a Maripili quien a su vez, se pondría en contacto con su amado en un plazo razonable de tiempo. Y todo el mundo contento. 

Pero no, queridos amigos. Ya no hay vuelta atrás posible.

Hemos probado el dulce néctar de jugar a ser Grandes Hermanos. Hemos sabido lo que supone poder contactar instantáneamente con nuestra pareja, amigo, enemigo u objeto de deseo.

Y más aún, hemos  podido jugar a espías, a trazar la vida ajena, pública u oculta, mediante retazos de información que la susodicha aplicación de mensajería instantánea nos proporcionaba.

La combinación “ultima conexión”, foto y Estado ha lugar a las más delirantes cábalas, hipótesis e interpretaciones. 

Si tu amado/a se había conectado a las 4: 30 AM, cambiado una coma del estado y modificado su foto de perfil, sin duda eran indicios de una flagrante infidelidad y se montaba  la Dios es Cristo. Pero al menos sabíamos a qué atenernos.   

Y por cierto, haciendo un inciso, seamos sinceros con nosotros mismos. Sé que muchos de vosotros os tenéis por chicos tolerantes y librepensadores, hipsters, modernitos. Gente guay en general. 

Pero esto es como soltar una ventosidad en la cama y levantar un poco la sábana para apreciar el “bouquet” de la flatulencia expulsada: todo el mundo lo ha hecho pero nadie lo reconoce.

El caso es que en esos tiempos dorados en los que Whatsapp era como una suerte de salvaje oeste de los mensajes de texto y nada estaba dentro de nuestra esfera de control, el exceso de información traía la desazón a quien te espiase, pero también una suerte de tranquilidad enfermiza. Me está poniendo los cuernos, pero al menos puedo controlarlo. 

Ahora ese genio del mal que responde al nombre de Mark y al apellido de Zuckerberg, que ya había probado su capacidad  maquiavélica con la configuración de privacidad de Facebook, ha introducido en la sociedad un elemento  completamente inquietante. Cruel. Refinadamente maligno.


Nos han dejado ser minidioses por un tiempo para después arrebatarnos esa potestad divina. Nos han dado la vista para después quitárnosla. 

Whatsapp ha implementado en su última actualización la posibilidad de  ocultar foto, estado y hora de conexión. 

Y ahí, amigos míos, está la mano de Satán. 

Los posibles casos de conflicto se multiplican pero los más evidentes son:

-                  ¿Y  tú porqué has quitado que yo pueda ver a la hora que te conectas? ¿Ein? ¿Es que tienes algo que ocultar?
-          ¿Me habrá bloqueado fulanit@? ¿Será por aquello que le dije, le hice, le contaron?             

Por no hablar de la tabarra a escala sideral que van a  sufrir los honrados y eficaces profesionales de la atención al público  al servicio de las amables y eficientes compañías de telefonía móvil. Ahora serán ellos los que cuelguen a los usuarios y no a la inversa, otro signo del final de Todo lo Creado. 

En fin, y concluyendo (que dicen los abogados cuando el Juez ha mirado por cuarta vez al techo de la Sala de Vistas) que tendremos que volver a nuestro estado primigenio, cuando éramos simples Homo Sapiens recién salidos de las cavernas y teníamos que ser pacientes y confiados al no disponer más información sobre los demás que la que nuestros congéneres quisieran proporcionarnos.   

O bien, queridos amiguitos, recurrir a ese otro medio de espionaje casero que nos proporciona las mayores satisfacciones voyeuristas que el mundo ha conocido.

Ese. Si. El que estáis pensando. La paginita de color azul. La de los “me gusta”. 

La del bueno de Marck.

El Caralibro de los demonios.

La página web del nota que ha comprado Whatsapp.

3 comentarios:

agu2v dijo...

xD. Lo clavas: "hemos jugado a ser Dios" y ahora ya no lo somos. Pero curiosamente, hay gente q tiene la capacidad técnica para serlo, mientras nosotros nos qeamos mortales y ya. Ahora los dioses son los informáticos.

Pero vamos, q esto no es el fin de na. Igual q vinieron el wasapp y el feirbul de la Na, vendrá cualqier otra cosilla q nos hará felices de nuevo.

Y siempre podremos enterarnos de nuestros cuernos a la vieja escuela: oliendo el perfume de otra, cavilando con el cambio de horarios tan extraño q nos trae el 'otro', etc. Q eso seguirá ahí.

Leon de San Marcos dijo...

Ah...la vieja escuela... Eso es precisamente de lo que no estamos alejando. De la realidad. Estamos con la cabeza agachada mirando el móvil y no apreciamos la vida que nos rodea.

Carlos Garcia dijo...

Ahora es cuando Telegram cobrará mas fuerza todavía... ¿Cuantos móviles serán forzado a instalar esa nueva y magnifica aplicación?