martes, 23 de julio de 2013

UN PAÍS DE CÓMPLICES

Según el Art.  29 del Código Penal español:

"Son cómplices los que (...) cooperan a la ejecución del hecho con actos anteriores o simultáneos."

España.

Un país que podría definirse de la siguiente forma:

"Colectivo administrativo , político y territorial formado por un elenco de delincuentes, cómplices y cooperadores necesarios  que ascienden o descienden  en la escala de criminalidad en función de su inteligencia, instinto de supervivencia y / o falta de escrúpulos".

La clase dirigente española es tan unánimemente corrupta y criminal que sólo la pasividad cómplice de un pueblo chorizo y trincón como el nuestro puede tolerarla y ampararla con sus votos. Un pueblo cómplice, en definitiva.

En España no hay políticos honrados.  Sólo hay políticos que tienen un desempeño activo en el cohecho y la prevaricación y políticos que miran hacia otro lado, beneficiandose indirectamente  de  la corruptela campante cómodamente sentados en su poltrona de privilegios.

De igual forma no hay españoles honrados. Hay españoles que maman de la teta de la prebenda de turno, que pillan cacho de la comisión, que defraudan lo que pueden, y otros que simplemente  y cada cuatro años, votan a la Familia Barzini  o la Familia Tataglia (vease El Padrino, de Francis Ford Coppola) para seguir siendo mafioseados impunemente convirtiéndose en partícipes, por la vía de la pasividad, del  actual estado de cosas.

La culpa no es sólo de Mariano  o José Antonio. La culpa es de un pueblo cómplice que participa, activo o pasivo, en la sodomización  y venta de la democracia.


La culpa es de usted que ahora me lee. Sí, de usted, que en el fondo de su corazón, lejos de censurar al corrupto, lo admira. Usted que desprecia a quien  consigue el éxito  mediante el esfuerzo y el talento y admira al chorizo que amasa una fortuna a base de comisiones, picotazos, prebendas y maletines, y que firma tratos en un burdel  empleando la turbia tinta de una raya de cocaína.

Abogados, jueces, periodistas, dependientas,  maestros, presidentes, catalanes, vascos, reyes, infantas, conseguidores, sindicalistas... todos nos hemos convertido en una caterva de buitres despedazando el  cadáver de una entidad nacional con más de cinco siglos de antigüedad a la que, por este camino, no va a reconocer ni la madre que la parió.

Y mientras tanto, silenciosamente, toda una generación de puros, de inocentes,  abandona el foro haciendo el mutis del exilio.


Si queda alguna esperanza a este colectivo ibérico de criminales, habrá que ir a buscarla a Francia, a Bélgica, a Atenas, y a cualquier rincón donde los buenos, los pocos españoles íntegros, han tenido que irse para no percibir el olor a podrido de este  "bujío" que se llama Reino de España y se apellida república bananera, bar y puticlub de  alemanes, ingleses y rusos.

Y no te engañes lector. Eres tan culpable como Mariano y José Antonio.


Cuando roban, eres cómplice...

Cuando derrochan con una mano y recortan en sanidad con la otra, eres cómplice....


Cuando  permiten un sistema educativo que sólo produce analfabetos funcionales y mano de obra ignorante,  eres  cómplice....

Cuando crean un país de putas y camareros, cómplice...

...Porque cooperas a la ejecución del hecho con la concurrencia indispensable de tus  actos anteriores y simultáneos...

 Puntualmente, cada cuatro años, cómplice. 





lunes, 22 de julio de 2013

UN ASESINATO NECESARIO

Ha llegado la hora de cometer un asesinato. Concretamente el mío.

Me explico.

Escribir un blog normalmente nace del impulso combinado o exclusivo de una o dos de las siguientes premisas:

- Mis reflexiones son cojonudas y no deben ser hurtadas a la Humanidad.
- Con un teclado  soy  capaz de convertir  la prosa en música y de elevar los espíritus de la audiencia  hasta cotas no conocidas desde que Beethoven  compuso su Quinta Sinfonía o  Julio Iglesias lo petó con "De niña a Mujer".

No transcurre, sin embargo,  demasiado tiempo hasta que - si no interfiere alguna patología psiquiátrica- el blogger se apercibe de su mediocridad y  cae sin remisión en el agujero de una o dos de las siguientes conclusiones:

- Mis opiniones no le importan ni a mi madre.
- Tengo la misma soltura en redacción que Yola Berrocal después de siete gin tonics.

En éste preciso momento, normalmente  a los pocos meses de la ilusionante inauguración del blog, la página cae en el abandono.

De esta quema únicamente se salva un ramillete privilegiado de blogs que, por su autor o temática, descollan  en el ancho mar de mediocridad y fracaso cibernético.

He visto triunfar a blogs  de tipos contando sus relaciones con prostitutas, de niñatas madrileñas narrando sus aventuras sexuales, de camellos describiendo sus aventuras en el lumpen...He visto blogs de cocina, de moda, de series, de películas e incluso blogs sobre blogs. No están especialmente bien escritos, ni - si se analizan con frialdad- cuentan nada realmente sorprendente. Pero - aunque de forma tibia - brillan con luz propia en el universo del entretenimiento residual ( lease todo aquel tipo de entretenimiento que fundamentalmente está asociado a nuestra producción de residuos) que constituye el mundo blogger en particular e internet en general.

Pero nunca jamás he visto triunfar un blog random ( es así como los  "cools"  llaman a los blogs que no tienen una temática específica )  y menos aún uno escrito por un abogado barbudo de mediana edad que no tiene nada especialmente importante o interesante que contar.

Condenado pues al fracaso,y después de meses de silencio sanmarquiano, he decidido que ha llegado la hora de recapitular, de repasar el pasado y repensar el presente. Ha llegado la hora de cometer un asesinato. 

El antiguo  León debe morir,  amigos míos. Y yo seré la mano que apriete el gatillo.

Muchos de mis lectores conocen parte de la intrahistoria de este blog: en el verano de 2011 me enamoré psiquiatricamente ( es una forma más exacta de decir "locamente") de una cantante francesa de ópera llamada  Jacqueline aficionada al vodka  a la que, abandonado y roto como quedé, dediqué muchas de las lineas de este blog.

Tras asumir el fracaso de aquella cruzada amoroso-cibernética   y al ver que cada entrada era seguida por un número creciente de  ávidos seguidores,  mi mente fue invadida por las dos premisas bloggers antes aludidas. Convencido de que escribía como los ángeles y mis opiniones eran cojonudas, vomité  entrada tras entrada a la busca del éxito universal.

Para ello rebusqué entre los temas. Usé la ironía, fui mordaz, cínico, surrealista, ácido, romántico. Hablé de amor, de política, de guerra, de paz, de epifanías en cajeros automáticos y de teclados de móvil.

Busqué vuestro amor con el mismo denuedo con el que en su día busqué el de Jacqueline pero en ese camino, en mi afán de agradar a todo el mundo, caí en un exceso de maquillaje, de impostura, de corrección política y de pasteleo  por escrito.

Nunca fui demasiado rojo para no molestar a los conservadores, ni demasiado reaccionario para no levantar las iras de los progres.  No fui barroco en exceso, para no aburrir a los iletrados, ni demasiado simple para no defraudar a los amantes de mi enrevesamiento.

El resultado de todo aquello fue que, a fuer de adormecer su natural fiereza, el León se durmió. El blogger se aburrió. El blog murió por segunda vez aquejado por un imposible encaje de bolillos  al tratar de contentar a todo un abanico de ideas, estilos y querencias.

Decía Federico el Grande, enorme estratega prusiano, que quien trata de defenderlo todo,  no defiende nada.

Tras unos meses de silencio he llegado a la inevitable conclusión de que sólo me divierto vomitando criticas desaforadas, provocando a los bien pensantes, impostando mi pensamiento para generar comentarios. Quiero ser revolucionario o reaccionario, machista o feminista, educado o gamberro, según la ocasión lo pida.

Si vamos  a ser cuarenta más uno, vamos a divertirnos,  carajo.

Ya que estamos en familia, cerremos la puerta, abramos una botella y digamos todo lo que realmente pensamos pero nunca nos atreveríamos a decir delante de nuestras madres o novias.

Los amantes de la cordialidad, que cierren la puerta por fuera.

El  León ha muerto. 

Viva el León. 

P.S: Como ves te estoy haciendo caso. He dejado de cantar y me estoy dedicando a lo que dices  se me da tan bien. Gracias por creer en mi.