miércoles, 6 de junio de 2012

QUE ALGUIEN SE LO EXPLIQUE A PABLO ALBORAN....



Cuenta la leyenda que, ya solos,  en la última barra,  en la penúltima copa, y en esa franja horaria que sólo tiene lugar en un bar, cuando no importa que haya salido el sol, reine la luna o el mundo arda sin control, Joaquín le dijo a Enrique Urquijo:
"A las amistades como las nuestras solo le falta el broche de una leyenda. Tengo unos versos que quiero regalarte, Enrique"
" Hagamos cada uno, partiendo de estos versos, una canción. Juguemos a exploradores, a ver como nos salen"
Los versos comenzaban asi:
"Fue en un pueblo con mar
una noche después de un concierto
tú reinabas detrás
de la barra del único bar que vimos abierto.

Cántame una canción al oído
te sirvo y no pagas
sólo canto si tú me demuestras
que es verde la luz de tus ojos de gata."

¿Les suenan estas rimas, este inicio, este prólogo? Evidentemente, y con sutiles diferencias es el comienzo de la archiconocida canción del genio de Úbeda, “ Y nos dieron las Diez”.

Aunque no tan bellamente vestido de leyenda ( en mi imaginación prefiero imaginar a esos dos grandes crápulas apurando un copa en la oscuridad silenciosa de un bar a punto de cerrar que vestidos con pijama y tirados en el sofá de una casa de progre rico) el regalo se produjo. El propio Sabina lo ha reconocido. Enrique pasaba muchos días en su casa y sin pensarlo demasiado le cedió aquellos versos para que completara una canción. Tiempo más tarde hizo la suya propia. Merece la pena escucharlas:

               http://www.youtube.com/watch?v=xRf0TqEbauk


               http://www.youtube.com/watch?v=xRf0TqEbauk


Al margen de la generosidad de Joaquín, lo  más curioso es como, fieles a su carácter, de idéntico punto de partida cada uno de ellos llega metas diferentes, a conclusiones literarias bien distintas, fieles a su propio personaje.

La canción de Enrique prosigue así:

               Con el "Quiero beber"
               el alcohol me acunó entre sus mantas
               y soñé con sus ojos de gata
               pero no recordé que de mí algo esperaba.
 
               Desperté con resaca y busqué
               pero allí ya no estaba
               me dijeron que se mosqueó
               porque me emborraché y la usé como almohada.
 
               Comentó por ahí
               que yo era un chaval ordinario
               pero cómo explicar
               que me vuelvo vulgar
               al bajarme de cada escenario.
 
               Pero cómo explicar
               que me vuelvo vulgar
               al bajarme de cada escenario”
 
 
La de Sabina, de esta guisa:
 
 
              
“Los clientes del bar
uno a uno se fueron marchando,
tú saliste a cerrar,
yo me dije:
"Cuidado, chaval, te estas enamorando",
luego todo pasó
de repente, su dedo en mi espalda
dibujo un corazón
y mi mano le correspondió debajo de tu falda;
caminito al hostal
nos besamos en cada farola,
era un pueblo con mar,
yo quería dormir contigo y tú no querías dormir sola...
Y nos dieron las diez y las once, las doce y la una
y las dos y las tres
y desnudos al amanecer nos encontró la luna.

Y el final de la canción es archiconocido. El amante vuelve al verano siguiente, y encuentra que aquel bar es una sucursal del banco hispano americano, con ataque y detención incluida.

Vean pues la diferencias de enfoques literarios. Enrique se emborrachó y se quedó dormido, sin cumplir. La chica se enfadó y corrió el rumor de su falta de bravura amatoria. Enrique, fiel a su carácter, por toda respuesta reflexionó:  “bueno, vale, soy un tío ordinario cuando me bajo del escenario., que le vamos a hacer”.

Joaquín por el contrario cumplió con certificado ISO_9000  de macho ibérico. Se mantuvo despierto toda la noche, hasta el amanecer, y por la letra de la canción se intuye que no estaba jugando con su amiga al Monopoly, precisamente. Al año siguiente, estaba claro, la chica había desaparecido, el Banco Hispano había suplantado al bar, y nuestro poeta se rebeló contra la situación a su manera. A pedradas. El acostumbrado final amargo de todas canciones de amor sabinianas. Sería verdaderamente decepcionante que la canción terminara con la compra por la pareja de un adosado en Getafe y el nacimiento de su primer hijo varón, de nombre Sacha.

El caso, que me pierdo, es que cada uno de nuestros poetas hizo la canción que su enfoque literario, su personaje, su impostura, requerían. No podía ser de otra manera. ¿ Se imaginan a Enrique cumpliendo como un campeón y lanzando piedras al cristal del banco? O ¿a Joaquín quedándose dormido y aceptando mansamente las críticas de la fémina, concluyendo de forma fatalista que, bueno, vale, no molo tanto a pie de calle? ¿Verdad que no?

El caso es que estas dos canciones, y sus letras nos están dando una lección sobre literatura y  versos. La posición de partida es esencial. Créate un personaje y sé coherente con el. El crápula, el revolucionario, el poeta herido, el conductor suicida. Escribe como si fueras ese personaje, aunque estés escribiendo esa rima preparando el Nesspresso mañanero, felizmente rodeado de tus hijos Sacha, y el menor, Rodrigo.

Vivirlo es mucho mejor que inventarlo. Estar machacado ayuda enormemente a escribir obras de arte, aunque no es muy recomendable para la salud.

Pero si, fondeado en tu yate frente a una cala menorquina, debes tirar de oficio, escribe como escribiría Manolo Tena, o Sabina, o Enrique Urquijo, o Antonio Vega. Escribe desde la raíz, desde el jodido nacimiento de tus venas y hazlo sin fisuras y desde la total coherencia poética y literaria con tu personaje.

Por desgracia no es mía la frase: la mentira es arte.

Esta si es mía: la exageración también.

En mi humilde opinión un buen artista debe ser coherente, mentiroso y exagerado.

No se trata de juntar rimas, ni de hacer gorgoritos, o trazar estribillos pegadizos. Se trata de hacer un guion con un planteamiento, un nudo y un desenlace. Sin esta esencial estructura interna se pueden perpetar cosas como estas...


"No menciones tu nombre que en el firmamento
se mueren de celos
tus ojos son destellos
tu garganta es un misterio"  ( ¿las placas quizás? )

Por favor, que alguien se lo explique a Pablo Alborán....


Post Scriptum: Al efecto de evitar posibles consecuencias legales advierto que, fiel a lo dicho en esta entrada, lo escrito en este blog en los últimos meses responde a la cosmovisión del personaje ficticio León de San Marcos. Yo, como sabéis, soy un tipo políticamente correcto e inmune a cualquier clase  de pensamientos maliciosos. De vida muy tranquila. No me siento comprometido con lo que mi personaje piensa y me alejo de todo lo escrito, en absoluto basado en hechos reales, exceptuando aquello que pudiera ser grato al gobierno.  
Viva el Rey ¡¡   
Fin del comunicado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que no has escuchado más que una canción de Alborán...
porque tiene letras muy curradas, lógicamente nadie puede llegar a los talones de Sabina. Pero no creo que debas criticar sin leer más cosas de él.
Creo que también es de admirar el ser sencillo y transmitir, sin la necesidad de llamarle a eso, hacer rimas fáciles, consigue emocionar a mucha gente, nos guste o no, y no escribe barbaridades como otros artistas horribles que suenan en nuestras radios. Con respeto, te mando un abrazo
Estas son algunas de sus canciones sueltas..


"No era prisionero de tus labios
y ahora que estás lejos
te deseo, como el aire, al baile de tu cuerpo.
Puedes olvidar mi nombre, puedes olvidar mis besos
pero en el aire permanece mi voz y mi recuerdo"...(Desencuentro)

"Algunos cuentan que no sabe a donde va,
otros murmuran que no tiene casa,
la gente dice que no duerme jamás,
la mala suerte siempre le acompaña
Dicen y dicen que se va de la ciudad,
porque susurran su nombre a sus espaldas
joven y listo pero loco de atar
conoce bien su amarga soledad.
Vive el momento sin perder aliento,
se toma su tiempo y le confunden con el viento."
(Loco de atar)

leondesanmarcos dijo...

En primer lugar, muchas gracias por tu comentario. Te responderé proximamente, en una nueva entrada del Blog.

Un abrazo respetuoso.