sábado, 14 de abril de 2012

...Hasta que todo estalle de nuevo...


 Ayer Durán y y Lleida  puso sobre la  mesa una cuestión candente para el futuro de nuestro país (o de nuestro Estado,  según sus propias palabras. Se conoce que al muchacho  la palabra España le ha provocado su  prístina calvicie y evita la misma con la esperanza de conservar el poco, pero catalán de pura cepa, pelo que le queda). El caso es que el “pelat” de U.D.C propone que nos quedemos todos sin autonomía y que únicamente la conserven los que molan de verdad, es decir Cataluña, Euskadi, Galicia y Navarra.

 http://www.lavanguardia.com/politica/20120413/54284761266/duran-propone-solo-catalunya-euskadi-navarra-galicia-conserven-autonomia.html#.T4lI8v1Dfd0.twitter

                La reflexión tiene miga. Aunque claramente reaccionaria, involutiva y basada en un nacionalismo de raíz puramente económica (que es en realidad el pecado no confesable de todos los nacionalismos)  no deja de tener algo de coherencia en sus cimientos: si vamos a seguir en el actual modelo de capitalismo globalizado, pseudo- democrático y bajo la inflexible cadena de mando de los poderes financieros internacionales, es evidente que el Estado debe “desestatalizarse” y con ello  ir desmontando poco a poco el chiringuito, la Sanidad, la Educación, las Comunidades Autónomas y todo lo demás.

                Mantener el sistema actual obliga a mantener, a la larga, una elevada presión fiscal ante los beneficios mercantiles o societarios; esto es, dicho en trianero, sobre el parné de los poderosos.

                Nada de cobrar y recaudar para repartir. Nada de principio de solidaridad. Nada de cobrarle una buena porción de sus ingresos a una empresa multinacional para mejorar la Sanidad, poner un ambulatorio, o contratar a nuevos profesores. Esto sería solidaridad, reparto,  y  a los que realmente dominan el mundo, los de la guita, los de la de Ubrique bien repleta, no les mola nada. Ellos saben ganarse bien los jurdeles detrás de sus ordenadores, haciendo alquimias financieras, destrozando a Estados a través de sus primas de riesgo….Repartir es de pobres, jolines.

                Pues con Durán, lo mismo.  El amable político catalán de frente amplia no está diciendo realmente que le moleste la autonomía de Murcia o la de Andalucía. Lo que está diciendo es que le molesta que su Comunidad, una de las ricas, tenga que seguir soltando tela a las Comunidades más pobres y que  sobre la excusa de la lengua y el hecho diferencial, quíteme usted el principio de solidaridad entre las regiones y nacionalidades de España. Que no piensa dar un euro para pagar un medicamento en Palma del Río, una carretera en Mieres, o a un maestro  de Guadalcanal de la Sierra.

                Al otro lado de la puerta del retroceso autonómico que propone el líder nacionalista catalán hay un retroceso fiscal. Nos quedamos solos, cariño. Cataluña, Esukadi, Galicia y Navarra contra Castilla y dependencias, y que cada cual apañe sus impuestos, recaude lo que tenga que recaudar, y pague lo que pueda pagar.

                Está claro que los desmanes de la Administración Autonómica deben ser atajados. Los de Canal Sur y TV3, por poner un ejemplo, y los de las “embajadas  catalanas” en todo el mundo, por poner otro. Los desmanes de la Administración  autonómica, la central, la europea y en general todos los desmanes, y más ahora en este contexto de crisis económica que nos obliga  a mirar el céntimo.

                El Estado autonómico, con sus fallos y sus derrotas  despilfarradoras, ha tenido dos enormes méritos históricos  que no pueden ser negados ahora a favor del viento neoliberal: las autonomías han acercado las políticas a la ciudadanía,  y han servido para el reparto solidario de los caudales públicos. Se ponga como se ponga Durán y Lleida, Almería está muy lejos de Madrid y tengo como dogma que desde las capitales de cualquier ente se tiende a ningunear a la periferia en tanto más lejos esté dicha periferia, y menos proteste, sea en castellano o en catalán.

                En estos tiempos que corren no creo que sea muy difícil comprobar cuántas universidades  tenía Andalucía en 1977 y cuántas tiene ahora, por no hablar de hospitales, y colegios públicos. Habría que preguntarse cuántos habría ahora si su instalación hubiera dependido de Madrid.  Hagan esa reflexión sincera.

                Y ya de camino reflexionemos sobre el modelo que queremos. Reflexionemos sobre  si creemos en  un Estado y una Sociedad basados en la solidaridad, o si queremos (o nos estamos viendo obligados)  a  destruir el tejido social  que hemos construido durante siglos, sólo para seguir alimentando la caldera de codicia que regula, domina y explota al mundo entero.

                Lo de Durán es, a escala doméstica, un ejemplo de este debate. Solidaridad frente a liberalismo salvaje. Estado como entidad que a  todos nos representa frente a intereses privados. Reparto frente a ganancia desmedida.  Leyes nacionales  frente a piratería financiera internacional carente de regulación….

                Como siempre, ganarán los malos. Pero cuidado, porque el hambre, la desesperación,  siempre han sido el germen  para los borrones y cuenta nueva, con los que, a modo de revoluciones,  el pueblo termina dictando su propio veredicto.
               
                ¿ Continuarán ciegos en su codicia, hasta que todo estalle de nuevo ?


               

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