lunes, 5 de marzo de 2012

No hay más.

Que me perdone el que hizo el calendario, pero para mí el año nuevo comienza en marzo, con la llegada de la primavera. Y no tiene nada que ver con florecimientos, azahares, aniversarios ni cofradías.

Sería muy fácil hablaros de la mezcla de olores, sabores y climas que se reinician con la primavera.

Más fácil aun sería hablaros del poderío que San Gonzalo despliega cuando se hace Poder Soberano en su Barrio León. Del recogimiento de una Soledad a media luz, cuando va anocheciendo intramuros y el Postigo te habla de recogidas, de recuerdos, de infancia y de caramelos.

Sería lícito, aunque manido, que os hablara de Abril, y del despliegue de colores y olores que se despliegan en Los Remedios, cuando los sevillanos cambian su casa de piedra por su casa de lona. Podría confesaros que me enamoré de una sevillana vestida de gitana, o de varias, hasta que un día me topé con la más guapa. Y no nació en Sevilla….

Podría sin esfuerzo contaros dos docenas de anécdotas irrepetibles, y tened bien claro que todas ellas ocurrieron en primavera. O así lo recuerda mi mente, que considera a la primavera como única estación merecedora de las mismas.

Podríais imaginar conmigo sin esfuerzo la interminable fiesta que parece vivir esta ciudad, la sensación de que el sol nunca se pone, y que todas las primaveras vividas han sido iguales, pero diferentes, y no siendo capaz de distinguir unas de otras, no cambiarias ninguna de ella por nada que esté en este mundo o en el otro.

Podría describir paisajes. Sabores. Olores. Palabras. Amores. Ausencias de casi diez años.

Pero sería como describiros la vida misma, y eso está fuera de mi alcance.

Y haciendo gala de cierta valentía y no poco descaro, voy a obviar toda descripción de mis porqués, de mis razones, y voy a repetiros el mensaje con el que comencé esta entrada en el Blog.


El año comienza en marzo, con la llegada de la primavera.

Será que soy sevillano…

No hay más.

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