viernes, 30 de marzo de 2012

Buscando a mi Doctor Octopus...

Comienzo a dar asco.

Ahora le escribo a la primavera y a los círculos cerrados. He abandonado mi barroquismo militante y escribo para todos los públicos, ganando quizá algún que otro seguidor más, pero decepcionando a los más fieles.
Ya no hago ejercicios de ironía, ni viajo a Trento como fruto de una borrachera y de un juramento de los que sólo puede rubricarse al calor de 50 euros en copas. He dejado de fumar y hago deporte. Me levanto cada mañana con una sonrisa de estúpido en la cara, esperando con optimismo que me deparará el nuevo día.
 En suma, doy asco: soy feliz. Amo la paz.

Necesito nuevos pleitos, nuevas guerras, nuevas querellas. En definitiva, nuevos enemigos. Me estoy amanerando. Mis viejos enemigos se han retirado o rendido. Con algunos incluso, por aquello de la edad, me he terminado solidarizando. Hemos terminado olvidando lo que nos separaba, y estúpidamente, ahora solo recordamos lo que nos une. Una verdadera pérdida; con lo complicado que es encontrarse con un buen enemigo.

Los nuevos no tienen categoría. O Son demasiado jóvenes, o demasiado ingenuos o demasiado ignorantes (o todo ello a la vez) aunque a veces veo en alguno ciertos perfiles de verdadera maldad y maquiavelismo que me hacen albergar esperanzas. Tengo ilusión por la cantera, pero los frutos tardarán en llegar. Entre tanto, si me leéis (dudo que sepan) sabed que vais por el buen camino, y bebéis de fuentes que os llevarán sin duda a tener la misma mala leche que el que suscribe, aunque os quede un largo trecho.

Sin duda está muy bien eso de construir, de enfocar la vida positivamente, de hacer una vida más completa gracias a las diferentes aficiones, hobbies, bricolajes, ganchillos, puntos de cruz, macramés. Es macanudo ser solidario, apuntarse a una O.N.G, amar a los pajaritos, cantarle a las plantas, reciclar tu basura y ayudar a las viejecitas a cruzar las avenidas.

Pero no nos engañemos. Sin un buen mal rollo, un enganchón, una gresca en condiciones, una estrategia bien diseñada, una buena conspiración, una habitación oscura y llena de humo y sus correspondientes navajazos por la espalda, la vida no tiene sentido.

Yo soy de los que necesitan un Sevilla FC para ser realmente bético, unos Celtics para vivir con intensidad un partido de los Lakers, un Coro de Sevilla para sentirme del Coro de Triana, una conspiración castellano-vasco- catalana para sentirme andaluz, un Freezer para apoyar rendidamente a Goku, un Darth Vader para unirme con fiereza a la causa de la Alianza Rebelde, un Doctor Octopus para sentirme Peter Parker, y un Fernando Alonso para amar sobre todas las cosas a Louis Hamilton…..

Y después del humo y la tangana continua de los últimos años, empitonado o triunfante sobre multitud de conflictos reales o imaginarios, ganador o derrotado por tantos otros enemigos que estaban en mi imaginación o esperando embozados en las sombras, esta calma chicha me está matando. No puede ser que empiece a ser paciente, a ponerme en la piel de todo el mundo, a pensar en el equilibrio cósmico universal, en el karma y en demás soplapolleces. Lo que os decía, a fuerza de convertirme en buena persona, me vais a matar de aburrimiento.

Por todo ello, antes de que termine de apestar definitivamente y ese blog se convierta en el Catecismo del Padre Astete o el Blog Oficial del Club de Fans de la Banda del Sur, le ruego a mis enemigos clásicos, a los nuevos, a los ocultos, a los neutrales, a ellas, a ellos, y en definitiva a todo aquel que tenga algo que reprocharme o por lo que buscar cumplida venganza, que no se corte un pelo, y que no tarde en lazarme su estocada, su comentario, su maniobra, o su putadita, y a ser posible, de la forma más maquiavélica y ruin que se le ocurra.

Borradme con vuestra maldad esta sonrisa de estúpido.

Ayudadme a envejecer con dignidad.

VIVA LA PEPA...

No seré yo quien me indigne por la afluencia de dinero e inversiones para la tierra gaditana, castigada más allá de toda mesura por la lacra del paro. En Cádiz la crisis económica a escala mundial y nacional no es otra cosa que un periodo más de la penuria endémica que parece vivir la Bahíadesde hace décadas. Llueve mucho, y en Cádiz sobre muy mojado. Me sumo por tanto al ¡ Viva la Pepa ¡ que está tan de moda en las últimas fechas y me uno a la celebración del Bicentenario, al Cádiz constitucional y liberal, a las Cortes Constituyentes, a la Paz Mundial y a todas las estupideces y trucos de prestidigitación conmemorativa, y fuegos de artificio con que nos fascinan los políticos de turno. A veces me siento, en mi condición de ciudadano, como uno de aquellos nativos americanos a los que mis primos lejanos, los conquistadores, timaban de lo lindo con cuatro bagatelas. El caso es que, bueno, vale: con tal de que se mencione a Cádiz un par de semanas en el Telediario, acepto barco como animal acuático, pulpo como animal de compañía, y Bicentenario como futuro para la región. Sino Teófila se lleva el “Scattergori”. Dios nos libre. Me cuentan desde Cádiz que, más allá de la atención mediática coyuntural del evento, la remodelación del Oratorio de San Felipe, algún que otro centro de interpretación del Bicentenario y dos docenas de pilares del Puente de la Pepa, el impacto en la ciudad es prácticamente inexistente. El movimiento económico escaso. La afluencia de turismo, más allá de los datos que después nos ofrezca el sector hotelero, prácticamente lamisma que en cualquier mes de marzo. No obstante, insisto, cualquier nuevo turista, cualquier nuevo empleo, cae en Cádiz como agua de mayo. Pero el ciudadano, más allá de lo que realmente se haya hecho, tiene una inevitable sensación de estafa, de humo de pajas, de publicidad hiperbólica. Al gaditano se le prometió el Paraíso, la Expo, la Olimpiada, y después le han dado cuatro trastos, la visita del Rey, y una lección de publicidad goebbelsiana de enorme calado: Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Un puente incompleto, un baluarte de San Sebastián sin empezar, y tres tonterías, en un impulso decisivo para el futuro de la región e infraestructuras duraderas. Dejen que recurra a la Historia: “Artículo 13 de la Constitución de Cádiz: El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el finúltimo de toda sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen “ No es una broma. Es el artículo decimotercero del texto constitucional gaditano. ¿Y saben que les digo? Que nuestros gobernantes llevan a rajatabla ese precepto constitucional. Nos hacen felices pese al paro, felices pese a la corrupción, felices pese a los desahucios, felices pese a la juventud sin futuro, felices pese al desastre educativo, y felices pese a tenerlos a ellos de gobernantes. Unos verdaderos artistas, desde luego. Felices a base de desinformación, futbol y prensa rosa, Mundiales y Bicentenarios. ¡ Vivan Las Caenas ¡ gritaban en la época de la Constitución de Cádiz los partidarios de Fernando VII, el monarca antiliberal y absolutista, al que llamaron paradójica pero muy significativamente “El Deseado” . “Caballero, déjese de articulitos críticos y ponga el Madrid- Ponferradina “ gritarían ahora….. Y por más que quiero a la tierra de Cádiz, y me alegro de cualquier cosa que la haga progresar, siquiera mínimamente, no puedo dejar de pensar en que por más que viva la Pepa, la Pepa se muere, y con ella el futuro de los ciudadanos de Cádiz, Andalucía y España. Pero somos felices, señora. Felices y mansos.

lunes, 5 de marzo de 2012

No hay más.

Que me perdone el que hizo el calendario, pero para mí el año nuevo comienza en marzo, con la llegada de la primavera. Y no tiene nada que ver con florecimientos, azahares, aniversarios ni cofradías.

Sería muy fácil hablaros de la mezcla de olores, sabores y climas que se reinician con la primavera.

Más fácil aun sería hablaros del poderío que San Gonzalo despliega cuando se hace Poder Soberano en su Barrio León. Del recogimiento de una Soledad a media luz, cuando va anocheciendo intramuros y el Postigo te habla de recogidas, de recuerdos, de infancia y de caramelos.

Sería lícito, aunque manido, que os hablara de Abril, y del despliegue de colores y olores que se despliegan en Los Remedios, cuando los sevillanos cambian su casa de piedra por su casa de lona. Podría confesaros que me enamoré de una sevillana vestida de gitana, o de varias, hasta que un día me topé con la más guapa. Y no nació en Sevilla….

Podría sin esfuerzo contaros dos docenas de anécdotas irrepetibles, y tened bien claro que todas ellas ocurrieron en primavera. O así lo recuerda mi mente, que considera a la primavera como única estación merecedora de las mismas.

Podríais imaginar conmigo sin esfuerzo la interminable fiesta que parece vivir esta ciudad, la sensación de que el sol nunca se pone, y que todas las primaveras vividas han sido iguales, pero diferentes, y no siendo capaz de distinguir unas de otras, no cambiarias ninguna de ella por nada que esté en este mundo o en el otro.

Podría describir paisajes. Sabores. Olores. Palabras. Amores. Ausencias de casi diez años.

Pero sería como describiros la vida misma, y eso está fuera de mi alcance.

Y haciendo gala de cierta valentía y no poco descaro, voy a obviar toda descripción de mis porqués, de mis razones, y voy a repetiros el mensaje con el que comencé esta entrada en el Blog.


El año comienza en marzo, con la llegada de la primavera.

Será que soy sevillano…

No hay más.