viernes, 24 de febrero de 2012

Un día en el Juzgado.

Cuatro suspensiones y cuatro años.

Un total de 6 abogados intervinientes en todo el procedimiento. Dos de ellos citados para defender al mismo acusado.

Ciento veinte minutos para ventilar la cuestión.

Dos video conferencias. Una para testigo. Otra para acusado, con saludo incluido a su compinche ( “ que pasa quillo” “pos na asqui”, se leía en sus miradas). Normal, hacía tiempo que no se veían, los chavales.

Un pasillo con línea roja, más propio de Súper Agente 86, y un locutorio como el de las películas. Veinte minutos perdidos.

Un juez, un Fiscal, y tres abogados que se van de la Sala para que un cuarto abogado pueda hablar en secreto con su defendido por video conferencia. Otros veinte minutos.

Tengo la impresión de que con tanta parafernalia nos hemos dejado algo en la cuneta. La eficacia, el sentido práctico…No creo que sea cuestión de medios, de cifras, de números. Creo que va en la propia esencia de nuestra nación. Muchas veces hacer las cosas sencillas es lo más complicado. Y en España hacemos complicado lo sencillo. El resultado: una Administración pública lenta, ineficaz e hiperdimensionada.

Y así nos va…

Cuatro suspensiones, seis letrados, dos video conferencias, dos acusados, un Juez y un Fiscal y una sensación de impotencia creciente. Cuatro años para resolver una cuestión que se podría haber resuelto en cuatro meses.

Que razón tenía aquel político de Jerez, de nombre Pedro.

Buen fin de semana.

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