miércoles, 8 de febrero de 2012

UN CIRCULO CERRADO, UN NUEVO CIRCULO.

Solemos pensar en la vida como un vector que camina en dirección única.

Pero la vida, sufridos lectores y sin embargo amigos, no es más que una sucesión finita de círculos abiertos y círculos cerrados. Yuxtapuestos.

Todo acontecimiento vital comienza en la armonía para luego descender al caos, ascendiendo nuevamente a la armonía final, una vez cerrada su correspondiente circunferencia. Y ello ocurre mientras vamos abriendo y cerrando nuevos círculos, aprendiendo, riendo, sufriendo o amando con cada uno de ellos, y por supuesto, sin ser conscientes de ello.

Antes de que te des cuenta vuelve a ser primavera, tras derrotar al verano, capear el otoño y gestionar el invierno entre luces y sombras.

Sin percibirlo un tango de carnaval deja de ser preso de un papel y de un local de ensayo, para pasar a formar parte del patrimonio inmaterial del pueblo.

Mucho antes de que seas consciente de ello, han pasado casi diez años desde aquel hecho que te convirtió en adulto mucho antes de lo que habrías querido, y te encuentras escribiendo sobre ello, saldando una cuenta, cerrando un círculo, cómo si en vez de casi diez años, hubieras atravesado casi diez vidas, todas ellas con su infancia y su adolescencia.

Sin percibirlo, dejaste de sentirte un naufrago, dándote cuenta que nunca habías estado solo en la isla o, que si lo habías estado, era simplemente porque siempre estabas mirando al mar, al horizonte, a ese punto del infinito donde no puedes ver nada, porque nada hay. Esperándote en la playa estaba Viernes, que no se había ido, ni era quien tú creías.

A veces el círculo se abre y se cierra en un acorde de guitarra, a veces desafinado a veces armónico, pero siempre Sol 7. Siempre asociaré la amistad en sus diferentes formas a una guitarra y a un cante.

Un pensamiento, una idea, que construyes en una parada de metro, termina convirtiéndose en una entrada de tu blog, cerrando otro pequeño círculo cuando emocionas a quien te lee, o lo indignas, o ambas cosas simultáneamente.

Hay círculos sin embargo que nunca se cierran, simplemente se difuminan. En tales casos debes saber que quizás nunca debiste empezar a trazarlos, por mucho que todo aproveche, según nos aconsejaría algún sabio, y no hay lección mala, por amarga que fuere. Quizás aquel círculo difuminado te sirva, amante de la guerra como eres, para no rendirte jamás y estar siempre derrotando a un enemigo imaginario. Es una forma de verlo.

Hay círculos que ocupan tanto espacio en tu vida que son como tu vida misma, y al cerrarse de forma satisfactoria te impulsan a comenzar de nuevo, como si nacieras otra vez a los treinta y seis años, a tu edad…..vino nuevo en odres viejos, porque así lo ha querido el destino.

Y hoy, que sientes que uno de esos grandes círculos se ha cerrado, aprovechas la paz que te ha brindado el último trazo para contemplar con satisfacción la cantidad de nuevos círculos que están en proceso. Todos y cada uno de ellos serán dignos, siempre, y todos tendrán su final, cuando llegue el momento.

Me gustaría dedicar esta entrada a un pequeño círculo que recién acaba de empezar a trazarse. A ti, que probablemente nunca me conocerás, quiero dedicar esta reflexión porque has sido el motor de la misma.

A ti porque vas a ser afortunado al tener a la mejor madre posible. Ella te lleva esperando desde que comenzó a trazar su propio círculo, siendo una niña rubia, con uniforme de colegio de monjas. Para ella serás el círculo más importante de su vida.

Y no podría ser de otra manera porque lleva el nombre de la primera de las mujeres, de la madre de todas las madres y de todos los hijos.

Y yo tendré el orgullo íntimo de ser el primero que escriba sobre ti.

Solo te pido a cambio que la cuides. Se lo merece.

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