domingo, 13 de diciembre de 2009

EL LEON DE SAN MARCOS

Calle Corredurías. Sevilla.
Pintado en la fachada de un edificio modernista, en la confluencia con la Calle Feria, el siguiente lema: “El Fari vive, la lucha sigue”. Se que muchos de los que leen esto dirán que esta pintada no es más que una invención mía para conseguir un comienzo efectista para mi artículo. Sin embargo reto a mis lectores a que vayan al punto indicado y contemplen el hermoso “graffitti” antes de que nuestro diligente Ayuntamiento proceda a quitarlo ( lo cual puede ocurrir, según cálculos astrofísicos avanzados, entre dos y tres millones de años tras la explosión la galaxia de Andrómeda).
Pese a que pueda parecer que este artículo va a tratar sobre el significado del eslogan en cuestión, y pese a que tentado estoy de hacerlo, en última instancia aparco el tema por considerarlo el posible eje de un tratado filosófico más que de un burdo panfletillo para los colegas.
El caso es que ese eslogan está situado en la más vibrante, heterogénea, caótica y viva zona del Casco Histórico sevillano. Tracen imaginariamente un territorio comprendido entre La Alameda de Hércules y hacia el Este por Feria con el límite sur de la calle San Juan de la Palma y más hacia oriente con las calles San Luis, Hiniesta, lindando al norte con la muralla de la Macarena, desde la puerta del mismo nombre hasta la Parroquia de San Julián.
Allí podrán encontrar, de forma superpuesta, un tranquilo barrio sevillano de clase media, un arrabal popular al filo de la marginalidad, una concentración de tendencias alternativas, y al fin, un guetto de estudiantes guiris de diverso pelaje.
Conviene explicar que la zona de la que hablo, conocida antes de la Guerra Civil como el Moscú Sevillano ( al menos en su mayor parte) sufrió como ninguna otra los avatares de la represión subsiguiente al conflicto civil, acentuando su pobreza histórica y su marginalidad. En los años 80 el barrio era una especie de leprosería social dentro del remilgado casco histórico de Sevilla, nido de prostitución, droga, hurtos de todo tipo, y todo ello en medio de un caserío en lamentables condiciones de conservación, cuando no abandonado (todavía en la primera década del Siglo XXI he llegado a ver una calle con más de la mitad de sus edificios abandonados, ahora felizmente en restauración).
Si alguien no lo vivió, y cree que exagero que pregunte a los vecinos por la Alameda de Hércules, por la calle Amparo, por la calle Lirio, y conozca entonces las roturas diarias de lunas comerciales, los asaltos a casas, los tirones….
Pero precisamente al calor de ese caos sociológico se estaba fraguando la situación actual de la zona, al ser un barrio evidentemente propicio a la implantación de nuevas tribus, habida cuenta la fluidez de sus viviendas, siendo las de alquiler más baratas que en otras zonas ( y por tanto favoreciendo la entrada de jóvenes alternativos y estudiantes extranjeros, que gustan de vivir en el casco histórico) y abundando más que en otras zonas la restauración de antiguos corrales de vecinos, caldo de cultivo para parejas jóvenes de clase media, generalmente empeñados en profesiones de carácter libre.
Todo ello, unido a la inyección de dinero por parte de los Organismos públicos, han terminado de cocinar un caldo de cultivo heterogéneo, que tocando los dos extremos, conserva la esencia de la Sevilla popular más antigua, y mira de cara a la más moderna, calle por calle, casa por casa, bar por bar y cama por cama.
Un paseo por la calle San Luis sin duda nos dará la medida de la caleidoscópica demarcación que describo. A metros de la mayor concentración de Iglesias del casco histórico (San Gil, Macarena, Santa Marina, San Luis y San Marcos, en una sola calle y para no aburrir al lector…) nos encontramos el legendario y maldito Pumarejo, con sus habituales parroquianos de metadona y servicios sociales, sus casas rehabilitadas para burgueses acomodados, una librería de temática gay, restaurantes de nuevo cuño y nueva cocina, habitantes de toda la vida de esos de renta antigua y raigambre popular sevillana….Si no me creen recorran esa vía y desemboquen en San Marcos, última barricada de resistencia antifranquista en el 36 y contemplen sus conventos, sus banderas republicanas y arcoíris en los balcones, sus guiris estacionados al sol del “León de San Marcos”, la dulce bohemia que desprenden sus habitantes más nuevos y, sin solución de continuidad la Sevilla de toda la vida ( no la del tópico) sino la del hambre, la del ir tirando y la de sus gentes al filo de la pobreza y la locura.
Emboquen por Castellar, y, si es Jueves, diríjanse a Feria y disfruten del mercadillo al aire libre más cutre y más “friki” que existir pueda, y unos pasos más al norte, entren en el Mercado de abastos para ver la fotografía fija de una Sevilla a punto de extinguirse. Si no se han convencido de las peculiaridades que describo, esperen a que anochezca y paseen por la Alameda y vean el milagro que los euros públicos y una juventud sobradamente alternativa ha hecho de ese antigua reserva de lumis y heroinómanos.
Si quieren quedarse con los tópicos de Sevilla que ven por la tele, no vayan a ese barrio. Si rechazan esos tópicos, y los niegan ferozmente, tampoco vayan. Este cercado callejero que les propongo es la perfecta y desequilibrada superposición de todos los tópicos más manidos, y también, de la destrucción de los mismos, la raíz de la Sevilla de siempre y la punta de lanza hacia su presunta modernidad.
Sevilla es una ciudad en la que planificación no existe; la mano del urbanismo administrativo brilla por su ausencia. Cualquier experimento social de laboratorio fracasa, por falta de voluntad política y de aceptación popular. Sevilla es una ciudad que se mira tanto al ombligo, y a la vez que lucha tanto consigo misma que todo nace y surge desde la espontaneidad terrible de los partos difíciles.
Escojan el primer día soleado que se presente y siéntense en el León de San Marcos; allí podrá disfrutar del espectáculo único de ver el parto difícil de una vieja ciudad, tan bella y tan narcisista que no quiere tener ninguna hija, no sea que rivalice con ella.

5 comentarios:

Sergio Diaz dijo...

Muy bien amigo, sigue así. Esto se va poniendo interesante.

Migue dijo...

Grande, tito!

Víctor Hernández dijo...

Muy bueno campeón!

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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