lunes, 19 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (III)

              
Reina un silencio de cuplé malo en el autobús de vuelta.

La mezcla de sustancias legales, ilegales y mediopensionistas, y lo vivido en el escenario donde se ha celebrado el XI Encuentro Comparsista “Telera Viejo”    ha hecho decaer el ánimo del grupo a niveles preocupantes. Se masca la tensión.

Una vez más me siento sólo. En los dos significados de la expresión. Pienso que el grupo se está partiendo en dos y para mi desgracia, una de las partes es El Fleti, y la otra todos los demás, postulante incluido. Ya no me fio  ni de las botellas de agua que me pasa Caldito, nuestro asistente, que esta gente son muy cabrones. Ni  siquiera “El Lechuga”, el Director, parece  apoyarme.

La cosa es que al final de la actuación, como fin de fiesta, normalmente cantamos la famosísima Rumba del Fleti,  composición picaita de compás con la que deleitamos al respetable, meonas incluidas. Por cierto que lo de meonas suena mu feo y algún día habrá que dedicarle un pasodoble  al tema, revisado desde el enfoque del lenguaje no sexista.

Pero a lo que voy; Hoy, como era el homenaje de su padre, he dejado que el Telera Shico se luzca, en su tierra y ante su gente. Que menos.  Pese a que el Telera Shico no tiene el pellizco que tenía su pare, ni de lejos,   la cosa no iba demasiado mal mientras que   el chaval conservaba la melodía del tenor por derecho. Pero de repente, en el estribillo, donde la rumba invita al pueblo a ser cómplice de la composición con aquello tan célebre “La Rumba del Fleti ( dice el solista) “Ese Fleti güeno, Ese Fleti  gúeno”…(respuesta de los coros y del público) el Telerita me ha hecho un quejío de 37 segundos, con la vocal “i” y dos tonos por arriba de lo que se estaba cantando.

Tras el atronador “ole” de las miccionadoras (entiendo que este término, aunque provisional, es mucho más asumible) he mirado a la orquesta y he decidido parar la actuación.

Así no. En el homenaje al Telera Viejo menos.

Tuve la fortuna de salir con Fali Telera en una de sus últimas comparsas, “Purpurina, Pierrot, Arlequín y otros comparsistas de postín” con aquel melancólico pasodoble homenaje  a los bigotes que llevaban los tenores antiguos de comparsa y allí al primero que daba un quejío se le  invitaba  a cerrar la puerta por fuera.

Así no Telerita, picha. Así no. Quejios en mi comparsa ni mijita. 

Parece mentira que estos chavales, que son gaditanos de nacimiento, no tienen ni idea de la esencia del carnaval añejo. Y ha tenido que llegar uno de la Barzola para  enseñárselo.

Pero en fin, que el respetable se ha quedado de piedra cuando he mandado bajar a la comparsa y el grupo más aún. Pero esto es lo que hay.

Al bajar del escenario, el Willy, el más polémico (autor de juveniles, pa que te quiero contar) ha musitado entre dientes “Luego que no se extrañe si no pasamos de Cuartos”.  Pues no pasamos, carajo…Pero quejíos ni mijita….
                           
             
 Ajeno  a las voces intencionadamente distorsionadas que llegan desde la parte de atrás del Autobús con proclamas tales como “ Fletilla cabrón” y “ Miarma mamona”          me pongo los cascos y abro mi cuaderno Rubio.  Selecciono de forma no casual el popurrí de “Purpurina, Pierrot, Arlequín y otros comparsistas de postín “ y comienzo a sumergirme en mis recuerdos…

Corría el año 1987. 

Mi descubrimiento carnavalesco había sido continuado por medio de la adquisición de todas las cintas de carnaval que pude encontrar. Con la fe de un converso, comencé a abandonar todo tipo de música que no fuera la carnavalesca, y cualquier otro hobby que no fuera el carnaval. Incluso me eché un amigo al que también le gustaba el carnaval, José Alfredo Carneado, el Churra de León XIII. Un verdadero picao de la fiesta gaditana, cuando en Sevilla cabíamos en un taxi.

José Alfredo tenía un tío en Cádiz que llevaba una recova en la calle Pasquín y era quien le mandaba cintas, libretos, y le avisaba de las cosas del Concurso. Aquel año Antoñito Martín sacaba una comparsa de  impactante nombre: “A Fuego Vivo”.

Una mañana de febrero  El Churra me despertó con un timbrazo:

-          Selu, picha, esta noche canta la Comparsa de Antoñito Martín
-          Churra, picha (éramos los dos únicos sevillanos por aquel entonces que usábamos el picha gaditano. Luego vendrían más…) ¿Cómo vamos a hacer pa escucharla?
-          Retransmiten por Radio Cádiz. He pensao un invento para poder escucharla. Vente por la noche a  mi bloque.



Allí que estábamos los dos, a la hora convenida. Según la teoría del Churra, que era y es un tío listo  (lo cortés no quita lo valiente) la azotea de su bloque estaba orientada a levante, y cuando soplaba el homónimo viento la conexión sonora con la Tacita de Plata se hacía mucho más fácil.

Además había equipado su radio con una antena de fabricación casera, juntando varios alambres de forma abigarrada rematados por un colador con restos de colacao.
-          Mi tío dice que cantan ahora. Vamos a buscar la sintonía de Radio Cádiz. Onda media.

El Churra accionó la radio con la ilusión de un chiquillo. Del aparato salió una voz engolada pero brillante, con un deje muy particular:

“ Sobre el escenario, la Comparsa del Niño de San Vicente, A Fuego Vivo ¡¡”

-          ¡ Coño, funciona ¡ Te lo dije. Que iba a funcionar.
-          Calla, que empieza la presentación.

Amortiguadas por el  zumbido característico de la onda media y la lejanía con la capital gaditana, quince voces comenzaron a cantar:

-          Y Al amaaaaaaaaanecerrrrrrrr….. Consumio en llamaaaaaaaaas….
-          Que pelotazo, Churra, picha.
-          Qué maravilla Selu.  ¡ Calla ¡

Arrobados por la potencia de las voces comparsistas, con El Caracol en papel muy destacado, el grupo de Martín  iba desgranando su repertorio hasta que, al llegar al inicio del segundo pasodoble, la señal de radio se fue debilitando hasta perderse totalmente.

-          Joder, se ha perdido la señal. Espera que voy  a mover la antena.
El Churra comenzó a  girar el colador con la esperanza de recuperar la señal radiofónica.
-          Mira, se escucha algo.
-          “Delta, Fox Trot, Mike, Sierra”! QSP ¡ Adelante..”
-          ¿ Esto qué es? ¿Ya está cantando El Cuarteto?
-          Que va, es un radio aficionado. Lo sé porque mi vecino de Cuarto B lo es y lo escucho por la noche decir estas pamplinas. Mueve el colador, quillo, que nos perdemos la actuación.

Tras un rato de búsqueda infructuosa, El churra tuvo una de sus legendarias pero poco ortodoxas ideas.

-          Selu, cógeme a cabrito. A ver si es cosa de la altura.

Ni corto ni perezoso cogí al Churra a cabrito, en Cádiz llamado a borricate. Mí  por aquel entonces buen amigo y futuro socio carnavalesco se me subió a los hombros  y  alzó el radiocasete todo lo que pudo, ofreciéndolo al cielo de León XIII cual  Iker Casillas levantando la Eurocopa.
Como si los hados carnavalescos recogieran la ofrenda, del radiocasete salió un potente chorro de voz:

-          “Ahhhhaaaaaaaaaahhaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhh” ¡¡ 

Y el remate de un sordo sonido de caja y un platillazo, en medio de una ovación atronadora. Los vellos de punta al recordarlo.

Allí, en la azotea del Churra. Con el Churra a borricate. Resonando el esfuerzo final de aquellos geniales comparsistas. Allí nació el Fleti, pa la posteridad.

De la radio salía la voz del locutor:

-          “Así finaliza la brillante actuación de la Comparsa A Fuego Vivo… A continuación contaremos con la entrevista del Pregonero de este año, Don Ramón Diaz Fletilla…”

La radio quedó en silencio de nuevo. Definitivamente, al parecer. El Churra se bajó de su privilegiada atalaya humana y me miró con los ojos brillantes.

-  Algún día tú y yo pondremos al Falla boca abajo. Y tu serás el Fletilla de la Barzola. Así pasaremos a la posteridad. El Churra y el Fletillla.
-   Pero Churra, nosotros somos sevillanos, y no hemos salido en la vida en una chirigota o una comparsa.
-    Escucha lo que te digo, Fletilla. Algún día un sevillano ganará El Falla.
-        Tú estás loco, Churra.
-        Y además, los gaditanos nacen donde les da la gana. Incluso en la Barzola.

De nuevo en el presente, el autobús se para en La Plaza España – de Cádiz debo aclarar-.  Son las  3 de la mañana. El resto de la agrupación coge sus cosas y se va a su casa, que la tienen cerquita.

Cojo el coche y me dispongo a hacer una hora y media de trayecto, de vuelta a Sevilla.

Mientras conduzco mezclo en mis pensamientos lo vivido durante el  fin de semana. El Telera, el estado de la agrupación, aquella actuación de A Fuego Vivo…Las Palabras del Churra…

Al llegar a Las Cabezas, preparando los 7 , 20 €, musito en voz baja, lleno de melancolía carnavalesca:

-      Los gaditanos nacen donde les da la gana. Pero  hay que pagar un Peaje, Churra…hay que pagar un peaje. Tu bien lo sabes. 


( Continuará…)

lunes, 12 de junio de 2017

LAS MEMORIAS DEL FLETILLA DE LA BARZOLA (II)

Camino de Medina Sidonia, en la parte delantera del autobús, la de pensar, saco mi bloc de notas Rubio, el fiel compañero de composición carnavalesca  donde apunto mis ideas y donde, por el momento, estoy redactando estas humildes memorias.

En los cascos suena “Despacito “ de Luis Fonsi. Esto sí que es un pelotazo, hermano. Vaya cosa guapa.

Me pregunto si esta copla puede servir pa meter una cuarteta de popurri. Y en caso afirmativo, si sería mejor para una cuarteta de las en medio, de las que se duerme el Jurado, o de impacto, pa cerrar  repertorio con el Falla esmorecio….

Mientras le doy vueltas al tema y los más gamberros de la agrupación, los de la parte de atrás, le dan al pasodoble y a parte del atrezzo de Las Ruinas Romanas, yo cierro los ojos y retorno simbólicamente a mi juventud pre carnavalera…

Tras el incidente con la Señorita Maribel y el busto de Paco Alba, el veneno de carnaval permaneció dormido durante algunos años, en los que crecí ajeno al destino que me esperaba.

Asimismo, mi ciudad, mi barrio, mi gente, mi continente de la alegría, permanecía ajeno a los años dorados de Pedro Romero, de Antonio Martín, a los primeros balbuceos de Martínez Ares, y cerraba los ojos a todo lo que oliera a carnaval en general y sobre todo de Cádiz en particular. 

Pero mis padres, tan miarmas como se puede ser, y completamente legos en materia carnavalesca,  tuvieron el acierto de llevarme a veranear a Rota desde muy chiquetito, dándome el privilegio de impregnarme de la sal gaditana, de ver Cádiz a lo lejos cada vez que hacía un castillito  de arena (este pasodoble se escribe casi solo) y de comer Urta  a la Roteña, Arranque y demás manjares, que quieras que no te van preparando para saborear un  tanguillo bien medío o una octavilla de pelito. Va a ser lo mismo veranear en Mazarrón y comerse una paella plastiquera  que en Rota, hombre…  
      
Pero hete aquí que un día, uno cualquiera de esos interminables veranos de los ochenta, mis padres pararon en la mítica Venta de los Cabales, si no recuerdo mal a mitad camino entre Chipiona y Rota. Venta castiza, con su olor a vaca, sus higueras, su tortilla de papas  pa quitar el sentío…

El joven Selu, el proto- Fleti, osea yo mismo, aburrido de escuchar conversaciones que no entendía y de jugar al balón con mi primo Manolito, me metí en parte de bar de la Venta.

Moscas como teleras. Ambiente cargado, mezcla de boñiga de vaca y vino oloroso de la tierra. En la radio Camarón de la Isla. Poca luz, quizás para mitigar los castigos estivales. Tras la barra un tio renegrío y canijo, con un palillo de dientes entre el incisivo que está al lado de las paletas del centro y las paletas del centro propiamente dichas. Mirada amable, con un velo de “ya está aquí el pequeño miarma, a ver qué hace el mamoncete”.

Y como quien no quiere la cosa, disimulando  bajo la escrutadora mirada del mesonero, me acerqué a un rincón del bar, uno especialmente oscuro.

En él, tenebroso y a la vez multicolor, yacía un  expositor de cintas de casette de estos que dan la vuelta. Que por cierto, se están perdiendo, y es una pena.

En la tercera línea de cintas del expositor, al lado del Fary, El Cabrero, las sevillanas de Pepe Da Rosa, y Victor Manuel y Ana Belén, que ese año lo petaban con la Puerta de Alcalá, una cinta curiosa, extravagante, en cuya portada aparecía un tipo vestido con chaqueta verde, bombín, con las manitas apoyadas en las rejas de una mazmorra.

Carnaval 85. Entre rejas. Comparsa Gaditana.



Casi na.

El niño Fleti, todavía virgen en cuestiones carnavalescas, sintió un verdadero espasmo de curiosidad al tocar aquella cinta cuya superficie reflejaba la pringue flotante en el ambiente del local. Más que espasmo de curiosidad podríamos llamarlo incluso epifanía comparsista. Revelación sagrada. Encuentro con el destino.

Quizás fue mi imaginación. Quizás fue por culpa de las 172 veces que vi “El Imperio Contraataca “ pero lo cierto es que, subido al expositor de cassettes se encontraba, tamaño madelman, la figura fantasmagórica de Paco Alba, con el tipo de Los Sarracenos.

-        - Seluuu, aunque Antoñito Martín me dio algún disgusto de los gordos, hoy día es el más grande del mundo del carnaval… pídele a tus padres el dinero y cómprate la cinta.

-        -  ¿Quién eres? ¿Por qué me hablas?

-       -  Soy un viejo amigo tuyo. El de la Gorra, cuando la excursión con la Señorita Maribel.

-        - ¿Por qué te me apareces? ¿Qué tiene que ver la cinta del señor encarcelao? ¿Quin es Antonio Marín? Y mas aún ¿Quién es Pepe el Caja?

-        - Todas las preguntas se responderán a su debido tiempo… -

Con estas palabras y una misteriosa pero pegadiza melodía de fondo, que todavía no identificaba,  la figura fantasmagórica de aquel señor vestido de moro se desvaneció en el viciado aire del establecimiento.

La canícula atacaba inmisericorde. La chicharra zumbaba como el Lali en la presentación de Calle de la Mar.

El de la Venta me miraba con cara rara. Poneos en su lugar. Había visto como un joven miarma hablaba solo con un expositor y le preguntaba quién era Antonio Martín y Pepe El Caja. Nadie podía culparle que reforzase su convencimiento de que en Sevilla estamos todos locos.

El resto de mi recuerdo está borroso, pero conservo claramente en la memoria que mis padres me dijeron que dinero pa tonterías nanay  y que fue un tio mío de Madrid que andaba largo de posibles quien me soltó las pesetas suficientes para adquirir  mi primera cinta de carnaval…

Qué sensaciones viví al escucharla por primera vez será materia de otro capítulo de estas Memorias.

Por hoy es suficiente. Estamos llegando a Medina Sidonia y hay que concentrarse en hacer una buena actuación. Nuestros fans esperan.

Entretanto, en la parte de atrás del Autobús, perfumada a la manera de Marruecos, resuena el trío de Las Ruinas Romanas de Cádiz y en mi mente percute el compás cortao de la copla de Luis Fonsi…

“Mientras el Nooorte fabri-ca las bombas que ti-ranlos crimina-loscriminaaaaleeee”

“Pasito a pasito, suave suavecito…”

“El sur aguaaanta fatiga, tragando saliva, con ferias y cannavaleeee”

“Nos vamos pegando, poquito a poquito…”        

Definitivamente, aquí hay cuarteta pa final de popurrí. Y de las gordas.


( Continuará)